Culturas prerromanas en la Península Ibérica

El estudio de la península ibérica antes de la llegada de Roma (siglo III a.C.) revela un mosaico étnico y cultural de enorme complejidad. No se trataba de una unidad, sino de una amalgama de pueblos con diferentes niveles de desarrollo social, influenciados tanto por raíces indígenas como por contactos coloniales mediterráneos.

A continuación, presento un análisis técnico estructurado de las principales áreas culturales:


1. El Enigma de Tartessos (Bronce Final – Siglo VI a.C.)

Considerada la primera civilización estructurada de Occidente, se asentó en el valle del Guadalquivir.

  • Economía: Basada en la explotación minera (plata, cobre y oro) y el comercio con los fenicios.
  • Estructura Social: Monarquía legendaria (reyes como Argantonio) con una clara jerarquización aristocrática.
  • Legado: El Tesoro de El Carambolo es la máxima expresión de su orfebrería, mostrando una fusión de técnicas locales y orientales.

2. Los Iberos (Fachada Mediterránea y Valle del Ebro)

No eran un solo pueblo, sino un conjunto de tribus (turdetanos, edetanos, ilergetes, etc.) con una cultura común.

  • Urbanismo: Vivían en oppida (poblados fortificados en altura) con una planificación urbana avanzada.
  • Escritura y Lengua: Poseían un sistema de escritura propio (semi-silábico) que aún no ha sido totalmente descifrado en su vertiente lingüística.
  • Arte: Destaca la estatuaria funeraria y religiosa, con un fuerte simbolismo. La Dama de Elche y la Dama de Baza representan la sofisticación de su aristocracia y sus ritos.
  • Economía: Especialistas en agricultura (vid y olivo) y una metalurgia del hierro muy avanzada (la famosa falcata ibérica).

3. Los Celtas y Celtíberos (Centro, Norte y Oeste)

Pueblos de raíz indoeuropea que introdujeron la metalurgia del hierro en el interior.

  • Los Celtas (Noroeste): Caracterizados por la Cultura de los Castros (poblados circulares de piedra). Destacan los galaicos, astures y cántabros.
  • Los Celtíberos (Sistema Ibérico): Un grupo híbrido que adoptó elementos de organización ibérica pero mantuvo una base social y guerrera celta. Famosos por su resistencia en Numancia.
  • Organización: Basada en clanes y parentescos. Su economía era fundamentalmente ganadera y cerealista.

4. Las Colonizaciones Orientales

La fisonomía de la península cambió drásticamente debido a los contactos comerciales:

  1. Fenicios: Fundaron Gadir (Cádiz) hacia el 1100 a.C. Introdujeron el torno de alfarero, la industria de la salazón y el alfabeto.
  2. Griegos: Establecieron colonias como Emporion (Ampurias) y Rhode. Aportaron la moneda, el cultivo sistemático del olivo y la vid, y su influencia artística.
  3. Cartagineses: Pasaron de una presencia comercial a una ocupación militar, convirtiendo el sur peninsular en su base para enfrentarse a Roma.

Comparativa de Áreas Culturales

CaracterísticaÁrea IbéricaÁrea Celta / Celtíbera
UbicaciónLevante, Sur y Valle del EbroMeseta, Norte y Oeste
UrbanismoOppida complejos, calles trazadasCastros y poblados fortificados
EconomíaAgrícola, mercantil, monedaGanadera, cerealista, trueque
EscrituraSí (Sistema Ibérico)Inexistente (hasta contacto romano)
InfluenciaFenicia y Griega (Directa)Indoeuropea (Continental)

El estudio de estas culturas es fundamental para entender la resistencia que encontró Roma y cómo la posterior «Romanización» no fue una imposición sobre un vacío, sino una síntesis sobre sociedades ya altamente evolucionadas.

Protohistoria

Las novedades del nuevo milenio
(Siglos IX-I a. C.)

Desde el siglo IX a. C. y hasta el asentamiento de los romanos, se producen una serie de adelantos tecnológicos en la Península Ibérica e Islas Baleares, motivados en parte por la convergencia de los circuitos comerciales de la fachada atlántica, la mediterránea y la vía continental, que aceleraron el proceso (iniciado durante el Bronce Final) de formación y desarrollo de lo que
serán las etnias prerromanas.
La conjunción de las poblaciones y tecnologías autóctonas y los nuevos intercambios y materiales darán como resultado unas culturas cuyos nombres en época prerromana conocemos gracias a las fuentes clásicas. La organización social y territorial de estos pueblos, sus estructuras urbanísticas, sus creencias y su cultura material muestran características propias, aunque
mantienen rasgos comunes y equiparables en lo referente a fenómenos sociales que estimulan su actividad.

Las nuevas tecnologías, el aumento de los viajes y un comercio cada vez más activo hacen necesario un sistema de pesos homologados mediante el uso de juegos de pesas que se complementan con balanzas de diversos tipos.
Dentro de las actuaciones destinadas a regular y ofrecer confianza a los posibles clientes se normalizaron los contenedores de aceite, vino o perfumes, considerados preciosos. Los metales sin elaborar, se convertían en lingotes, que podían tener forma de rejas de arado de hierro, o tortas de plata de pesos estandarizados, que además podían dividirse.

Lenguas y escrituras.

Surge una forma de entenderse.
La escritura, que comienza siendo un sistema de contabilidad en Oriente Medio y Creta, se convierte luego en un sistema de comunicación comercial, legislativo o ritual. En la Península Ibérica, donde se hablaban lenguas ibéricas y célticas, este gran adelanto cultural se manifiesta sobre soportes de plomo, bronce, piedra o cerámica y mediante varias escrituras conocidas en
su conjunto como «paleohispánicas»: la tartéssica o del suroeste; la ibérica del sureste o meridional; la greco-ibérica; y la ibérica levantina y sus derivadas celtibéricas. Todas ellas son producto de la fusión y evolución de los alfabetos fenicio y griego.

Plomo de Pujol.

El control del fuego y el agua en los avances tecnológicos
El control de elementos de la naturaleza como el fuego, el agua o el aire permitieron mejorar de forma notable la tecnología aplicada a distintas materias primas: bronce, plomo, hierro, acero, oro, plata y arcilla, con importantes consecuencias sociales.
La tradición del bronce y la unión del plomo
Se fabrican bronces más resistentes al incorporar al cobre y al estaño otros minerales como el plomo, y en menor medida antimonio o niquel, que los endurecen al tiempo que facilitan la elaboración de objetos en serie difundiendo su uso entre todos los estamentos sociales.
Se realizaron sobre todo objetos suntuarios y de uso ritual como timaterios, jarras o braseros; de adorno, complemento de la indumentaria masculina y femenina; y armas defensivas.
Otra novedad es el empleo del color como sistema decorativo mediante técnicas como el damasquinado.
El plomo adquiere entidad propia. Se transporta en lingotes, fabricados a molde, destinados especialmente a la fabricación de pesos y láminas sobre las que se escribía.

Torques de Ribadeo.

El hierro, un nuevo metal
El hierro cobra tal importancia que presta su nombre a este periodo cultural.
Se convierte en indispensable para las nuevas armas y herramientas permitiendo un aprovechamiento intensivo de las tierras de labor o un adecuado trabajo de cantería, ejemplos de los cuales se muestran en la vitrina.
La dureza del metal se consigue mediante un complejo proceso que combina láminas de hierro y de acero -hierro más carbono-, obtenidas gracias al control de la temperatura de carburación de la fragua. En ocasiones las armas de hierro se decoraban con damasquinados de plata o acabados de magnetita.

Oro y plata, lujo y tecnología

Gracias a soldaduras y engarces, desde el siglo VII a. C. se realizan delicadas joyas huecas con finas láminas de oro
profusamente decoradas mediante granulado, filigrana o aplicando color con pasta vítrea, esmaltes o piedras semipreciosas.
Gracias al conocimiento de la copelación de la plata, es decir, la fundición del mineral para separarla del resto de metales que la acompañan en bruto, es ahora cada vez más usada para recipientes y distintas joyas en detrimento del oro.

La cerámica: innovación y asimilación
Las producciones cerámicas fenicias y de otros pueblos semitas y helenos son pronto imitadas, realizándose en serie gracias a la adopción del torno alfarero. Esta fabricación precisa unos hornos más elaborados y complejos, situados en áreas alejadas de las viviendas, lo que tiene su reflejo en el urbanismo de las poblaciones. En un principio convive con la cerámica a mano con la que comparte técnicas decorativas, y también con la cerámica realizada a molde.

La formación de los pueblos prerromanos

El desarrollo de las sociedades asentadas en la Península Ibérica y sus islas durante la Primera Edad del Hierro tiene un origen común: la mejora de la climatología que favorece la economía agropecuaria y, sobre todo, la presencia de comerciantes y colonizadores mediterráneos, fenicios y griegos. Su influencia cultural marcará a las poblaciones locales durante siglos.

Las poblaciones del interior peninsular: entre la innovación y la tradición.
La incipiente existencia de una red de vías de comunicación permite la ampliación de los contactos entre las poblaciones costeras y las del Valle de Ebro y la Meseta. Los intercambios se intensifican gracias a los excedentes agrícolas, ganaderos y mineros cuyo control conducirá a una creciente diferenciación social y a la existencia de élites que poseen objetos de lujo.

Los poblados presentan una estructura aún bastante igualitaria, ya se trate de viviendas rectangulares adosadas o aisladas circulares.

La mayoría de la población sigue apegada a las tradiciones y desempeña distintas actividades productivas en el hogar, pero el mayor tamaño de alguna vivienda y su contenido confirma la existencia de familias dirigentes.
Las necrópolis prueban la creencia en el Más Allá, mientras que los ajuares que acompañan a las cenizas del difunto, en especial en el Valle del Ebro y Meseta Oriental, nos hablan de la existencia de personajes destacados.
Sabemos que crece la visibilidad de los rituales religiosos gracias a que conocemos recintos donde se celebraban, altares fijos y portátiles, y objetos utilizados en las ceremonias.

Timaterio de Calaceite.

Colonización fenicia.
Excelentes comerciantes y marineros, los fenicios buscaron la plata producida en las minas de Huelva y del oeste de Sevilla y el estaño que se conseguía en el norte de Portugal.

Sacerdote de Cádiz.

Aportaron importantes novedades como el uso del torno para la fabricación de la cerámica; introdujeron nuevos productos del Mediterráneo Oriental, como los grandes alabastrones procedentes de Egipto o los realizados por artesanos fenicios establecidos en las ciudades costeras que enseñaron las técnicas refinadas de la orfebrería, las delicadas manufacturas cerámicas
decoradas con pinturas o con barniz rojo; la escritura o nuevos sistemas constructivos. Se generaliza el rito de la incineración en la muerte, se utiliza la iconografía oriental y se asimila la nueva religiosidad para adaptarla a sus creencias tradicionales.

Timaterios de Lebrija.

Los asentamientos fenicios se solían ubicar en islas cercanas a la costa, como Gadir (Cádiz), o en cerros próximos al litoral como Toscanos. Desde esos establecimientos salían productos de lujo hacia el interior peninsular gracias a los intercambios realizados con las comunidades indígenas, que se llevaron a cabo a través de vías de comunicación, algunas ya en uso desde la Edad del Bronce, y otras nuevas que se abrirán para facilitar la explotación de los recursos naturales.
A lo largo del siglo VII a. C. el comercio fenicio amplió su presencia tanto en el litoral atlántico como en el mediterráneo, desde Murcia al golfo de León.
A cambio de metales y productos agropecuarios, los indígenas obtenían objetos hasta entonces desconocidos que, por su carácter de bienes de prestigio, serían acaparados por las élites de cada grupo social.

Tartessos
Tartessos puede definirse como una zona geográfica (valles de Guadalquivir, Guadiana y sur de Portugal)
citada por los escritores griegos donde, entre los siglos VIII y VI a. C., surge una cultura que combinaba elementos de tradición autóctona y otros de nueva incorporación derivados de su contacto con los feniciosy los griegos de Focea.

Los foceos fueron destacados navegantes y colonizadores griegos de Jonia (Asia Menor, actual Turquía) que, a partir del siglo VIII a.C., exploraron el Mediterráneo occidental. Conocidos por utilizar penteconteros (naves rápidas), fundaron importantes colonias como Massalia (Marsella) y Emporion (Ampurias), estableciendo rutas comerciales clave e intercambiando cultura con Tartessos. 

Fue una etapa revolucionaria en el más estricto sentido del término, pues las poblaciones indígenas pusieron en práctica con rapidez y eficacia todo el conocimiento tecnológico que les transmitieron los fenicios, además de reordenar el territorio y establecer nuevos mecanismos de poder.
Su economía tuvo una base agropecuaria, junto a una intensa explotación minera, especialmente de plata y estaño, destinada a satisfacer la demanda de los colonizadores fenicios. Se fundan palacios y santuarios inspirados en modelos del Mediterráneo oriental, como el santuario de El Carambolo y surge una nueva sensibilidad religiosa que asimila formas culturales complejas,
dando cada vez más importancia a la visibilidad de las necrópolis, mientras sus divinidades parecen adoptar rasgos tomados de los colonizadores orientales. Destaca por su importancia del tesoro de Aliseda, ajuar de enterramiento de dos aristócratas.

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En un principio, los griegos sólo conocían las zonas costeras y denominaron iberos a todos los pobladores; paulatinamente fueron conociendo la variedad de pueblos existentes, sus relaciones y sus distintos nombres y, finalmente, los romanos denominaron Hispania a todo el territorio peninsular e insular adyacente.

Territorio e identidad
La producción cerámica es un indicador de las señas de identidad de los pueblos prerromanos y muestra sus relaciones y emparentamientos. La llegada de productos e ideas procedentes del Mediterráneo oriental y central, y de
Centroeuropa, hace que adopten nuevas técnicas y estéticas, y que productos que eran de lujo se imiten y se conviertan en cotidianos. La dispersión de armas o adornos, originales o imitados, permite percibir la existencia de vías de comunicación para el transporte de mercancías y ganado, algunas de las actuales serán posteriormente aprovechadas por ejércitos invasores.

Las poblaciones ibéricas
El nombre de Iberos engloba a una gran diversidad de pueblos que habitaron la zona oriental y meridional de la Península Ibérica entre el siglo VI a. C. y la conquista romana. En su formación influyeron decisivamente los colonizadores fenicios, en contacto sobre todo en el sur y sureste y después la presencia de los griegos en la costa noreste y este, dando lugar a una cultura de
fuerte carácter mediterráneo.

Los grupos ibéricos se organizaron en pequeños estados, desarrollando fórmulas sociales jerarquizadas, basadas en el dominio de la tierra y sus recursos, así como en el control del comercio. Generaron nuevos modelos de poblamiento, visibles en las maquetas expuestas, con centros principales que se convirtieron en capitales de territorios políticos, rodeados de asentamientos menores agropecuarios, mineros, comerciales o defensivos. Este proceso implicó el desarrollo de vías de comunicación, de sistemas de pesos y medidas, de la escritura y más tarde de la moneda. Piezas como la rueda de carro de Toya ayudan a documentar la jerarquización de la sociedad, pues son príncipes o aristócratas quienes encargan esos objetos, o se entierran en tumbas monumentales.

La compleja organización social se refleja en la religiosidad ibérica. Tanto en el Castellet de Bernabé como en el Puntal dels LLops se han identificado capillas relacionadas con cultos domésticos o familiares. En otros lugares se han localizado enterramientos infantiles bajo los suelos de las casas o sacrificios de animales relacionados con la fundación del recinto.
Las necrópolis se sitúan cerca de los poblados. Tras la cremación del cadáver sus restos se introducían en una urna que se depositaba dentro de la tumba.
Es significativa la incorporación de la escultura, utilizada para señalizar y decorar los enterramientos de las personas de mayor rango social. En ocasiones, la propia escultura guarda los restos cremados como en la Dama de Baza. Otras tumbas alcanzan una extraordinaria complejidad, como el monumento de Pozo Moro.
Los ritos y ceremonias desarrollados en templos y santuarios irán acompañados de escultura tanto en piedra como en bronce –santuarios de Despeñaperros o del Cerro de los Santos– que los fieles ofrecen a la divinidad a cambio de favores.
Pieza destacada es la Dama de Elche de la que desconocemos el contexto de su hallazgo, pero su singularidad la ha convertido en icono de la Cultura ibérica.

Fíbula de Driebes.

Centauro de Royos.

Los pueblos célticos
Los pueblos prerromanos de origen indoeuropeo, preceltas y celtas, ocuparon el centro, norte y oeste de la península, recibiendo influencias centroeuropeas y atlánticas por el noreste y mediterráneas desde este y sur.

En general son grupos organizados jerárquicamente que manifiestan un amplio desa-rrollo agrícola, ganadero y artesanal, con herramientas especializadas ya desde el siglo IV a. C., y una extensa panoplia armamentística.
Gustaban adornarse con elaborados complementos de indumentaria realizados en metal, algunos, sin duda, usados sólo por las elites. El uso del oro escasi exclusivo del noroeste, mientras que en el resto del territorio predomina la plata como materia prima, debido a sus propios recursos naturales y a su tradición.
Son pueblos con una base ideológica común, pero con diferencias materiales según el predominio de unas u otras influencias, que se explican a través de vitrinas temáticas que muestran los útiles y adornos de los distintos estamentos sociales: el armamento de los guerreros, los símbolos de las élites -fíbulas, torques y diademas-, elementos de indumentaria y útiles para las
distintas actividades productivas.

Ejemplo: Rueda de Toya.

Las poblaciones púnicas
A partir del siglo VI a. C., Cartago asume un papel preponderante en el Mediterráneo Occidental, y colonias comerciales como Gadir (Cádiz), Baria (Villaricos) o Ebusus (Ibiza) se integran en el mundo púnico.

Importantes necrópolis: Puig des Molins (Ibiza) y Villaricos (Almeria).
En ellas se constata que en época púnica se generaliza la inhumación como rito de enterramiento, normalmente en fosas alargadas o en tumbas hipogeas. Con frecuencia las tumbas se señalan en el exterior con estelas de piedra como la esfinge/sirena de Villaricos.

https://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=79047&inventary=1935/4VILL/T521/3&table=FMUS&museum=MAN

Otro aspecto de la religiosidad púnica son los santuarios que en origen estuvieron dedicados a Astarté, la diosa fenicia
protectora de los navegantes, y más tarde, a partir del siglo VI a. C., quedaron bajo la advocación de Tanit, la nueva divinidad del panteón cartaginés que tenía atributos similares.

Ejemplo: Dama de Ibiza.

La cultura talayótica
En las islas de Mallorca y Menorca, a lo largo del primer milenio a. C., se desarrolla la Cultura Talayótica. En la arquitectura megalítica construida a base
de grandes piedras se reconocen los talayots, las navetas y las taulas. Destacan las navetas como lugares de enterramiento colectivo, como la d’es Tudons (Menorca) o santuarios como la taula de Torralba d’en Salord (Menorca) o el de Son Corró (Costitx, Mallorca), en funcionamiento entre el siglo V a. C. y la conquista romana, en el que se encontraron dos cabezas de toro y una de
becerra, representación de divinidades, además de otra serie de ofrendas.

De Iberia a Hispania
Hasta la segunda mitad del siglo III a. C. los pueblos llegados del Mediterráneo a la tierra que denominaban Iberia se limitaban a fundar sus colonias o poblados y mantener contactos con las élites locales que dominaban los recursos económicos, pero a partir de este momento, primero los cartagineses y luego los romanos, desean establecerse y controlar por sí mismos las riquezas mineras y agrícolas, y batallarán entre ellos por conseguirlo. Tras dos siglos de luchas, Roma conseguirá el domino completo sobre Hispania.

Lucharon contra ambos ejércitos, el cartaginés y el romano, aunque paralelamente formaron parte como mercenarios de
ambos e incluso, algo más adelante, participarán, apoyando a uno u otro bando, en las guerras civiles de la Roma republicana sobre suelo hispano.

Este complejo proceso de cambio social se debe a que, mientras se sucedían las guerras de conquista, la romanización impregnaba paulatinamente las costumbres de los pueblos autóctonos gracias a la educación, la legislación e incluso nuevas modas en el vestir, la vajilla o la alimentación, con ejemplos como el conjunto escultórico de Azaila o el monumento B de Osuna.

https://ceres.mcu.es/pages/ResultSearch?Museo=MANT&txtSimpleSearch=Azaila&simpleSearch=0&hipertextSearch=1&search=simple&MuseumsSearch=MANT%7C&MuseumsRolSearch=36&listaMuseos=[Museo%20Arqueol%F3gico%20Nacional%20(Colecci%F3n%20Tesoros%20del%20MAN)]

Características Principales:

  • Contexto: Formaba parte de un monumento funerario que honraba a un aristócrata guerrero, reutilizado posteriormente por los romanos en la muralla de la ciudad.
  • Estilo e Influencia: Presenta figuras esculpidas casi en bulto redondo con fuerte influencia romana en la indumentaria (faldas plisadas, calzado) y técnicas de combate.
  • Iconografía: Las escenas representan juegos acrobáticos y batallas, buscando la «heroización» del difunto.
  • Piezas Destacadas: El «Acróbata» (figura en contorsión) y el «Cornicen de Osuna» (músico tocando un cuerno militar).
  • Ubicación Actual: Las piezas originales se encuentran expuestas en el Museo Arqueológico Nacional de España, en Madrid

https://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=31806&inventary=38417&table=FMUS&museum=MAN

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