https://www.cultura.gob.es/mtraje/colecciones/indispensables.html
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Historia
1925. La Exposición del Traje Regional e Histórico, celebrada en el Palacio de Bibliotecas y Museos, es sin duda el primer paso hacia la creación del Museo del Traje. Desde 1921 la Junta Organizadora de la exposición había recopilado, a través de Comités Provinciales por todo el país, más de 12.500 piezas de indumentaria, de las que se expusieron casi 4.000, además de textiles, joyería, fotografías, acuarelas y otros objetos de naturaleza etnográfica. La exposición consistía en cuatro espacios: dos con escenografías de las provincias; uno con sus trajes “regionales” sobre maniquíes, armarios con prendas agrupadas por tipologías y vitrinas para otros objetos; la última sala estaba dedicada a la indumentaria denominada “señorial”, es decir, la histórica. Como curiosidad, la iluminación fue encargada a Mariano Fortuny, que utilizaría aparatos de su invención.
Gracias al éxito de esta exposición, en 1927 se recuperaron estas colecciones, hasta entonces almacenadas en el Palacio de Exposiciones del Hipódromo, para imaginar el Museo del Traje Regional e Histórico: los fondos fueron trasladados al edificio del antiguo Hospicio, donde solo se instalaron dos salas de indumentaria histórica; y en 1930, al Palacio de Godoy, donde no consiguió abrir al público.
1937. Durante el tiempo que pasó cerrado, se repensó el proyecto y se concluyó que era necesaria la ampliación a un museo que, además de archivar, documentase, investigase y divulgase más profundamente las manifestaciones culturales nacionales de la “masa anónima popular”. Se constituyó así en 1934 el Museo del Pueblo Español, con un renovado enfoque metodológico implantado por su entonces director Luis de Hoyos Sáinz.
El Museo incorporó un pionero interés por las manifestaciones culturales intangibles, además de una vocación educativa y didáctica que enraizaba en el espíritu pedagógico de la Segunda República.
El Museo estaba listo para inaugurarse en otoño de 1936, pero ese mismo verano el estallido de la Guerra Civil española paralizó el proyecto. Simultáneamente, estaba en marcha la preparación del pabellón español para la Exposition Internationale des Arts et Techniques dans la Vie Moderne de París de 1937, en el que convivían la obra de grandes artistas contemporáneos como Julio González, Miró, Picasso, Alberto Sánchez, Lorca, fotomontajes de Renau… y una sección de artesanía popular en la que destacaban los 53 conjuntos de trajes “regionales” expuestos sobre modernos maniquíes y las 155 fotografías de Ortiz Echagüe, colecciones prestadas por el Museo del Pueblo Español. Tras la clausura, las piezas se quedaron en París, participando en una exposición en el Museo del Hombre y no regresaron a Madrid hasta 1940.
Desde 1940, el Museo del Pueblo Español vivió una época incierta. Solo abrió al público de forma intermitente en dos ocasiones: a principios de los años 40 y a principios de los años 70. Pero, mientras, continuaba la adquisición de colecciones y los trabajos de investigación y catalogación de fondos.
Es destacable la dirección del antropólogo e historiador Julio Caro Baroja, desde 1944, por su capacidad de re-imaginar el Museo: en la década de 1950, concibió la instalación del Museo al aire libre en la Casa de Campo madrileña, con maquetas a escala real que contextualizasen las colecciones, pero que nunca llegaría ver la luz.
El desalojo del Museo del palacio de Godoy en 1973, siendo directora María Luisa Herrero, marcó el inicio de una de las etapas más tristes de la institución, en la que el Museo, en cajas, deambuló por distintas sedes. Ejemplo de este periplo es su quincuagésimo aniversario, que se celebró con una exposición sobre joyería popular en espacios del Museo Arqueológico Nacional.
El destino de aquel largo viaje fue la instalación en su actual sede en 1987, entonces Museo Español de Arte Contemporáneo. A pesar de haber conseguido una localización estable, el Museo del Pueblo Español no llegó a abrir sus puertas al público, aunque sí desarrolló una intensa actividad de investigación y de orientación pública que se concretó en publicaciones, congresos y dos proyectos expositivos: Moda en sombras en el año 1991 y Surcos, al año siguiente.
Moda en sombras fue la primera exposición celebrada en el edificio que ocupa hoy el Museo del Traje. La muestra representó mucho más que el regreso a la vida pública de las colecciones, ya que supuso una recuperación de la idea de 1925: destacar el papel de la indumentaria en la configuración de la identidad. Asimismo, sirvió para ensayar formas de exhibición de estas colecciones sin que se perjudicara su conservación a largo plazo.
Un año después, Surcos sacó a la luz los fondos de agricultura, ganadería y transporte del Museo del Pueblo Español. En el año de los Juegos Olímpicos de Barcelona y de la Exposición Universal de Sevilla, el año de la consolidación de la proyección exterior de España, el Museo del Pueblo Español volvía la vista al sector primario, la base económica del país hasta no hacía tanto.
En estas reflexiones sobre cómo combinar la diversidad de las colecciones que componen los fondos de este Museo, aún sin abrir, se dio un paso más y en 1993 se unieron el Museo Nacional de Etnología (que se centraba en otras culturas) y el Museo del Pueblo Español, por considerar incoherente separar sendas colecciones que se estudian a través de la misma disciplina, solo por razones geográficas. Al contrario, se pretendía transmitir un enfoque multicultural que permitiera introducir cuestiones transversales.
2004. Unidos solo en lo testimonial, ambos museos continuaron sus propios caminos hasta que, en 2004, se promulgó su separación y, dado el volumen que representaba la colección textil en los fondos del Museo del Pueblo Español, se constituyó el Museo del Traje. Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico.
El proyecto recuperaba el concepto que se había planteado en 1925, pero incorporando todo lo que se había ido aprendiendo en el devenir del Museo del Pueblo Español. Sus objetivos eran, por un lado, confirmar el valor de la indumentaria como una categoría de patrimonio y, por otro, transmitir la diversidad de las manifestaciones culturales de España para conocer la herencia sobre la que se construye nuestra identidad. Imaginaron un Museo en el que conviviera la tradición y la vanguardia, que dialogara con su comunidad y en el que esta se encontrara representada.
Durante estos últimos quince años de historia, el Museo del Traje ha sido una referencia nacional e internacional, tanto por lo excepcional de sus colecciones, como por lo renovador de los enfoques con que se han investigado. Es un lugar de encuentro entre la memoria de una tradición textil y la modernidad de un sector creativo e industrial con una personalidad tan marcada como la del sector textil español.
El edificio del Museo del Traje.
El edificio que acoge las colecciones del Museo fue construido entre 1971 y 1973, e inaugurado en1975 como Museo Español de Arte Contemporáneo. Los arquitectos, Jaime López de Asiain y Ángel Díaz Domínguez, siguieron las especificaciones del Congreso de Arquitectura de Museos de 1968 en su diseño, y el proyecto obtuvo el Premio Nacional de Arquitectura en 1969.
Concebido desde el inicio como museo, el edificio está perfectamente ajustado a la función con sus salas multiuso, la facilidad de sus circulaciones y la limpieza y flexibilidad de su diseño.
En 2004 se actualizaron algunos de sus servicios e instalaciones y se restauró la estructura original de la planta baja, abierta al exterior, recreando su relación con los jardines que le rodean y sus excepcionales vistas.
En 2020 se inició una importante intervención arquitectónica, y coincidió con el inicio de la situación de emergencia sanitaria. En octubre de 2021 se reabrieron las salas del Museo.
El Museo del Traje cuenta con una gran variedad de colecciones, fruto de su larga historia. Sus orígenes se encuentran en 1928, cuando se crea el Museo del Traje, con fondos de indumentaria tradicional y “cortesana”, según denominación de la época. En 1934, se crea el Museo del Pueblo Español, por Decreto de la Presidencia de la República. A partir de ese momento, comenzaron a recogerse objetos de la vida tradicional campesina española, que ya se encontraba en proceso de extinción. Así, se reúnen tanto objetos asociados al trabajo, como al mundo religioso o al lúdico.
En 1993, el Museo se fusiona con el Museo Nacional de Etnología para crear el gran Museo Nacional de Antropología, que inició una política de recuperación de piezas que incidía en el gran cambio sufrido en España en la segunda mitad del siglo XX: la transformación de una sociedad eminentemente rural en una sociedad urbana.
En 2004, se creó el Museo cuyas adquisiciones se han centrado, de forma casi exclusiva, en el trabajo de modistos y diseñadores, españoles y extranjeros, de los siglos XIX y XX.
Moda e indumentaria
Detalle de textil plano. Colección de Mariano Fortuny
Casi 30 000 piezas conforman la colección de indumentaria y moda que se conserva en el Museo del Traje, una colección que no cesa de aumentar gracias al creciente interés que la moda viene despertando como una de las manifestaciones más características de la cultura contemporánea.
Prendas y tejidos históricos conviven con los diseños más modernos en una colección que alberga tesoros a veces desconocidos para el gran público:
- Una de las mejores colecciones del mundo de moda del siglo XVIII.
- Los mejores ejemplos conservados del fenómeno del majismo que retrató Goya.
- La que posiblemente sea la colección más rica de trajes regionales españoles, con todas sus joyas y complementos.
- La mejor colección albergada por un museo de obras de Mariano Fortuny y Madrazo, además de gran número de piezas de su propia colección personal.
- Una gran representación de obras de Cristóbal Balenciaga y Pedro Rodríguez, de quién también conservamos su archivo documental completo, que abarca su trabajo desde 1940 a 1978.
- Uno de los mejores conjuntos de vestidos de Alta Costura española, con representación de todos los grandes nombres, entre los que destacan Manuel Pertegaz y Elio Berhanyer.
- Una gran colección de prêt-à-porter español, con importantes ejemplos del trabajo de los diseñadores que han renovado la moda española desde los años 70.
- Una completa colección de Alta Costura y prêt-à-porter internacional, con representación de todos las grandes marcas de la moda contemporánea, desde Worth, Poiret y Chanel hasta Kawakubo, Margiela y McQueen.
Junto a esto, hay que destacar vestidos únicos como el diseñado por Hubert de Givenchy para la película Desayuno con diamantes, que vistió la icónica Audrey Hepburn; el espectacular diseño de Jacques Fath para la película Red Shoes, pieza única en el mundo; el traje de boda de Flora Villarreal para el enlace de la duquesa de Alba en 1947; los regalos que recibió la Infanta Isabel de Borbón en sus viajes por España…
Esta colección única se ha ido incrementando desde los orígenes del Museo en 1925 hasta la actualidad gracias en gran medida a las generosas donaciones desinteresadas de muchos particulares, que han hecho de este Museo uno de los más importantes de Europa en su materia.
Piezas más significativas de la colección.
Casaca masculina, 1740
Rococó
Casaca masculina de seda brocada en plata con decoración floral a base de pequeñas granadas, ocupando toda la superficie de la pieza. Ajustada al cuerpo y con amplio vuelo en los faldones se cierra en el delantero con ricos botones forrados con láminas de plata.
Esta casaca de gala responde a las características de las casacas llevadas por los hombres en la década de 1740. Son característicos los vueludos faldones muy armados con entretelas, crin y borra para ahuecar las caderas, siguiendo en parte las siluetas femeninas conseguidas por el tontillo. La granada elemento decorativo muy empleada en la iconografía española muy anterior rompe en este momento con las estructuras romboidales del pasado para seguir una disposición en líneas ondulantes ascendentes propios de los diseños dieciochescos.
Casaca, ca. 1730-1740
Rococó. Tejido Francia 1720-30, Confección España: 1730-40.
De seda brocada con fondo verde y flores doradas. Escote cuadrado, muy abierto por los lados y cerrada por delante con ojetes hechos en el forro, que quedan ocultos por el brocado. La pieza está formada con cuatro piezas, dos delanteros y dos espalda y a su vez delanteros y espalda están compuestos de dos piezas cuerpo y faldones. Estos de amplio vuelo que se incrementa con los pliegues laterales que arrancan de un botón con alma de madera forrado de láminas metálicas sujetas con cordón metálico. La espalda con costura central se prolonga en un pronunciado pico. A derecha e izquierda de la costura central ibán dos varillas. Los faldones de la espalda dejan una abertura trasera. El faldón delantero izquierdo está decorado con una cartera de bolsillo con los perfiles curvos considos encima. La manga de tres cuatros con forma en el codo remata con una importate vuelta de manga con forma triangular y perfiles redondeados. El forro es de seda ligamento tafetán.
Juan de Albayzeta en su libro de patrones de 1720 nos ofrece varios patrones de casacas femeninas en las que se pueden observar las características estructurales de estas prendas. Las amplias vueltas de mangas son conocidas en España con el nombre de mangas de bota.
Inventario: MT-000619
Tejido plano, s. XVII
Tejido en brocatel de lino, 1676-1700. Lyon (Francia)
Pieza de perfil rectangular y sentido horizontal, formada por la unión de 6 fragmentos. Sobre fondo dorado se dispone decoración vegetal de flores, hojas y coronas en tonos dorados. Los bordes están rematados con dobladillo. Está forrada con un tejido de refuerzo rosa salmón.
Diseño tejido en Lyon, de finales del siglo XVII y principios del XVIII, destinado a tapicería. Composición simétrica y equilibrada. En este momento es simétrica y más tarde los elementos evolucionarán con entera libertad y fantasía en el estilo bizarro.
Zapatos, ca. 1730
Rococó
Zapatos en damasco de seda con decoración floral de color verde con salmón. El tacón forrado de piel blanca y pespunteado. Suela y tacón de cuero marrón. El interior con refuerzo de raso de color verde. Damasco verde con blancos y blanco. cinta de seda de tafetán de color salmón. Son muy cerrado, con lengüeta en forma de lóbulo y aletas muy pequeñas, laterales cosidos uno sobre otro: también ribeteados con cinta de seda de tafetán de color salmón, Punta muy singular, al final muy aguda y apuntada.
Traje masculino (casaca, chaleco y calzón)
Neoclasicismo. Traje masculino, ca. 1800
La casaca es de sarga rayada en seda negra, rosa y verde y algodón marrón. Está decorada con botones metálicos troquelados con motivo de hoja de laurel. El chaleco, de seda marrón y sepia, está decorado con un bordado en seda con guirnalda vegetal a base de hojas con frutos yuxtapuestos, alternados y salpicado de flores y ramas. El calzón, en Gros de Tours de seda en color marrón oscuro.
Coincidiendo con el reinado de Carlos IV se observa una mayor tendencia hacia la sencillez, por influencia de la moda inglesa, con preferencia por los colores oscuros y la ausencia de adornos. El alto cuello de tirilla, los abiertos faldones que dejan ver el calzón y el chaleco lo sitúan tipológicamente alrededor de 1800. A partir de 1795 están muy de moda los tejidos de rayas.
Donación de Eusebio Güell (Vizconde de), 1934
Inventario: MT-00402-MT-00404
Vestido imperio
Neoclasicismo, ca. 1810-1850
En algodón blanco, largo con pequeña cola, cuello a la caja y talle bajo el pecho. El cuerpo en algodón labrado presenta en el delantero pinzas para el pecho. La espalda con dos costadillos y abertura central que se cierra con seis botones con el alma de metal y forrados en algodón. La manga en tafetán de algodón, larga y con pliegues en la costura de unión con la sisa del hombro, recoge el vuelo un cordoncillo con forma de cartucho y se estrecha en la bocamanga con vuelta decorada con pequeñas jaretas y una aplicación de bordado. La falda se une al cuerpo recta en el delantero y fruncida en el centro de la espalda. El bajo va reforzado con una tira de la misma tela.
Tejido y hechura nos remiten a los vestidos de estilo Neoclásico, sin embargo a partir de 1810 se comienzan a observar detalles estructurales que nos informan del inicio de una evolución hacia el romanticismo, como en este caso observamos en las pinzas en el delantero para entallar el pecho y especialmente el diseño de las mangas.
Inventario: MT-97657A-C
Indumentaria contemporánea
En la colección de siglo XX, con unas 4000 prendas, destaca en primer lugar Mariano Fortuny con su liberador «Delphos». Del momento en el que la Alta Costura alcanzó su máximo esplendor, contamos con obras del maestro Balenciaga, con vestidos para distintas horas del día y los diseños de Pedro Rodriguez, Lino, Rosina, Natalio, Pertegaz y Elio Berhanyer, entre otros, muestran el alto nivel de los modistos españoles. De los creadores en activo, contamos con obras que han ido marcando tendencias, como el singular vestido metálico de Paco Rabanne, y la representación de un gran número de diseñadores españoles actuales.
Vestido «Delphos»
Mariano Fortuny y Madrazo, Mariano Conjunto de raso de seda plisada color violeta. El perímetro de las sisas, borde inferior y costuras laterales está decorado con un cordoncillo de seda con aplicación de cuentas de cristal de Murano.
Cinturón de raso de seda color violeta decorado con motivos vegetales de hojas y ramas estarcidas en oro. Etiqueta: «FORTUNY DIS». 1910-1949 (ca) Dación de INDITEX S.A, 2003
Inventario: MT-88434 y MT-88436
Traje de Elio Berhanyer
Elio Berhanyer Vestido y abrigo de calle, combinado en lana amarilla y cruda, con cortes geométricos curvos y doce grandes botones. 1972 Donación de María Fernanda Thomas de Carranza, 2003
Este traje nos muestra las líneas geométricas y estructurales subrayadas por el color que identifican las creaciones de Elio Berhanyer. Son característicos de las creaciones del modisto los grandes botones muy decorativos.
Inventario: MT-089358-59
Indumentaria popular
El Museo custodia una importante colección de indumentaria tradicional popular procedente de toda España, formada por más de 5000 piezas. Casi todas sus piezas proceden de finales del s. XIX y comienzos del s. XX.
Aunque iniciada a partir de las piezas reunidas para la Exposición del Traje Regional e Histórico de 1925, la colección ha crecido de manera significativa desde entonces, como un complemento indispensable de las series de etnografía que albergaba el Museo del Pueblo Español.
Peliqueiro de Laza
Camisa blanca, chaquetilla con aplicaciones de terciopelo granate, pasamanería y charreteras militares, calzón decorado con flecos de colores intercalados entre tiras de ganchillo, cinturón con dos grandes cencerros, y máscara de madera con una piel de gato en la parte posterior y un frontal de hojalata pintada.
Los peliqueiros o cigarrones forman parte del grupo de las máscaras fustigadoras, personajes que protagonizan la fiesta y tienen el privilegio, entre otros, de perseguir y golpear con la pellica o látigo a la gente sin que esta pueda replicar. Los carnavales rurales españoles están cargados de simbolismo y llenos de personajes singulares.
Inventario: MT-000210 y MT-005761-66
Bibliografía:
- Caro Baroja, Julio, El carnaval, Madrid, Taurus, 1965: 256.
- https://www.cultura.gob.es/mtraje/colecciones/moda-indumentaria/indumentaria-popular/peliqueiro-laza.html
Joyeria y accesorios
La colección de Joyería, constituye una de las más destacadas señas de identidad del Museo. Aunque la mayoría de las piezas que la componen están vinculadas con aspectos tradicionales de la cultura española, también tienen cabida piezas representativas de las corrientes estéticas europeas de los dos últimos siglos. El mayor protagonismo recae sin duda en las joyas relacionadas con el adorno femenino: pendientes, collares, broches, colgantes, anillos y pulseras. La joyería masculina está representada por cadenas de reloj, hebillas de zapato, anillos, etc. Todos los grupos citados tienen en común, además, la riqueza de significados desde el punto de vista cultural. Constituyen un excelente testimonio de la evolución técnica y de la innovación formal, del arraigo de las costumbres y de la influencia de las corrientes de moda y, por encima de todo, de la actitud del hombre ante su propio ornato.
El museo cuenta además con una extraordinaria colección de complementos de moda. Destacan los sombreros del siglo XIX y principios del XX; las sombrillas de encaje; los guantes que abarcan desde el siglo XVII hasta hoy; y mención especial merece el calzado, serie en la que sobresalen los zapatos y chinelas femeninas del siglo XVIII. Ambas colecciones suman un total de 9000 piezas.
Capota
Ca. 1860-1865
Modista Chavany. Capota de seda, de copa flexible, ala recta, decreciente en los extremos, faldón tableado y dos cintas para atar.
En la copa tiras de encaje y cintas cruzadas con pequeñas hebillas. En el lado izquierdo moña formada por las mismas cintas de la copa. Sobre tejido de tafetán de seda, bajo el escudo, estampillado: «De Cámara de S.M.?
Inventario: MT-014863
https://www.cultura.gob.es/mtraje/colecciones/moda-indumentaria/joyeria-accesorios/capota.html
Textiles
El Museo cuenta con un espléndido muestrario de tejidos en las piezas ya confeccionadas desde el siglo XVI hasta nuestros días. A estos fondos habría que añadir fragmentos textiles de gran valor entre los que debemos destacar una tira copta o un fragmento hispano-musulmán, así como ricos ejemplos del siglo XVI. El Museo también alberga fragmentos contemporáneos a las piezas que ya están confeccionadas que nos aportan información sobre aspectos técnicos de la indumentaria del mismo momento.
La colección formada por 9000 piezas se completa con encajes, bordados y pasamanerías que cubren todos los ámbitos estilísticos, tanto eruditos como populares.
Capa
Fragmento en forma de capa o esclavina, con fondo multicolor dibujando aguas en rojos, naranjas, verdes, azules y crema, con un dibujo de rameado de color negro en seda (Ikat).
INVENTARIO: MT81304
https://www.cultura.gob.es/mtraje/colecciones/moda-indumentaria/textiles/capa.html
