Museo Nacional de Antropología

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Actualmente el Museo Nacional de Antropología forma parte del conjunto de 16 museos de titularidad estatal y gestión directa del Ministerio de Cultura que dependen de la Dirección General de Patrimonio Cultura y Bellas Artes a través de la Subdirección General de Museos Estatales. No tiene por tanto autonomía jurídica sino que es un parte integrante e inseparable de esta unidad administrativa de la Administración General del Estado.

Un museo con historia…

El Museo Nacional de Antropología fue el primer museo dedicado a esta ciencia que se creó en España. Su fundación se debió a la iniciativa personal del médico segoviano Pedro González Velasco. Lo inauguró en 1875 el rey Alfonso XII como Museo Anatómico o Antropológico.

Después el museo pasó, ya como institución pública, a depender del antiguo Gabinete de Historia Natural, convertido en Museo Nacional de Ciencias Naturales; y luego, como éste, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, bajo el nombre, primero, de Museo de Antropología, Etnografía y Prehistoria, después, de Museo Nacional de Etnología, convirtiéndose en un museo dedicado exclusivamente a la antropología cultural.

La colección original del doctor se fue acrecentando con los objetos traídos por diferentes expediciones organizadas por las instituciones científicas españolas en los últimos años del siglo XIX y con los fondos museográficos que de este tipo tenía el Museo de Ciencias Naturales, incluida la colección etnográfica que formó parte de la Exposición sobre Filipinas organizada en 1887 en el Parque del Retiro, la última gran muestra colonial del imperio español.

Posteriormente ha seguido creciendo gracias a donaciones y adquisiciones ya realizadas por la Dirección General de Bellas Artes, de la que depende desde los años sesenta.

…comprometido con el presente

Hoy en día, sin abandonar su identidad, el museo ha evolucionado hasta convertirse en una institución cuya principal finalidad es la difusión de los valores de la diversidad cultural y el respeto que merece. Sin ir más lejos, la exposición permanente del museo está orientada a ofrecerte una visión global de las culturas de diferentes pueblos del mundo para que puedas apreciar cómo esa diversidad cultural nos enriquece. Verás que los grupos culturales están organizados por continentes y, dentro de cada uno de ellos, las diferentes manifestaciones se ordenan según un mismo esquema o patrón de contextos funcionales que se repite en cada sala.

La fundación del Dr. Velasco 1875 – 1890

El 29 de abril de 1875 el rey Alfonso XII inaugura el Museo Anatómico, aunque popularmente se le conocerá como Museo Antropológico. Su fundación se debió a la iniciativa personal del médico segoviano Pedro González Velasco, quien invirtió todos sus ahorros en la construcción del edificio, cuyo arquitecto fue el Marqués de Cubas. En aquel momento las colecciones estaban formadas por objetos pertenecientes a los tres «reinos» de la naturaleza –mineral, vegetal y animal- y muestras de antropología física y teratología, así como antigüedades y objetos etnográficos, por lo que podía considerarse como un típico «gabinete de historia natural».

Tras su muerte, acaecida en 1882, su viuda y su discípulo el doctor Pulido negociaron con el Estado la venta del edificio y todas sus colecciones, cosa que finalmente sucedió en 1887.

Una sección del Museo de Ciencias Naturales 1890 – 1940

En 1890, el museo pasó a depender del Museo de Ciencias Naturales, el antiguo Real Gabinete de Historia Natural, institución que en 1895 traslada a él su Sección de Antropología, formada con las colecciones traídas por diferentes expediciones y viajes científicos llevados a cabo entre el siglo XVIII y el XIX.

Simultáneamente, comienza la dispersión de las colecciones de anatomía, mineralogía, botánica y zoología del doctor, que acaban en museos de la universidad y en la propia sección principal del Museo de Ciencias Naturales.

En 1910, por medio de un Real Decreto, la Sección de Antropología se independiza del Museo de Ciencias Naturales y se convierte en el Museo de Antropología, Etnografía y Prehistoria.

En esos años fue un centro científico y académico relevante, gracias a la labor de su director, Manuel Antón, y contaba ya con una importante biblioteca y con algunos laboratorios, en los que se impartían las clases prácticas de la cátedra de Antropología de la Universidad. Aquí se formó la primera generación de antropólogos culturales españoles, formada por figuras como Luis de Hoyos, Telesforo de Aranzadi, Francisco de las Barras de Aragón y, más tarde, Julio Caro Baroja.

También en esa época se escribieron en el edificio del museo algunas de las páginas más notables de la investigación médica no sólo a nivel nacional sino mundial, un episodio que el MNA no ha reivindicado hasta ahora como se merece.

Las autoridades académicas de las que dependía el museo cedieron a Santiago Ramón y Cajal las estancias del lado que da a la estación y que habían sido la vivienda del doctor González Velasco para que instalara en ellas su laboratorio. Y allí desarrolló todos sus estudios desde 1903 a 1931, incluso después de jubilarse oficialmente en 1922; y allí por tanto estaba trabajando cuando en 1906 le notificaron la concesión del premio Nobel. De hecho, para poderse dedicar en cuerpo y alma a su vocación, en 1911 adquirió un solar en lo que hoy el número 64 de Alfonso XII, a dos puertas del museo, para construir su vivienda particular, que aún se conserva.

El Museo Nacional de Etnología 1940 -1993

Como todos los museos de Madrid, el nuestro también se cerró durante la Guerra Civil. Las vitrinas se encintaron y las colecciones se embalaron, y buena parte de ellas se mandaron a los almacenes que gestionaba la Junta de Incautación, Protección y Salvamento del Tesoro Artístico en el Palacio de Biblioteca y Museos (hoy Biblioteca Nacional y Museo Arqueológico Nacional).

El edificio no sufrió grandes desperfectos, quitando las pintadas que se hicieron en la valla y los pequeños desperfectos que causó una bomba de poca potencia que cayó en la escalinata exterior.

Sin embargo, nada volvió a ser igual en el museo tras la guerra, ni siquiera el edificio, aunque su transformación no tuviera reflejo en su aspecto exterior, si exceptuamos la reforma de la escalinata y el porche y la cubrición de las azoteas laterales. Las nuevas autoridades del Ministerio de Instrucción Pública, del que dependía también a través del recientemente creado Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), aprovecharon la necesidad de ponerlo de nuevo en funcionamiento tras el traumático paréntesis de la guerra para reorientar por completo su identidad y su finalidad y para reordenar sus colecciones y la distribución arquitectónica interior, con la construcción de las galerías en el espacio central y el montaje de una nueva exposición permanente. De hecho, podemos considerarlo el más decisivo punto de inflexión en la trayectoria del museo.

La transformación empezó por un cambio de su denominación -en 1940, por Orden Ministerial, el museo fue rebautizado como Museo Nacional de Etnología- y siguió por su dedicación ya exclusiva a mostrar la cultura material de otros pueblos del planeta, en especial de aquellos que habían tenido un vínculo colonial con el imperio español -cuyos bienes culturales eran por ese motivo mayoritarios en las colecciones del museo- con el fin de, en palabras de Pérez de Barradas, su nuevo director, “dar testimonio de nuestra acción exploradora, colonizadora y misional en todo el orbe”. Para reforzar esta intención, se creó también con sede en el museo y bajo la misma dirección el Instituto Fray Bernardino de Sahagún de investigaciones etnológicas para resaltar, gracias a sus estudios, que “fueron quillas hispánicas las que agrandaron la geografía conocida y conquistaron para la cristiandad países y continentes, ampliando en el espacio y el tiempo, el conocimiento del hombre”. En coherencia con esta visión del mundo, las culturas exóticas a las que ahora se dedicaba en exclusiva el museo, se distribuyeron en las nuevas tres plantas clasificándolas como exponentes respectivamente del salvajismo, la barbarie y la civilización.

No fue algo a lo que fueran ajenos otros museos nacionales, puestos al servicio de la legitimación del nuevo régimen político y de su idea de lo que debían de ser la historia y los valores identitarios que habían dado lugar a la nación española.

Así sucedió, entre otros, con el nuevo Museo de América y con el Museo del Pueblo Español, cuya finalidad, considerada complementaria a la del MNE, era precisamente exaltar los valores de la cultura española y sus “variantes regionales”.

De hecho, los caminos de ambos museos se acabarán cruzando más adelante… Y también sucedió con el Instituto de Estudios Africanos y el Museo de África, creados en 1945 como anexos de la Dirección General de Marruecos y Colonias con sede en la Presidencia del Gobierno, en el edificio del Paseo de la Castellana que hoy es el Ministerio del Interior, y cuyos fondos acabarán integrándose en las colecciones del Museo Nacional de Etnología en 1973.

Por otro lado, el hecho de que la temática museo se circunscriba entonces monográfica y definitivamente, incluso de tan particular modo, al ámbito de la Etnología y la Antropología Cultural, y por tanto se aleje con claridad de cualquier relación con las Ciencias Naturales, hará que en 1962 se decida cambiarlo de adscripción administrativa y que pase a formar parte de la Dirección General de Bellas Artes, vínculo que luego ya no se ha alterado nunca. También en ese momento son declarados Monumento Histórico-Artístico el edificio y las colecciones. Y además la institución, bajo la dirección de Esteva (1965-1968), Gil Farrés (1970-1982) y Romero de Tejada (1983-2013) abandonará gradualmente el sesgo colonialista para convertirse en un museo de vocación universalista en el que las diferentes culturas empezarán a recibir un trato de igualdad. Es entonces cuando la exposición permanente pasa a estar organizada por áreas geográficas, ordenación que aún hoy perdura.

El Museo Nacional de Antropología (1993–2016)

El nuevo rumbo que tomó el museo al final de la etapa anterior desembocó de forma natural en la creación del Museo Nacional de Antropología –con lo cual recuperaba su antiguo nombre- a partir de la fusión del Museo Nacional de Etnología y el Museo del Pueblo Español, en virtud del Real Decreto 684/1993, de 7 de mayo.

El objetivo de esta ambiciosa operación era, según explicaba Andrés Carretero en el primer número de la que durante unos años sería la revista común, nuestros Anales, “superar la separación entre lo propio y lo ajeno, la dicotomía del nos/otros, (…) para difundir los valores del pluralismo y la comprensión intercultural”.

Desgraciadamente esta unión nunca llego a consumarse más allá de los “papeles” y ambas instituciones siguieron funcionando de manera independiente hasta que se volvieron a separar administrativamente en 2004.

Dos Reales Decretos consecutivos (119/2004 y 120/2004, de 23 de enero) venían respectivamente a dejar a nuestro museo como el único que a partir de ese momento iba a detentar el nombre de Museo Nacional de Antropología, y a crear el Museo del Traje Centro de Investigaciones del Patrimonio Etnológico Enlace externo, se abre en ventana nueva, asignándole las colecciones del antiguo Museo del Pueblo Español.

Abortado el proyecto de fusión entre los dos museos, el que ahora quedaba como único Museo Nacional de Antropología se centró en acometer ya sin más dilación la misión encomendada: la difusión de los valores de la diversidad cultural. Para lo que abordó entre 2004 y 2008 las diferentes fases de una nueva renovación de su exposición permanente que es la que aún hoy, con ligeros ajustes, podéis encontrar en sus salas todos los que os acerquéis al museo.

Pero quizás la renovación más importante que ha tenido lugar desde entonces es una mucho más intangible y la que realmente le está permitiendo al museo convertirse en un espacio mucho más abierto y socialmente relevante en el que la diversidad no se aprende sino que se vive, se experimenta. Nos referimos a la conversión de esa exposición permanente y por extensión del viejo edificio del MNA en el marco de un intenso y dinámico programa de visitas escolares interactivas, conciertos, talleres y actividades para diferentes públicos y exposiciones temporales comprometidas con los valores que defiende, en la línea de otros museos que han apostado por abandonar la solemnidad y una relación dogmática con su público y aspiran a construirse a partir de la participación de tod@s, a vivir en constante transformación, como el mundo multicultural al que se asoma…

Exposición permanente.

Filipinas.

Religiones orientales.

  • La doctrina de Mahoma y los cinco pilares

Muchas manifestaciones de la cultura material islámica guardan una estrecha relación con sus normas y prácticas rituales, entre las que destacan los denominados cinco pilares: la profesión de fe, la oración cinco veces al día, el ayuno, la limosna y la peregrinación a La Meca. En esta sección también puedes ver diversas prendas y complementos musulmanes que transmiten información identitaria y sobre prácticas rituales.

Molino de oración (khorten). Procedente de China. Siglo XIX. MNA CE8443.

  • Meditación, sabiduría y nirvana

El budismo, cuyo origen se encuentra en la figura de Siddartha Gautama (siglo VI a. C.), es un sistema de creencias que busca eliminar el sufrimiento a través de una serie de prácticas que conducen a la liberación o la iluminación tras varias reencarnaciones. Las piezas más conocidas son las representaciones de Buda y los bodhisattvas, de los que puedes encontrar varios ejemplares en esta sala. También puedes ver un altar, un molino de oraciones, incensarios, amuletos de jade, entre otros objetos rituales.

Altar de Durga. Procedente de la India. Siglo XIX. MNA CE3189.

  • Karma, reencarnaciones y liberación

Conoce las diferentes representaciones de divinidades hinduistas, como Shiva, Vishnu, Durga, Parvati y Ganesh, así como diferentes objetos rituales como lámparas de aceite usadas en las ofrendas, sandalias para entrar en los recintos sagrados, un rosario para la oración, un yantra para favorecer la meditación, entre otros. El hinduismo se basa en la creencia en el samsara o la inmortalidad del alma y en el karma, que determina los actos de esta vida y sus consecuencias en la siguiente.

Africa.

La exposición está dividida en cuatro áreas temáticas:

  • Vestido
  • Ocio
  • Religión
  • Vida doméstica

Pendientes (L-jorsa) recogidos en Jebala, norte de Marruecos, por Manuel Martínez de la Escalera a principios del siglo XX. MNA CE3708 y CE3709

  • Prestigio, belleza y protección

Como en todas las culturas, también en las africanas la indumentaria refleja el estatus social, los sistemas ideológicos y el medio geográfico en el que se desenvuelven las personas. Determinados adornos se asocian al prestigio social de su portador, o actúan como elemento protector frente a diversos males, como ocurre en el caso de la joyería marroquí. Aunque sobre todo las prendas de vestir africanas nos atraigan por su exotismo, no debemos olvidar que están llenas de significados simbólicos.

Juego akong, adscrito a la cultura yoruba y procedente de las costas de la actual Nigeria. Recogido por Luis Sorela en su expedición al golfo de Guinea en 1887. MNA CE930

  • Tambores y juegos para la comunidad

Las culturas africanas son puro ritmo, el ritmo de la vida. Casi todas ellas tienen un variado repertorio de ritos para marcar las etapas del ciclo vital, en los que la música y la danza juegan un papel fundamental. Los instrumentos, como los que exponemos se utilizan para acompañar los cantos que actúan como transmisores de la herencia cultural. Los juegos pueden variar de unas zonas a otras, pero el más extendido por todo el África Ecuatorial es el akong, songo o awelé. Este juego reproduce la vida social de cualquier poblado: las hileras del tablero de juego se corresponden con las dos hileras paralelas de chozas en que están organizados muchos de ellos.

Figura que representa a un enmascarado con un yelmo kponyugo, de la sociedad Poro. Procede de Costa de Marfil. Adscrito a la cultura senufo. Adquirida en 1998. MNA CE20050

  • Animismo y monoteísmo

En muchas culturas del África Ecuatorial, como en las guineanas, los cultos animistas dedicados a los antepasados se plasman en una rica producción de tallas figurativas. La colección de byeris –guardianes de las reliquias- de la cultura fang del museo es en ese sentido muy significativa. Pero también tienen alma los animales y muchos fenómenos naturales. La cultura pende del Congo les rinde tributo en sus danzas y ritos de paso, en los que los danzantes se transforman gracias a impresionantes vestidos y máscaras. Sin duda uno de los rincones más interesantes del museo, que no te puedes perder…

Olla fang, procedente de Guinea Ecuatorial, y recolectada en la expedición del Instituto de Estudios Africanos (IDEA) en 1948. MNA CE11712

  • Viviendas portátiles

Muchas sociedades africanas eran hasta hace poco nómadas o al menos se movían entre diferentes asentamientos en función de los cambios estacionales, las migraciones de diferentes especies animales y la mayor o menor abundancia de los recursos básicos para la supervivencia. Predominan por tanto en las viviendas africanas los objetos portátiles y polivalentes. Muchos de estos objetos, además de su valor utilitario, esconden significados sociales y simbólicos. Por ejemplo, los asientos y las cucharas eran símbolos de prestigio, sólo podían usarlos los personajes más relevantes de cada grupo o familia.

América.

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