Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira

https://www.cultura.gob.es/mnaltamira/home.html

https://ceres.mcu.es/pages/SimpleSearch?Museo=MNCIA

https://www.cultura.gob.es/mnaltamira/investigacion/colecciones.html

La historia del museo tiene su origen en la creación de una Junta de Administración en 1924. Este fue el primer órgano colegiado de gestión.

El primer edificio al servicio de la cueva de Altamira fue una casa montañesa construida para exponer y conservar los objetos hallados en las excavaciones y para servir de vivienda a su primer guarda.

El creciente número de visitas desde mediados del siglo XX hizo necesaria la construcción de una nueva sede y en los años setenta se construyeron tres pabellones para la recepción de visitantes y servicio como cafetería.

Fue en 1979 cuando se creó el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira por parte del Ministerio de Cultura.

El fin fue constituir un instrumento científico y administrativo para la mejor gestión y conservación de la cueva de Altamira.

La sede actual del museo se inauguró en 2001, en un edificio proyectado por el arquitecto Juan Navarro Baldeweg. La protección de la cueva de Altamira fue el principal condicionante para su ubicación, concepción y construcción.

Este Museo cuenta con dos edificios.

DenominaciónTipologíaFecha de construcciónAutoría original

Museo Nacional y Centro de Investigación de AltamiraArquitectura civil – Museo1997-2000Juan Navarro Baldeweg

Contexto histórico y valores patrimoniales

La protección de la Cueva de Altamira, declarada Monumento Histórico desde 1924, fue el principal condicionante en la ubicación, concepción y construcción del edificio.

La inclusión de la Cueva de Altamira en la lista de Patrimonio Mundial UNESCO en 1985 y los problemas de conservación detectados en años anteriores plantearon la necesidad de restringir el acceso a la cueva y la creación de un nuevo espacio, próximo al recinto, en el que se realizara una réplica de la original, así como un centro de investigación para su estudio.

https://whc.unesco.org/en/list/310

La pretensión de la “Neocueva” era ser una sala más del museo que ofreciera una visión científica, restituyendo el espacio cavernario tal y como fue durante el Paleolítico.

Proceso constructivo

Construcción de la Casa del Guarda (1924). Construcción de tres Pabellones de exposición (Hernández Morales, A., 1971). Construcción del nuevo edificio del museo (Navarro Baldeweg, J., 1997). Restitución paisajística del entorno e intervención en pabellones preexistentes (Navarro Baldeweg, J., 2006).

Descripción

Emplazado a escasos 300 metros de la cueva original, el museo planteaba una intervención integral de recuperación paisajística del entorno, en el que su estructura minimalista se integra completamente. El edificio se adapta a través de un diseño tectónico que parece recrear los estratos del terreno tras una excavación. De esta forma, los volúmenes longitudinales se incrustan en el terreno inclinado de la propia colina, imitando la pendiente natural a través de su cubierta, Se estructura en dos volúmenes anexos: por un lado, la réplica de la cueva y, por otro, el espacio destinado al resto de salas de exposición y funciones del museo, cuya distribución interna se organiza a lo largo de tres líneas longitudinales que parten del amplio vestíbulo y mediante grandes lucernarios.

Museografía

En el diseño museográfico la Neocueva (Ingenia-Empty, 1999) queda integrada como parte del museo, en una fiel reproducción a escala del yacimiento arqueológico.

La exposición permanente (Ingeniaqued, S.A., 2001) se dedicada a los tiempos de Altamira a través de constantes analogías con el presente, empleando multitud de elementos, desde la tradicional exposición de fondos arqueológicos en vitrinas, paneles interactivos o espectaculares dibujos explicativos hasta reproducciones a escala 1/1 de arte rupestre cantábrico, en armonía con el espacio arquitectónico, adaptándose a él y potenciando sus valores.

enominaciónTipologíaFecha de construcciónAutoría original

Casa del Guarda Arquitectura civil – Residencia y museo 1924 Alberto Corral

Contexto histórico y valores patrimoniales

La llamada casa o casona de 1924 fue la primera instalación del museo, fundado gracias al renombre que había alcanzado la cueva de Altamira, y a partir de la creación de la Junta designada para su gestión y de su declaración como monumento.

Su construcción, a los pies de la propia cueva, debió realizarse a partir de 1924, cuando se ejecuta la mayor parte del proyecto “de reparación y arreglo en la caverna de Altamira” que la Junta encarga en 1921.

El edificio albergó un pequeño museo donde exponer y conservar los objetos hallados en las excavaciones realizadas y la vivienda del guarda. Al edificarse los nuevos pabellones de exposición en los años 70, la casa se reutiliza como biblioteca y zona de administración, quedando finalmente en desuso tras la construcción de la nueva sede, hasta su rehabilitación en 2016 como zona de control de la cueva.

Proceso constructivo

Construcción de la Casa del Guarda (Corral, A., 1924). Rehabilitación de la Casona de 1924 (de Sousa Seibane, A. L., 2009).

Descripción

El edificio se corresponde con la construcción tradicional montañesa, realizada en piedra y a través del empleo de sistemas tradicionales. Consiste en una pequeña casona con cubierta inclinada de teja a dos aguas. Se estructura a partir de dos ámbitos enfrentados en ángulo, con uno y dos niveles respectivamente, aunque integrados en un único volumen gracias a su cubierta continua. La última rehabilitación arquitectónica ha conservado sus valores manteniendo los sistemas constructivos originales y adaptando los espacios a los nuevos requerimientos de uso, principalmente de recepción, técnicos y administrativos.

Museografía

La Casona no expone piezas actualmente.

La misión del Museo de Altamira es gestionar el patrimonio cultural que tiene encomendado, la cueva de Altamira y su arte rupestre específicamente, conservándolo y haciéndolo accesible de modo adecuado a la ciudadanía. Para esto debe generar su conocimiento científico y el de su contexto, la Prehistoria y el Arte, y divulgarlo facilitando el acceso intelectual a sus valores y a su disfrute.

El conocimiento debe ser generado por investigaciones pluridisciplinares propias o ajenas, y la información e interpretación del mismo realizada por personas expertas del museo o en colaboración con las de otras entidades. Es parte de la misión fomentar la actividad intelectual, la reflexión y el deseo de conocer como fuente de satisfacción y de enriquecimiento personal, y desarrollar experiencias singulares como clave de mediación entre la ciudadanía y este patrimonio.

Esta misión reconoce que Altamira es un referente para la Prehistoria y el Arte universal, y para el primer Arte y el arte rupestre en particular. Por tanto, El Museo de Altamira velará por la conservación, estudio y difusión del conjunto del Arte paleolítico de España, y establecerá redes de colaboración a nivel regional, nacional e internacional. El museo debe actuar positivamente en toda la cadena de valor del patrimonio encomendado, de la cueva de Altamira en particular.

Itinerario cultural europeo Caminos del Arte Rupestre Paleolítico (CARP)

El Ministerio de Cultura a través de la Subdirección General de Gestión y Coordinación de los Bienes Culturales, y con la participación del Museo de Altamira, forma parte del Itinerario Cultural Europeo Caminos de Arte Rupestre Prehistórico (CARP). El itinerario CARP es una gran red europea de enclaves rupestres, con valores culturales y turísticos de primer nivel, en la que se desarrollan actividades conjuntas de carácter científico, formación de expertos, difusión socio-cultural y turismo sostenible, todo ello bajo el reconocimiento oficial de las instituciones de la Unión Europea.

Un poco de historia.

A la cueva de Altamira le corresponde el privilegio de ser el primer lugar en el mundo en el que se identificó la existencia del Arte Rupestre del Paleolítico superior. Altamira fue también un descubrimiento singular por la calidad, la magnífica conservación y la frescura de sus pigmentos. Su reconocimiento se postergó un cuarto de siglo, en una época en la que resultaba de difícil comprensión para una sociedad, la del siglo XIX, inmersa en rígidos postulados científicos.

La cavidad fue descubierta por un lugareño, Modesto Cubillas, hacia el año 1868. Acompañado por Cubillas, Marcelino Sanz de Sautuola visitó por primera vez la cueva en 1875 y reconoció algunas líneas que entonces no consideró obra humana.

En la Exposición Universal de París conoció de primera mano algunos objetos prehistóricos encontrados en cuevas del sur de Francia. Sautuola, que ya tenía una amplia formación en Ciencias Naturales y en Historia, regresó a España con una perspectiva renovada y decidido a emprender sus propios trabajos en las cuevas de Cantabria.

Acompañado por su hija María volvió a Altamira en 1879. Será la niña la primera en ver las figuras en el techo de la cueva.

En 1880 Sautuola publicó el hallazgo en el folleto Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la Provincia de Santander, atribuyendo las pinturas a la prehistoria, al periodo paleolítico. A pesar de su lúcido análisis, sus contemporáneos, desde diferentes perspectivas intelectuales, evolucionistas, creacionistas o los incrédulos prehistoriadores del momento, acogieron con escepticismo su planteamiento.

Su valor no fue reconocido hasta el descubrimiento de arte rupestre paleolítico en otras cuevas de Europa, principalmente en Francia (Le Mouthe, Combarelles y Font de Gaume). En 1902, el prehistoriador francés Émile de Cartailhac publicó Les cavernes ornées de dessins. La grotte d’Altamira, Espagne. Mea Culpa d’un sceptique. A partir de este momento, la cueva de Altamira adquirió reconocimiento universal, convirtiéndose en un icono del arte rupestre paleolítico.

La cueva de Altamira se encuentra en el norte de España, en la región central de Cantabria, entre los límites de los términos municipales de Santillana del Mar y Reocín.

El paisaje es suave hacia el norte, formado por pequeñas sierras litorales, el tramo bajo del río Saja y la llanura litoral. Al sur hay fuertes relieves montañosos y al fondo los Picos de Europa. A pocos kilómetros se encuentran otras cuevas con ocupaciones humanas y arte rupestre del Paleolítico superior como La Clotilde, Las Brujas, Las Aguas, El Linar y Cualventi, entre otras.

La cueva de Altamira se sitúa a 158,5 metros sobre el nivel del mar, en la parte superior de un karst de origen Plioceno. Su estructura geológica está formada por estratos casi horizontales de calcarenitas de hasta un metro de espesor, separados por finas capas de arcillas. No obstante, apenas quedan señales de la circulación subterránea del agua, ya que su formación se debe a desplomes del techo y hundimientos gravitacionales del subsuelo. Los desprendimientos se producen en grandes bloques, que dejan estigmas planos, secciones trapezoidales y un suelo formado por caos de bloques desplomados.

Uno de estos desprendimientos taponó su acceso hace unos 13 000 años sepultando una parte de la entrada, lugar donde se ubicaron los asentamientos habitacionales durante el Paleolítico.

Actualmente, Altamira tiene un recorrido casi lineal de 290 metros de longitud. En la zona de la entrada se localiza el yacimiento arqueológico y la sala de polícromos, ambos formando parte de una gran sala vestibular. A continuación, el desarrollo longitudinal de la cueva deja poco lugar para espacios amplios a excepción de la Gran Sala, la única que presenta magnitudes de cierta relevancia. Finaliza en una estrecha galería que, aunque de difícil acceso, contiene también pinturas y grabados como el resto de la cueva.


Cronología

El yacimiento arqueológico que se conserva en el vestíbulo de la cueva se estructura en 8 niveles arqueológicos (fechas Carbono 14 cal BP):

  • Los niveles más recientes (1-5) de la secuencia se corresponden con el periodo Magdaleniense; el análisis por Carbono 14 muestra aquí una antigüedad de entre 19.000 y 16.800 años.
  • Los dos niveles solutrenses (6-7) se encuentran comprendidos entre 24.000 y 20.500 antes del presente.
  • El nivel más antiguo encontrado (8) corresponde al final del Gravetiense y tiene una antigüedad de entre 26.400 y 26.000 años.

En Altamira, el periodo Magdaleniense es el mejor datado al haberse aplicado el Carbono 14 a algunas pinturas realizadas con carbón vegetal. Quedaban sin datar las figuras más antiguas por estar grabadas o bien pintadas con pigmento rojo. Su datación es más complicada al carecer de materia orgánica en su composición. Su edad puede deducirse por otros criterios, como los estilísticos al compararlas con objetos de edad conocida, y también en relación a las ocupaciones humanas de la cueva.

Actualmente también es posible aplicar un método basado en la serie del Uranio que ya se utilizaba desde hacía años en la datación de costras y formaciones calcáreas, y que permite además la reducción del tamaño de la muestra a solo algunos miligramos. Los resultados para la cueva de Altamira han sido particularmente interesantes para un signo pintado en rojo del centro de la Sala de Polícromos cuya fecha es de 35.600 años antes del presente. Esto lo sitúa en el Auriñaciense, periodo del que no se han encontrado restos en la excavación arqueológica realizada en la cueva.

La cueva de Altamira es la máxima representación del espíritu creador humano. Presenta un arte en grado de excelencia. Las técnicas artísticas (dibujo, pintura, grabado), el tratamiento de la forma y el aprovechamiento del soporte, los grandes formatos y la tridimensionalidad, el naturalismo, la abstracción y el simbolismo, todo está ya en Altamira.

Bisontes, caballos, ciervos, manos y misteriosos signos fueron pintados o grabados durante los milenios en los que la cueva de Altamira estuvo habitada, entre hace 36.000 y 13.000 años antes del presente. Estas representaciones se extienden por toda la cueva, a lo largo de más de 290 metros, aunque es en la Sala de Polícromos donde se concentran en mayor número.

Las representaciones más grandes son caballos y, bisontes de entre 125 y 170 cm de longitud, y una cierva, de más de dos metros. Primero se grabó el contorno y se dibujó a línea negra con carbón; luego se rellenaron con pintura roja o amarillenta. En algunos bisontes se marcó con pintura negra el cambio de coloración de su vientre o se utilizó el lápiz de carbón para detallar el pelo o la joroba. Además, el grabado se utilizó en ojos, cuernos, pelo del cuello, etc.

Las técnicas del arte de Altamira

El arte estaba planificado en Altamira, desde la elección del soporte hasta el resultado final. Representaciones naturalistas de los animales surgían junto a signos diversos, como formas diferenciadas y complementarias al mismo tiempo. Agrupados, combinándose y superponiéndose en el soporte, mezclando varias técnicas como la incisión o el grabado en la roca, con el dibujo y la pintura.

El soporteceno. Es una cueva con una estructura geológica muy frágil formada por grandes estratos de calcarenitas separados por finas capas de arcilla. Es de pequeñas dimensiones, 270 m. de longitud, con un gran vestíbulo que distribuye su espacio hacia el techo pintado y hacia el interior, finalizando en una galería baja y de difícil acceso.

Desde hace 35.000 años, diferentes grupos de personas la habitaron, convirtiendo un espacio natural en su espacio cotidiano y ritual. Se alojaron en el vestíbulo y destinaron el interior para desarrollar su arte, transformando sus paredes y techos en soportes reservados para significar su cosmogonía. El arte en ella representado modificó para siempre esta formación natural. Desde entonces, la Cueva dejo de ser sólo naturaleza y se convirtió en cultura.

Las formaciones geológicas de la cueva inspiraron las representaciones. Las grietas, las protuberancias del techo, una colada estalagmítica aceleraron la imaginación de tal forma que una firme incisión con un buril o un preciso trazo de carbón sacaban las figuras de la roca. Este aprovechamiento de las irregularidades confirió vida y volumen a los animales creando una simbiosis perfecta y no concibiéndose lo uno sin lo otro. La roca ayudó a materializar la idea y se confundió con ella. Hasta el punto que su color, un tono ocre amarillento, formó parte de la bicromía de los animales creando la sensación de una policromía que no existe en Altamira.

Dibujo del plano más antiguo conocido de la cueva de Altamira. Se desconoce su autor y el momento exacto de su realización pero su título, cueva de Santolaja, indica su antigüedad pues así se la conocía antes del descubrimiento (ca)1868-1875.

Herramientas y colores

La naturaleza proporcionaba las materias primas para crear el arte y las personas las transformaban. Bloques de sílex se tallaban para obtener finos buriles con que incidir en la roca, huesos de ave huecos en su interior se convirtieron en difusores de pigmentos que dejaban su impronta en las paredes. Con óxidos de hierro, mezclados con agua como aglutinante y con carbones creaban los colorantes que servían para pintar.

El ocre fue el mineral más utilizado en Altamira. Es un óxido de hierro hidratado mezclado con arcilla cuya variedad cromática va del amarillo al marrón pasando por el naranja o el rojo, el principal en el techo de polícromos.

https://ceres.mcu.es/pages/SpecialSearch?Museo=CAR&Where=car_herramientas_colorantes

https://ceres.mcu.es/pages/SpecialSearch?Museo=CAR&Where=car_herramientas_buriles

https://ceres.mcu.es/pages/SpecialSearch?Museo=CAR&Where=car_herramientas_aerografos

Grabar

Con la incisión de un buril grababan la roca. Aprovechaban los abultamientos naturales y conseguían volumen. Las figuras eran sacadas del interior del soporte, rebajándolo, compartiendo espacio con las pinturas de forma individual o formando parte de ellas. Las manos humanas, sus dedos, se deslizaban por la arcilla realizando trazos digitales.

Dibujar

Delineaban en la superficie con un carbón, perfilando las figuras y sombreándolas en dibujos de trazos sencillos y precisos, a veces sobre el grabado previo, a veces directamente. El dibujo daba forma a los contornos, en rojo o en negro, se marcaba la silueta o se punteaba.

Pintar

Aplicaban el color directamente con las manos o soplando a través de un hueso hueco de ave. La extensión del colorante reafirmaba las técnicas anteriores y remarcaba los volúmenes. Su bicromía, el rojo y el negro, unida al color del soporte, producía matices diversos que conferían vida a las figuras.

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