Museo Nacional de Ciencias Naturales

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Fundado en 1771, el Museo Nacional de Ciencias Naturales es uno de los Museos de Historia Natural más antiguos del mundo y una de las instituciones de investigación científica en el ámbito de las Ciencias Naturales más importante de Europa, debido principalmente al gran valor científico, histórico, taxonómico y taxidérmico de los ejemplares zoológicos y geológicos que conserva en sus colecciones. Es también uno de los centros emblemáticos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) dentro del área global Vida y sub-área Tierra y Medioambiente.

La historia del Museo Nacional de Ciencias Naturales comenzó el 17 de octubre de 1771 cuando el monarca español Carlos III fundó el Real Gabinete de Historia Natural aconsejado por miembros relevantes de su corte. Se trataba de una institución dedicada a la difusión y desarrollo de la historia natural en España que pretendía rivalizar con los gabinetes de curiosidades, muy populares en la Europa ilustrada del siglo XVIII.

La colección fundacional de este Real Gabinete procedía de un patrimonio natural y artístico atesorado por Pedro Franco Dávila, un rico comerciante criollo nacido en Guayaquil (actualmente Ecuador) y afincado en París. Tardó en reunirlo 25 años y lo donó a la Corona española a cambio de ser director vitalicio del Gabinete. 

Dávila era un gran aficionado a las ciencias naturales, especialmente interesado en lo relativo a la mineralogía, la malacología (estudios de moluscos), a ciertos grupos de invertebrados marinos, como los corales y las esponjas, y también a los fósiles. La publicación de su obra en tres volúmenes, Catalogue systématique et raisonné des curiosités de la nature et de l’art qui composent le Gabinet de M. Dávila, en la que describía su colección formada y documentada durante un cuarto de siglo, le abrió las puertas de las más prestigiosas sociedades científicas de su época, tanto extranjeras, como españolas. 

Además de experto en ciencias naturales, Dávila era un gran entendido en el ámbito etnográfico y artístico. Así, en su colección figuraban 300 objetos de etnografía procedentes de América, Indonesia, Extremo Oriente y Turquía; 250 de arqueología de Egipto, Etruria, Roma u Oriente; y entre 12.000 y 13.000 piezas artísticas, como medallas o grabados. También poseía 50 instrumentos científicos y 200 mapas y su biblioteca contaba con 421 títulos en 1.234 volúmenes.

Tras la valoración de varias sedes en las que se podría albergar la variada y cuantiosa colección de Dávila, se eligió el Palacio de Goyeneche en la calle de Alcalá de Madrid. Aquí compartió ubicación con la Real Academia de las tres Nobles Artes (ahora Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando). Tras unas obras de acondicionamiento de dos años de duración la Academia se instaló en el primer piso y en los sótanos, mientras que el Real Gabinete ocupó el segundo piso y las buhardillas. Quedaban reunidas las ciencias naturales y el arte en un mismo edificio, en cuya fachada lucía una inscripción labrada en piedra muy propia de la Ilustración: CAROLVS III REX /NATURAM ET ARTEM SUB UNO TECTO/IN PUBLICAM VTILITATEM CONSOCIAVIT/ANNO MDCCLXXIV (El Rey Carlos III asoció bajo un mismo techo a la Naturaleza y las Artes para utilidad pública).

La extensa colección de Dávila había llegado desde París en cuatro viajes, uno por tierra y tres de ellos por mar. Ya en Madrid, se depositaron los 250 cajones en los que fue transportada en el Palacio del Buen Retiro a la espera de poder ser ubicados cuando la nueva sede estuviera dispuesta. Como director, Dávila diseñó las salas en las que irían colocadas las piezas. Para ello elaboró un documento en el que se detallaba esta planificación espacial: dos salas para animales, otra para minerales, una para vegetales y varias más dedicadas a objetos artísticos.

Además, debía disponerse de otras salas para laboratorios en los que se prepararan piezas, se cortaran y pulieran piedras duras o se practicaran disecciones. Por último, el Gabinete debía contar con una sala para duplicados donde se guardarían piezas de las que había más de un ejemplar para intercambio con otras instituciones.

Esta incipiente institución se concibió no solo como un museo para la exposición de piezas curiosas naturales y artísticas, sino también como un centro de estudio y de difusión del conocimiento de la historia natural, contribuyendo así al desarrollo de la ciencia en España. 

Abrió sus puertas el 4 de noviembre de 1776. Se eligió esa fecha para hacerla coincidir con la onomástica del rey que posibilitó este proyecto. El éxito de público fue inmediato y considerable. Los visitantes se contaban por millares cada día. Hizo falta traer una guardia de seis soldados para contener la avalancha de gente que se agolpaba a la entrada. Estaba abierto a toda clase de público sin restricción alguna. Solo se pedía decencia en la vestimenta y buen comportamiento durante la visita. Constituyó un gran acontecimiento cultural en el Madrid de la época.
El apoyo de la monarquía a esta institución se hizo patente con la publicación de una Real Orden en 1776. En ella se ordenaba a todas las autoridades del Imperio, desde virreyes a intendentes, enviar todo aquello de interés natural que se encontrara en sus territorios.

Gracias a esta Real Orden llegó al Gabinete una de sus piezas más emblemáticas, el megaterio, un esqueleto completo de un perezoso gigante extinto encontrado en las barrancas del río Luján, cerca de Buenos Aires (Argentina). Dibujos de este ejemplar permitieron a Georges Cuvier del Museo Nacional de Historial Natural de París, describir la especie Megatherium americanum. Montado en la sala de petrificaciones del Real Gabinete, fue el primer vertebrado fósil que se exponía al público en Europa.

En 1777, se nombró vicedirector a Eugenio Izquierdo, como secretario a José Clavijo y Fajardo, y como pintor y disecador a Juan Bautista Bru. A pesar de la ayuda que representó la incorporación de estos nuevos cargos, pronto resultó insuficiente.

Había una gran cantidad de trabajo por la recepción continua de envíos de piezas naturales y artísticas procedentes de España y del extranjero, especialmente de América. También se recibían materiales de expediciones científicas (Alejandro Malaspina, 1754-1810), del intercambio con otras instituciones (Gabinete de Curiosidades del rey de Dinamarca, Gabinete Imperial de Viena y Real Sociedad de Londres) o de regalos del propio Carlos III (el Tesoro del Delfín, un elefante indio, una osa hormiguera o mesas de piedras duras). 

La compra de piezas fue otra de las vías con las que se incrementó la colección del Real Gabinete. Por ejemplo, en subasta pública en Ámsterdam se adquirió en 1785 por orden de Carlos III la colección iconográfica del pintor holandés Johannes Le Francq van Berkhey, que comprendía varios millares de láminas, la mayoría de historia natural. Manufacturas producidas en Extremo Oriente llegaban a Europa través de la ruta marítima del Galeón de Manila y el Real Gabinete se benefició de ello, adquiriendo todo tipo de objetos de arte, especialmente procedentes de China. 

Todo ello hizo que en poco tiempo resultara insuficiente el espacio en el Palacio. Para solucionarlo se proyectó la construcción de un nuevo edificio diseñado por Juan de Villanueva, aunque finalmente se destinó a pinacoteca nacional (actual Museo del Prado).

Tras la muerte de Dávila en 1786, y después de que Nicolás de Vargas ocupara el puesto de director interino, fue nombrado director Eugenio Izquierdo y José Clavijo, vicedirector.

Las múltiples ocupaciones de Eugenio Izquierdo en el terreno de la diplomacia y el espionaje para el primer ministro de Carlos IV, Manuel Godoy, hicieron que Clavijo asumiera en la práctica la dirección hasta su salida del Gabinete en 1802. 

Durante la gestión de Clavijo se incorporaron importantes colecciones de minerales chilenos formadas por los hermanos Heuland, peces y animales marinos de Cuba que envió Antonio Parra, o aves de Paraguay de Félix de Azara. Las prospecciones por España para la búsqueda de rocas y minerales de colaboradores como Francisco Javier Molina o William Bowles incrementaron notablemente el número de ejemplares de la colección geológica del Real Gabinete, destacando las piezas de azufre cristalizado procedentes de Conil (Cádiz).

Por su parte, Cristóbal Vilella y Amengual aportó durante veinte años ejemplares marinos provenientes de Mallorca.

Debido a la guerra de la Independencia (1808-1814), el Gabinete cerró sus puertas al público, interrumpió la labor docente de su Escuela de Mineralogía y también dejaron de publicarse sus Anales de Historia Natural. La revisión de obras científicas, el apoyo a expediciones o la catalogación de sus colecciones también quedaron truncadas. 

El Gabinete fue saqueado por las tropas de Napoleón, aunque la mayor parte de lo robado se recuperó tras ser reclamado por el Estado español. Entre las piezas devueltas figuró el Tesoro del Delfín, una colección de objetos y piedras preciosas que el propio monarca Carlos III había donado al Real Gabinete antes de su apertura al público. Actualmente se conserva en el Museo del Prado, pues se incorporó al patrimonio de esta pinacoteca en 1839.

Entre los fondos del Museo Nacional de Ciencias Naturales, además de numerosos ejemplares biológicos y geológicos de esta primera época, se conserva un valioso mobiliario, que incluye la mesa de Manila que utilizó Dávila, así como una librería y un reloj fabricados en tiempos de Floridablanca. También se pueden admirar pinturas como La Osa Hormiguera de su Majestad (1776) o el Quadro de la Historia Natural, Civil y Geográfica del Reyno del Perú (1799). 

En mayo de 2023, el Legado Cajal fue depositado en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) por instrucción de la Presidencia del CSIC. Como nuevos depositarios de este fondo universal, y atendiendo a su estatus de conjunto único de gran interés científico e histórico, el MNCN tiene como mandato trabajar en su conservación y difusión. Las medidas adoptadas para asegurar la preservación, divulgación y accesibilidad de este Legado están recogidas en este documento publicado en junio de 2024 por el CSIC.

El Legado Cajal ha sido recientemente declarado Bien de Interés Cultural, en la categoría de bien mueble (Real Decreto 361/2024). Previamente, la UNESCO había incluido en el programa  Memoria del Mundo los Archivos de Santiago Ramón y Cajal y la Escuela Histológica Española (2017). Desde 2022 celebramos el «Año de Investigación Ramón y Cajal«, un Acontecimiento Especial de Interés Público que se extenderá hasta el 31 de mayo de 2025.

El Legado Cajal está compuesto por un conjunto de más de 28.000 bienes de carácter científico y personal: mobiliario, instrumental, preparaciones histológicas, documentos, dibujos, fotografías y objetos personales. Todas estas piezas nos descubren las distintas facetas del Cajal investigador y maestro, así como su trabajo y el de sus discípulos más cercanos en el laboratorio. Se trata de un fondo patrimonial que sigue plenamente vivo, no solo por su indiscutible valor histórico, sino también por constituir la base de diversos estudios, investigaciones y tesis, al tiempo que conforma un fondo altamente demandado tanto para ilustrar como para dar a conocer la obra del padre de la neurobiología.

Las categorías de bienes más destacados que encontramos en el Legado son:

  • Dibujos científicos
  • Preparaciones histológicas
  • Fondo documental
  • Fondo fotográfico
  • Fondo bibliográfico        
  • Instrumental científico y técnico
  • Fondo artístico y de artes decorativas

Este patrimonio cultural y científico está disponible para investigadores, exposiciones y divulgación. En la exposición Santiago Ramón y Cajalinaugurada en 2020 en el MNCN, se puede contemplar una muestra representativa que realiza un recorrido por su vida y en la que se pueden observar dibujos científicos, obra pictórica, instrumentos, así como el Premio Nobel de Medicina que le fue concedido en 1906, culmen de sus investigaciones. En julio de 2023 se inauguró una segunda muestra, El Legado Histórico de Santiago Ramón y Cajal, que presenta una recreación de su laboratorio con el mobiliario original. En este espacio, el visitante puede disfrutar de una experiencia interactiva con realidad virtual que da a conocer aspectos básicos de neurociencia de la mano del propio Cajal.

El edificio

El Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid tiene su sede actual en el Palacio de las Artes y la Industria. El edificio se comenzó a construir en 1882, en los Altos del Hipódromo bajo la dirección del arquitecto Fernando de la Torriente, auxiliado por Emilio Boix y Merino, quien a la muerte del primero continuó las obras en 1886.

El constructor era Federico Villalba, pero a los pocos meses solicitó la autorización para ceder los derechos a una empresa extranjera, la Sociedad Anónima Internacional de Construcción y Contratas Públicas de Braine le Comte, de Bélgica, lo que motivó que muchos materiales fueran importados de este país.

El edifico lo constituye una estructura de ladrillo y hierro, con columnas de fundición, pisos de viguetas metálicas y armaduras de cubierta de sistema Polonceau. Estaba ornamentado con motivos cerámicos, casi desaparecidos, al igual que las carpinterías de acero originales.

El 21 de mayo de 1887 fue inaugurada la primera Exposición Nacional de Bellas Artes por la reina regente, Maria Cristina. En esta fecha las ventanas fueran cegadas en parte, para evitar que la iluminación cenital dañara las pinturas expuestas. La última Exposición Nacional de Bellas Artes se celebró en 1899. A partir de 1903 el edificio pasó por una etapa de abandono hasta los traslados de la sección de Entomología del Museo (1906) y en 1907 de la Escuela de Ingenieros Industriales.

El entonces director del Museo, Ignacio Bolívar y Urrutia, consiguió del Ministerio de Instrucción Pública la concesión de un nuevo local para las colecciones del Museo, que se amontonaban en los locales del Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales.

Las obras de adaptación para el Museo de Ciencias Naturales se realizaron entre 1909 y 1910, que fue instalado en la fachada norte, el a la izquierda de la fachada principal y el ala derecha de la posterior. Durante un tiempo coexistieron con el Museo y la Escuela de Ingenieros otros organismos: El Museo del Traje, el Cuartel de la Guardia Civil y el Instituto «Torres Quevedo».

En 1932 se proyectaron en la Ciudad Universitaria las obras para la construcción de las Escuelas Superiores de Montes e Industriales, pero solo la Escuela de Montes se trasladó al campus. De aquella concepción primitiva para que el edificio del Palacio de Exposiciones fuese una obra exenta en medio de jardines, queda muy poco, ya que se ha ido añadiendo edificaciones alrededor. No obstante desde el Museo se ha impulsado la realización de un Jardín Mediterráneo con especies botánicas propias de esta región, muchas de ellas presentes en la Comunidad de Madrid.

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Concluida la Guerra de la Independencia en 1814, el rey Fernando VII recuperó el trono de España. En 1815, con el propósito de unificar las enseñanzas de las ciencias naturales se creó el Real Museo de Ciencias Naturales, institución formada por el Real Gabinete de Historia Natural, el Real Jardín Botánico, el Estudio de Mineralogía y el Laboratorio de Química. Un año más tarde se le añadiría también el Observatorio Astronómico. 

En ese mismo año de 1815 se redactó el primer reglamento del Museo y se puso al frente del mismo a un protector, el ministro de Estado. El protector estaba auxiliado por un viceprotector, cinco profesores, cinco vice-profesores y cuatro conservadores. Durante años el centro estuvo sin director. Pasó, de ser gestionado por una Junta de Protección, a ser dirigido en 1837 por una Junta Gubernativa formada por catedráticos universitarios. Situación en concordancia con la importante innovación administrativa que se produjo en 1822, cuando el Museo adquirió un perfil plenamente universitario al ser adscrito a la Universidad Central de Madrid, fundada ese mismo año.

En 1845 comenzó a depender de la Facultad de Filosofía y sus enseñanzas formaron parte de la política educativa española. Su jefe administrativo, más tarde director, fue el catedrático interino de zoología Mariano de la Paz Graells. Su cargo estaba supeditado a las autoridades universitarias. Bajo su extenso mandato de 23 años se producen avances muy notables: se trabaja en la ordenación e incremento de las colecciones científicas y se acrecienta la investigación. También se impulsan expediciones científicas, como la que se organiza a tierras americanas, la Comisión Científica del Pacífico (1862-1865), los viajes del paleontólogo Juan Vilanova y Piera, o la participación en la Comisión del Mapa Geológico de España.

La Comisión Científica del Pacífico fue especialmente importante por tratarse de la primera expedición científica que incluyó entre sus miembros a un fotógrafo, Rafael Castro Ordóñez, lo que permitió documentar de forma gráfica cómo era América en el siglo XIX. Ordóñez fotografió desde ciudades, paisajes, retratos de personas de distintas clases sociales y razas a instalaciones estratégicas como puertos, aduanas, explotaciones agrícolas o mineras. En el Archivo Histórico del Museo Nacional de Ciencias Naturales se conservan casi 300 negativos y 138 copias a la albúmina.

Además de este material fotográfico, los cinco naturalistas españoles integrantes de la expedición, Patricio María Paz y Membiela, Fernando Amor y Mayor, Francisco de Paula Martínez y Sáez, Marcos Jiménez de la Espada, Manuel Almagro y Vega, y Juan Isern y Batlló, remitieron más de 80.000 ejemplares de fauna y flora, antropológicos y etnográficos, permitiendo tras su estudio el descubrimiento de nuevas especies. Partieron del puerto de Cádiz el 10 de agosto de 1862 y llegaron al puerto brasileño de Bahía el 9 de septiembre para recorrer Brasil, Uruguay, Argentina, Chile y Ecuador, llegando incluso hasta California. La Comisión se disolvió oficialmente en enero de 1866.

Esta y otras expediciones científicas tuvieron como consecuencia un aumento muy significativo de los ejemplares conservados en las colecciones del Museo y un intercambio fluido con otras instituciones. Graells se preocupó de que todo el fondo patrimonial del Real Gabinete estuviera catalogado. La tarea requirió dos décadas y un gran esfuerzo para ser completada. Aún con todo, mucho fondo museístico permanecía en cajas sin abrir por falta de personal y de financiación.

El proyecto de Graells, el Jardín Zoológico de Aclimatación, instalado en el Real Jardín Botánico, nació con el objetivo de criar nuevas especies con las que aumentar el suministro de carne a la población. Se trajeron animales de América (guanacos, maras, coipús, chinchillas, cisnes negros…) que poblaron los jardines del Botánico, junto a otra fauna ya existente. Con su destitución como director el proyecto se abandonó y los animales fueron trasladados al zoo situado en los Jardines del Retiro.

En 1867 se produjo una división del fondo museístico. Las piezas etnográficas y las antigüedades se enviaron al recién creado Museo Arqueológico Nacional, parte de las cuales pasarían tiempo después al Museo de América cuando se fundó en el año 1941. Fue la primera de las disgregaciones de su fondo, pues también proporcionó piezas a otros museos e instituciones como el Museo del Prado, la Biblioteca Nacional, el Museo Nacional de Artes Decorativas, el Museo del Traje o el Museo Nacional de Antropología.

Mariano de la Paz Graells es sustituido en la dirección en 1868 por Lucas de Tornos Usaque, discípulo suyo. El puesto dependía del rector de la Universidad y era asesorado por una Junta de Profesores. Durante su mandato, en 1871, se creó la Sociedad Española de Historia Natural (SEHN), una sociedad científica privada -la primera en España- en la que participaron varios naturalistas vinculados al Museo. La estrecha colaboración del Museo con la SEHN, supuso un gran estímulo para el avance de las ciencias naturales en España al colaborar con otros centros nacionales y extranjeros, organizar expediciones científicas y formar a naturalistas. Su fondo bibliográfico de libros y revistas cubría todas las ramas de las ciencias naturales (algunos de cuyos títulos eran únicos en España) y sus publicaciones, de gran prestigio científico, fueron un referente para la comunidad científica. Gracias al influjo beneficioso de la SEHN las puertas del Museo, que habían estado durante años cerradas, se volvieron a abrir.

El Museo participó en la Exposición Universal celebrada en París en 1878. Aunque España no había faltado a ninguna de las grandes exposiciones universales previas celebradas en Londres, París y Viena, su presencia no había sido muy relevante. Sin embargo, en la de 1878 se diseñó un pabellón español con fachada de estilo mudéjar para albergar los objetos de las numerosas instituciones públicas y privadas que concurrieron. El Museo exhibió tres cráneos y la fotografía de la momia de un guanche. La Comisión del Pacífico expuso treinta cráneos de indígenas de América, una cabeza de india guaraní embalsamada, ocho momias de indígenas del Perú y Bolivia, dos hamacas, diez flechas, tres cerbatanas, un arco, un escudo, rodela y diversas piezas de vestir y adornos de indios guaraníes, canelos, záparas, aguaricos, yaguas, etc., además de publicaciones escritas por miembros de la Comisión sobre moluscos y reptiles.

Cinco años después el Museo también concursó en otra muestra importante, la Exposición Nacional de Minería, Artes Metalúrgicas, Cerámica, Cristalería y Aguas Minerales del año 1883, inaugurada por el rey Alfonso XII. Obtuvo varios premios en distintas categorías, entre ellos, la Medalla de Oro al Mérito por la exposición de su colección de minerales. Esta medalla se conserva actualmente en la Colección de Bellas Artes del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

El Museo continuó su trayectoria colaborando con otros centros, como la Estación de Biología Marina de Santander creada en Cantabria en 1886. Era la primera institución dedicada a la biología del mar, para estudiar la flora y la fauna marina oceánica y litoral del mar Cantábrico, en aquel entonces muy poco conocidas. Además de investigar, esta Estación debía fomentar los estudios de biología marina y formar investigadores, colaborar para el progreso de las industrias asociadas a la explotación de recursos marinos e incrementar con ejemplares las colecciones de los museos y centros de enseñanza, uno de ellos, el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Desde 1901 a 1914 esta institución, fundada por Augusto González de Linares, estuvo adscrita al Museo.

En 1892 en la dirección del Museo se produjo un relevo, Lucas de Tornos Usaque murió y fue sustituido por el geólogo Miguel Maisterra Prieto. Ese año, Salvador Calderón y Arana fue comisionado para viajar por Europa con el objetivo de conocer la organización y funcionamiento de los grandes museos de historia natural, con la esperanza de que el madrileño Gabinete pudiera ser modernizado. Calderón presentó un proyecto para un centro que seguía estando escaso de financiación, de espacio y de una remodelación que lo elevara al nivel de otros museos de ciencias naturales, como el de Londres o París. No pudo ser.

Por el contrario, en 1895, mediante una Real Orden, el Ministro de Fomento Alberto Bosch y Fuster decretó el traslado del Museo de su sede original de la calle de Alcalá a una nueva en el Palacio de Biblioteca y Museos Nacionales del Paseo de Recoletos (actual Biblioteca Nacional/Museo Arqueológico Nacional) con el propósito de dotarle de una ubicación mejor. El espacio libre que dejaba el Museo iba a ser ocupado por el Ministerio de Hacienda.

A pesar de las protestas de científicos, profesores universitarios e intelectuales de la época, todo el fondo museístico tuvo que ser trasladado en 48 horas y depositado en los bajos del edificio, sin condiciones de conservación para las piezas y con graves destrozos, debido a la premura con el que se hizo la mudanza. No todas las colecciones científicas llegaron a aquel Palacio, la de insectos y la sección de Antropología, por ejemplo, fueron depositadas en el Museo del Dr. Velasco, hoy Museo Nacional de Antropología.

En 1897, dos años después de la pérdida de sede del Museo y debido a la defunción del anterior director, es nombrado Tomás Andrés y Andrés Montalvo, quien detenta el cargo durante tres años. Con la llegada del siglo XX el Museo iniciaría una nueva etapa de resurgimiento y esplendor.

El siglo XX comenzó para el Museo con su fondo museístico depositado en el suelo y en distintas salas del edificio que es ahora la Biblioteca Nacional de España, en el madrileño Paseo de Recoletos. Un lugar poco adecuado para la exposición de sus fondos, su cuidado e investigación.

El 2 de julio de 1901 se produce el nombramiento de un nuevo director, Ignacio Bolívar y Urrutia, naturalista y entomólogo de reconocimiento internacional, que emprendió la difícil tarea de encontrar una nueva sede. Esa reivindicación de un espacio propio ya venía recogida en el reglamento que se publicó en marzo de aquel año.

En él se marcaban los objetivos con los que se intentaría impulsar el desarrollo de las Ciencias Naturales en España: formar colecciones, realizar expediciones científicas, promover y fomentar obras científicas de calidad y aumentar el número de volúmenes de la Biblioteca, entre otros.

Además, con la reforma educativa del año 1901 se le atribuían al Museo funciones de investigación y enseñanza. También se decretó una organización del Museo en dos secciones, Geología y Zoología. El centro dependía de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central.

Ese mismo año de 1901 fueron importantes para el Museo las recolecciones, principalmente de fauna, que Manuel Martínez de la Escalera hizo en el Golfo de Guinea al formar parte de la Comisión de Límites que debía de fijar las fronteras entre España y Francia en aquella región. Aunque a finales del siglo pasado ya hubo incursiones científicas en ese territorio, fue ésta la que reunió una gran cantidad de importantes materiales, que después de su estudio por especialistas de todo el mundo, dio a conocer más de doscientas especies y veinte géneros nuevos.

Otras expediciones se sucedieron en el continente africano, como las apoyadas por la Comisión de Estudios del Noroeste de África, creada en 1905, de la que Manuel Martínez de la Escalera fue nombrado Comisario

En suelo español hay que mencionar los trabajos realizados por Eduardo Hernández-Pacheco en yacimientos del Terciario en las dos Castillas, Madrid y Teruel para el estudio y la datación de restos de mamíferos y grandes tortugas terrestres.

En 1906 Ignacio Bolívar solicitó al Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes espacio disponible para el Museo en las dependencias de un edificio terminado en 1887, el Palacio de Exposiciones de la Industria y de las Artes, situado en el Paseo de la Castellana de Madrid, ubicación en la que el Museo se mantiene actualmente. Las colecciones de insectos y la Real Sociedad Española de Historia Natural fueron las primeras en llegar a la nueva sede, concretamente, se ubicaron en el salón alto del Pabellón Norte. El Museo no se instaló en todo el Palacio, pues la Escuela de Ingeniería Técnica Industrial ocupó una buena parte del mismo. El traslado de todo el fondo museístico se completó en 1910.

En 1907 el Gobierno creó la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), presidida por Santiago Ramón y Cajal. Su cometido principal era impulsar los estudios de nivel superior y adjudicar becas para realizar estancias de investigación en el extranjero para formación de los pensionados.

El Museo, desconectado finalmente de la Universidad Central, se convirtió en un centro autónomo. Así, fuera de la enseñanza académica universitaria oficial, el Museo impartió sus propios cursos de formación y de prácticas orientados a la especialización y a la investigación. 

En este nuevo modelo de organización emergió la figura del jefe de sección como responsable de estudiar y fomentar las colecciones. Entre estos jefes de sección podemos destacar a Luis Lozano Rey, ictiólogo (peces), José Royo Gómez, geólogo, Eduardo Hernández-Pacheco, paleontólogo (fósiles) o Cándido Bolívar Pieltáin, entomólogo (insectos).

Otra figura sobresaliente fue Antonio de Zulueta y Escolano, pionero de la investigación genética en España y descubridor de la existencia de genes en el cromosoma sexual Y del escarabajo Phytodecta variabilis. Era también jefe del Laboratorio de Biología.

En 1910, la JAE se ocupó de la construcción de una Estación Alpina de Biología. La iniciativa partió del director del Museo, Ignacio Bolívar, quien había visitado varios jardines alpinos en Europa y promocionó la idea de crear un centro de esas características en la Sierra de Madrid.

La Estación, adscrita al Museo, serviría de base a los investigadores y potenciaría los estudios de historia natural en áreas de montaña. El lugar adecuado lo encontraron en la Sierra de Madrid entre las localidades de Cercedilla y Navacerrada, en un enclave llamado El Ventorrillo, a 1.400 metros de altitud.

Conocida como la Estación de El Ventorrillo, esta estación biológica se convirtió muy pronto en un magnífico centro de apoyo para los naturalistas. Aún sigue en pleno funcionamiento hoy día, utilizada por muchos investigadores del Museo y de otros centros nacionales y extranjeros, que estudian diversos aspectos de ecología, evolución, biodiversidad y conservación de la fauna y sobre ecosistemas de la Sierra del Guadarrama.

En 1912, se incorporó al Museo José María Benedito como jefe del Laboratorio de Taxidermia. Su hermano Luis fue becado por la JAE para conocer distintos laboratorios de taxidermia en Europa, especialmente, en Alemania, Francia y Holanda. Juntos, los dos hermanos Benedito realizaron hasta mediados del siglo XX las mejores obras de taxidermia que el Museo posee en la actualidad, como el elefante africano o la colonia de abejarucos.

En ese mismo año de 1912, fue fundada con sede en el Museo, la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, impulsada por la JAE. Esta Comisión se ocupó de hacer un inventario de las pinturas rupestres de la Península Ibérica y de que fueran calcadas y copiadas del original para conservar una réplica dibujada. Estos calcos  de pinturas rupestres de prácticamente toda la geografía española se conservan en el Archivo Histórico del Museo Nacional de Ciencias Naturales y su número asciende a más de 2.200 calcos. 

En 1913 llegó al Museo en barco desde Nueva York la donación de la réplica del esqueleto de un Diplodocus carnegii un dinosaurio del periodo Jurásico superior. El donante fue el magnate estadounidense Andrew Carnegie y el destinatario del donativo el rey Alfonso XIII, quien lo regaló al Museo.

Carnegie había donado réplicas de este dinosaurio a otros museos de ciencias naturales, como los de Londres, París o Viena. El original se custodia en el Carnegie Museum of Natural History en la ciudad de Pittsburgh (Pensilvania, Estados Unidos).

Operarios del Carnegie Museum ayudaron con el montaje de esta réplica de veinticuatro metros que llegó en treinta y cuatro cajas que sumaban más de cuatro mil kilos de peso. Se expuso en el gran salón o rotonda del Palacio que ocupaba la Escuela de Ingenieros. El salón en el que lucía la réplica en solitario fue inaugurado el 3 de diciembre de 1913 por la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena.

Constituyó un polo de atracción de visitantes para el Museo, que se contaban por miles. Hoy todavía es una de las piezas más emblemáticas del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

También en 1913 el Museo cambió su denominación a la que tiene actualmente, Museo Nacional de Ciencias Naturales. El personal se había incrementado notablemente y se había especializado. Había jefes de sección, conservadores, disecadores, preparadores, colectores, taxidermistas, botánicos, profesores de biología; y personal auxiliar como conserjes, mozos de laboratorio y porteros. En 1920 el Museo ya contaba con siete secciones: Mineralogía; Geología y Paleontología; Osteozoología; Entomología; Malacología y animales inferiores; Hidrobiología; Microbiología. A estas siete secciones había que sumarles tres laboratorios: Biología, Taxidermia y Botánica.

El incremento de su actividad a todos los niveles se refleja también a través de la abundancia de sus publicaciones. Se publican numerosos artículos realizados por su personal en revistas científicas y también libros. Se componen series y monografía editadas por el propio Museo. De 1912 a 1939 se editaron 129 monografías de la serie Trabajos del Museo Nacional de Ciencias Naturales, con obras dedicadas a la geología, zoología y botánica.

Se escribieron treinta y ocho volúmenes de las Memorias de la Comisión de Investigaciones Geográficas, Científicas y Prehistóricas y en 1925 se funda la revista de Entomología EOS, que pronto alcanzó renombre internacional. A todo esto, hay que añadir la participación en la actividad editorial que el Museo mantuvo con dos sociedades científicas, la Española de Historia Natural y la de Antropología. 

Este periodo fecundo de actividad científica y de labor museística, de participación en expediciones, de colaboración con otras instituciones, de participación en exposiciones, de organización de congresos, como el VI Congreso Internacional de Entomología en 1935, se vio truncado por la guerra civil española (1936-1939). 

El Museo cerró sus puertas y parte de los trabajadores se trasladaron a Valencia, incluido su director, Ignacio Bolívar. Una parte de su patrimonio se trasladó fuera del Museo para protegerlo de los bombardeos, como algunos ejemplares zoológicos valiosos, que se llevaron al Museo del Prado. La actividad investigadora se mantuvo con el poco personal presente hasta el final de la contienda. A cargo del Museo estaba Antonio de Zulueta, como director provisional, hasta su destitución pocos días antes de la entrada de las tropas franquistas en Madrid el 28 de marzo de 1939. 

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El sábado 18 de marzo de 1939 el Museo recibió la notificación de la destitución de su director provisional Antonio de Zulueta, que junto a unos pocos empleados había gestionado y defendido la institución durante el periodo de la contienda bélica. En su lugar nombraron, también como director provisional, al paleontólogo e investigador del Museo Eduardo Hernández-Pacheco.

Su nombramiento solo duró un mes, de abril a mayo de 1939, al ser sustituido por Filiberto Díaz Tosaos, encargado del régimen interior y las depuraciones al personal. Más tarde, fue el ingeniero Pedro de Novo y Fernández, quien detentó el cargo de director durante dos años y medio, hasta octubre de 1941.

El Museo reabrió sus puertas al público un martes 17 de octubre, seis meses después del final de la Guerra Civil. Los visitantes volvieron ese otoño del 39, especialmente los domingos, y se contaban por miles. Sus colecciones no habían sufrido daños. 

Se abrieron dos salas nuevas: la de Ornitología, con cuarenta grupos biológicos de aves ordenados taxonómicamente, y la de Geografía Física, con gráficos, mapas actualizados, fotografías, grabados y maquetas. Ambas fueron inauguradas oficialmente en julio de 1944. Por su parte, la Sala de Mineralogía centró la colección exhibida en yacimientos españoles, minerales útiles y piedras ornamentales. La Sala del Mar renovó sus especímenes, mejoró la iluminación y fue decorada con acuarelas de peces.

A nivel administrativo el Museo pasó a formar parte, como un instituto más, de una institución científica recién creada por el gobierno franquista, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), fundado en noviembre de 1939. El CSIC creó el Instituto José Acosta de Ciencias Naturales y el Museo quedó adscrito a él. Este Instituto asumiría todo lo relativo a la gestión de la investigación, mientras que el Museo se responsabilizaría de la conservación de su patrimonio científico y de su divulgación a través de exposiciones. Los cargos de director y secretario del Instituto José Acosta recaían sobre las mismas personas que desarrollaban esas mismas responsabilidades en el Museo y el domicilio del Instituto sería el del propio Museo. 

En la década de los años cuarenta el Museo, dirigido por Emilio Fernández Galiano de 1941 a 1953, se caracterizó por un proceso de fragmentación interna: algunas de sus secciones se convirtieron en centros autónomos, siguiendo un modelo de especialización, contrario a una concepción global de las Ciencias Naturales que había presidido en la institución hasta ese momento.

En marzo de 1941 la Sección de Entomología es desligada del Museo para fundar con ella el Instituto Español de Entomología. Tenía como misión fundamental recolectar y estudiar la fauna española de insectos, y colaborar en el control de plagas agrícolas y forestales. Se editó una revista nueva, Graellsia Revista de entomólogos españoles

Dos años más tarde, en 1943, otra sección del Museo, la de Geología y Paleontología, se constituyó en el Centro de Investigaciones Geológicas Lucas Mallada, luego Instituto independiente. Constaba de cuatro áreas: petrografía, paleontología, geomorfología y fisiología. Por último, en 1946, se estableció el Centro de Investigaciones Zoológicas para estudiar anatomía, fisiología animal, genética e histología. Los tres tuvieron su sede en el Palacio de la Industria y de las Artes, lo que provocó problemas de espacio, de recursos, de personal y de coordinación entre las partes.

El personal del Museo continuó la revisión y conservación de sus colecciones y se preocupó por la mejora del acondicionamiento de sus salas y del edificio en general. Una de las piezas recuperadas para su exhibición fue el Megatherium americanum (gigante perezoso). Este valioso ejemplar había sido desmontado cuando el Museo dejó su primera sede de la calle de Alcalá y guardado en armarios.

Fue restaurado y montado por el geólogo Carlos Vidal Box. Su presentación al público en 1951 tuvo lugar en la misma sala en la que se encontraba el diplodocus. Se colocó en posición perpendicular al dinosaurio.

Años más tarde, se dispondría en paralelo a él para hacer sitio al esqueleto del Elephas antiquus descubierto en 1958 en el transcurso de unas obras en Villaverde Bajo (Madrid). 

Tras el fallecimiento de Emilio Fernández Galiano es nombrado director del Museo Maximino San Miguel de la Cámara, que lo regentó de 1953 a 1961. Se intentó, sin éxito, que el Museo dependiera directamente del Ministerio de Educación Nacional con la idea de atraer más financiación por parte del Estado y una nueva sede más espaciosa y apropiada. Por aquel entonces visitaban el Museo 125.000 personas al año. La iniciativa no prosperó y el Museo siguió adscrito al CSIC.

En 1955 se acordó con el Ayuntamiento de Madrid que el Museo recibiera los animales muertos procedentes de la Casa de Fieras del Parque del Retiro. Con esta medida el Museo incrementó la entrada de fondos nuevos en esta etapa de penuria de recursos.

Sin presupuesto para muestreos ni para expediciones, ni apenas actividad, el Museo casi no aumentó sus colecciones, ni el fondo bibliográfico de su biblioteca. Hubo excepciones, como el descubrimiento en 1956 de unos restos de tres especies de dinosaurios hallados en Lérida por el paleontólogo Emiliano Aguirre y el investigador francés Albert-Félix de Lapparent. T

También la sección de ictiología (peces) fue impulsada gracias a Luis Lozano Rey. Su trabajo tuvo gran relevancia tanto en publicaciones como en el incremento de la colección de peces gracias a sus campañas de muestreo.

Por otro lado, la ornitología avanzó con la creación de un Centro de Migración de Aves en 1960, por iniciativa del jefe de la Sección de Vertebrados del Museo, Francisco Bernis Madrazo, que contó con el patrocinio de la Fundación Juan March y la colaboración de voluntarios.

En los años sesenta se produjo un relevo en la dirección. El fallecimiento de San Miguel de la Cámara en 1961 dio paso al mandato de Francisco Hernández-Pacheco de la Cuesta. El nuevo director solicitó al director general de Educación Universitaria trasladar el Museo a un edificio de nueva construcción en la Ciudad Universitaria. Tampoco prosperó este intento. 

En el Museo la plantilla era cada vez más escasa. Se constató una clara disminución de colaboración de profesores universitarios. Esta disminución fue consecuencia de una regulación del Ministerio de Educación en 1959 que determinó la dedicación completa de su personal docente a las tareas propias de la Universidad.

La investigación se resintió y la actividad museística (clasificar, ordenar, conservar y mostrar) tuvo que continuar con el poco personal del Museo. En el Laboratorio de Taxidermia se restauraron piezas y se prepararon nuevas, se reorganizó el fondo cartográfico, se revisaron todas las piezas expuestas en las salas de paleontología (fósiles), en malacología (peces) se redactó un catálogo con 30.000 entradas, el Archivo histórico catalogó 2.000 documentos de los años 1612 a 1786 y la Biblioteca trasladó su fondo a un nuevo local dispuesto para este fin en el edificio del Museo. 

Francisco Hernández-Pacheco se jubiló, pero se quedó como director en funciones desde 1972. En octubre de 1973 visitó el Museo el príncipe heredero de Japón, Akihito. El príncipe era un gran aficionado a las ciencias naturales, sobre todo, a la ictiología (peces). El Ministerio de Asuntos Exteriores avisó el día anterior y no hubo tiempo material de preparar la visita convenientemente, porque a pesar del esfuerzo en la década anterior por mejorar la parte museística, todavía quedaba mucho fondo desordenado y mal conservado. La prensa posteriormente se hizo eco de la situación precaria que estaba atravesando el Museo. 

A mediados de los años setenta, en marzo de 1975, es nombrado director del Museo el genetista Eugenio Ortiz de Vega. Al poco de ocupar su cargo hubo otro intento de cambio de sede. La idea era derribar el Palacio que ocupaba el Museo y la Escuela Superior de Ingenieros Industriales y construir en su lugar un edificio para Presidencia del Gobierno. Se descartó la idea del derribo por el valor arquitectónico del edificio y sus inquilinos (el Museo y la Escuela) permanecieron, y aún permanecen, en su mismo emplazamiento.

Eugenio Ortiz se decantó por intentar dotar de funcionalidad al Museo: nuevos uniformes para los vigilantes; más vitrinas, armarios y mesas para colocar las piezas; todos los fondos inventariados (colecciones, aparatos científicos y mobiliario), inauguración de una sala de lectura de la biblioteca y reapertura del Salón de Actos.

Todo ello se llevó a cabo con el poco personal que formaba la plantilla. En 1976 solo figuran el director, una responsable del Archivo histórico, cinco auxiliares, un administrativo, seis miembros como personal de limpieza y cinco jornaleros. No había investigadores, ni conservadores, ni divulgadores, ni especialistas en exposiciones. La primera plaza de investigador llegó al Museo en 1978 y la primera de conservador de colecciones en 1984. 

El director del Museo comunicó a la prensa en 1979 la noticia de un proyecto de renovación del Museo que quintuplicaría el espacio visitable y que ampliaría la plantilla de investigadores y del personal gestor. Con ello se cambiaría la imagen del Museo, el segundo más visitado en Madrid, por 280.000 personas al año en ese tiempo, de las que dos tercios eran escolares.

Con el anuncio de esta remodelación se pretendía solucionar los problemas que arrastraba el Museo y al mismo tiempo acallar las críticas de deterioro y expolio publicadas en la prensa de la época. La remodelación total anunciada se llevaría a cabo años más tarde a principios de la década de los noventa.

Aires de renovación y reestructuración recorrieron el CSIC. A finales de 1984 se reintegraron en el Museo los institutos que en los años 40 se habían independizado, el Instituto Español de Entomología y el de Geología. Un nuevo director interino, Emiliano Aguirre Enríquez, reconocido paleontólogo, fue el encargado de inaugurar la que será una nueva e ilusionante etapa para el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

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El Museo, tras la reestructuración que le hizo recuperar las secciones que años atrás se habían independizado, volvió en 1985 a ser un centro que aunaba investigación y conservación de colecciones científicas, y que exhibía y divulgaba sus fondos patrimoniales, como lo fue en el primer tercio del siglo XX. 

La dirección del Museo estaba a cargo del investigador y paleontólogo Emiliano Aguirre Enríquez, anteriormente jefe de la Sección de Paleontología de Vertebrados y Humana. Tan solo estuvo de 1985 a 1986 como director interino, pero su paso por el Museo supuso un auténtico cambio de rumbo para la institución. 

Tras un diagnóstico pormenorizado de la situación del Museo, Aguirre comenzó su mandato con el cierre del ala sur del Museo para rehabilitar las exposiciones dedicadas a Geología y Paleontología ante el deterioro que presentaban. Denunció robos patrimoniales, especialmente el de la colección iconográfica del siglo XVIII van Berkhey, que llevaba en el Museo desde los tiempos del Real Gabinete, y de otras valiosas joyas bibliográficas. Gracias a su esfuerzo, y a los de posteriores directores, se recuperaron más de 4.500 láminas sustraídas de esta colección. 

Durante la dirección de Aguirre figuró la mejora en el acondicionamiento de las infraestructuras en tejados, pasillos y escaleras. Se eliminaron humedades. Se desinfectaron las salas y se controlaron sus condiciones atmosféricas con termómetros e higrómetros. Se restauraron ejemplares de las colecciones de Zoología y Paleontología. Se renovaron los minerales y rocas expuestos y se rehabilitó la Sala de Geomorfología.

Se comenzó el inventario de las colecciones para su posterior informatización con la ayuda de empleados contratados a través de un convenio con el Instituto Nacional de Empleo. Se reunió en una sola biblioteca las tres de los centros que formaban antes el Museo. Además, se contó con personal especializado para realizar actividades didácticas y se inició un proyecto pionero dirigido a la adaptación de la visita al Museo para personas discapacitadas. Se consiguieron plazas de conservadores y de investigación para disciplinas que no contaban en ese momento con un especialista, como la mastozoología, la ictiología o la malacología.

A Aguirre le sucedió en octubre de 1986 la primera mujer que fue directora del Museo, la botánica Concepción Sáenz Laín procedente del Real Jardín Botánico. El eminente paleontólogo continuó colaborando con el Museo en lo relativo a exposiciones y al proyecto de una nueva sala de Paleontología y Geología.

Sáenz dirigió el Museo durante dos años en los que impulsó sobre todo la parte museística de la institución y la divulgación científica a la sociedad. Fundó la Sociedad de Amigos del Museo Nacional de Ciencias Naturales en 1986 y proyectó lo que sería la exposición Historia de la Tierra y de la Vida en el pabellón de Geología.

Abrió sus puertas al público el 31 de mayo de 1989 con esta magna exposición sobre la historia de la Tierra, de los animales y las plantas del pasado. La ceremonia de inauguración contó con la presencia de los entonces reyes de España, Don Juan Carlos I y Doña Sofía, que fueron recibidos por el sucesor de la directora del Museo, Pere Alberch

Alberch detentó la dirección hasta noviembre de 1995 y su mandato se caracterizó por las numerosas exposiciones temporales e itinerantes -modernas, interactivas y audiovisuales- que atrajeron gran afluencia de público: Dinosaurios, animales fantásticos, monstruos desconocidos; 600 millones de años de viaje submarino; Insectos gigantes; Amada Tierra, Primeros europeos… 

Desde 1987, el Museo estaba regido por un Patronato formado por un representante de las distintas instituciones que lo componían: Ministerio de Educación, Ministerio de Cultura, Comunidad de Madrid, Ayuntamiento de Madrid, Universidad Politécnica y el CSIC, además del director/a del propio centro.

Este Patronato diseño un Plan de Acción de cuatro años (1986-1990) que detalló las obras de remodelación que supusieron la clausura de parte del centro al público durante varios años: de mediados de 1990 hasta el 10 de enero de 1994. Esta vez la ceremonia de inauguración contó con la presencia del entonces Príncipe de Asturias, hoy rey, Felipe VI. Para su nuevo diseño se tomó como modelo la renovación operada en el Museo de Historia Natural de Londres. 

No se trató solo de una transformación arquitectónica, también lo fue a nivel organizativo con un nuevo organigrama que agrupaba al personal y sus cometidos en torno a las tres principales áreas del Museo: Colecciones, Exposiciones e Investigación.
Años más tarde se creó un Departamento de Comunicación para que difundiera a los medios de comunicación y redes sociales (Twitter, Facebook y YouTube) los logros científicos que el Museo ha obtenido en el transcurso de sus investigaciones y las actividades que organiza periódicamente. Estas actividades incluyen labores lúdicas y educativas -tanto para niños como para adultos- que llevan implementándose ininterrumpidamente desde los años noventa en formato de talleres, cursos y campamentos.

Se creó también un servicio auxiliar de apoyo a la investigación, el Servicio de Documentación, en el que se integró la Biblioteca, el Archivo y un Laboratorio de Restauración de Papel. Los fondos, tanto del Archivo como de la Biblioteca, se pueden consultar en Internet al estar integrados dentro del catálogo de la Red de Bibliotecas del CSIC.

La investigación, por su parte, se organizó en torno a distintos departamentos que se correspondían con grandes áreas temáticas de las ciencias naturales. En la actualidad estos departamentos son seis: Biodiversidad y biología evolutiva; Biogeografía y cambio global; Biogeoquímica y ecología microbiana; Ecología evolutiva; Geología; Paleobiología.

En cuanto las colecciones que el Museo custodia hoy día, quince son puramente científicas, dos son científico-artísticas y cuatro forman parte del Servicio de Documentación. Las científicas albergan unos once millones de ejemplares -de ellos unos 41.238 son ejemplares tipo- de 320.000 especies diferentes del reino animal. Además, se conservan muestras de tejido (105.000) y secuencias de ADN (16.517) en su biobanco. También forman parte de sus colecciones una importante recopilación de sonidos de animales en su fonoteca (caso 50.000 registros de más de 16.000 especies), digitalizaciones (imágenes) de los fondos de sus colecciones en distintas bases de datos, libros y revistas en su biblioteca, documentos históricos, láminas y fotografías en su archivo, y una importante colección de instrumentos científicos, mobiliario y obras de arte (cuadros, bustos, medallas y piedras bezoares).

La procedencia de los ejemplares que ingresan en las colecciones del Museo en los últimos años es muy variada: una parte importante de muestras corresponden a trabajos de recolección de material realizados en campañas y proyectos científicos, no solo del Museo sino también de otros centros de investigación españoles y extranjeros. Las donaciones privadas son, en algunas colecciones, una importante fuente de ingresos de ejemplares.

Las incautaciones realizadas por el SEPRONA (Guardia Civil), los decomisos en aduanas y los animales muertos en parques zoológicos también proveen de especies protegidas, muchas en peligro de extinción, a las colecciones. En este sentido, cabe señalar que el Museo es la Autoridad Científica nacional de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES). 

Además del uso estrictamente científico de estos fondos son muy frecuentes los préstamos de ejemplares de sus colecciones para exposiciones del propio Museo y de otros como el Prado, el Reina Sofía, el Thyssen Bornemisza, el Arqueológico Nacional, el Cerralbo, el de la Evolución Humana de Burgos, el Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid o el Museo de la Ilustración de Valencia.

También se prestan piezas a otras instituciones como el Real Jardín Botánico, la Biblioteca Nacional, el Palacio Real, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando o la Real Academia Nacional de Medicina.

Con el paso de los años el Museo está acelerando la informatización y digitalización de sus fondos, lo que le ha permitido acrecentar su dimensión internacional. Forma parte y es miembro fundador de una red europea de museos de ciencias naturales, de historia natural y de jardines botánicos de veintiún países que comparten el acceso a sus colecciones en el Consortium of European Taxonomic Facilities, Scientific Colletions International (CETAF).

También participa y es miembro fundador desde 2013 de otro consorcio con la finalidad de dar visibilidad a las colecciones científicas: Scientific Collections International (SciColl).  Facilitar información científica sobre los seres vivos de todo el planeta a cualquier persona que lo solicite es lo que hace la red de acceso abierto sobre diversidad biológica Global Biodiversity Information Facility (GBIF) de la que también forma parte el Museo, a través del nodo español de GBIF. 

El proyecto europeo financiado por la Unión Europea SYNTHESYS + (Synthesis of Systematic Resources) fija estándares y protocolos comunes para la conservación de colecciones y bases de datos y permite la movilidad de investigadores mediante estancias cortas en los centros que lo integran. El Museo, desde el año 2004, ha recibido a través de este proyecto más de un centenar de investigadores de toda Europa que han tenido acceso a sus colecciones y a sus servicios con fines de investigación. 

En la actualidad, los museos y jardines botánicos europeos trabajan coordinados en el establecimiento de una nueva infraestructura de investigación paneuropea, Distributed System of Scientific Colletions (DiSSCo), que va a permitir centralizar el acceso físico, mediante estancias de los investigadores; el acceso remoto, mediante préstamo de ejemplares; y el acceso virtual por solicitud de digitalización de un billón y medio de ejemplares biológicos y geológicos de las colecciones de 23 países europeos.

Durante la segunda década del siglo XXI se realizaron las nuevas exposiciones permanentesMinerales, fósiles y evolución humana (2010), en el ala sur, Biodiversidad (2012), en la sala principal del ala norte del edificio, con nuevas vitrinas y nuevas tecnologías como la realidad aumentada y diferentes puestos interactivos. Se renovó la exposición El Real Gabinete de Historia Natural (2011). Estas muestras implicaron un nuevo enfoque museológico que supuso el regreso a las salas del Museo de gran número de ejemplares de colecciones, largamente reclamados por el público visitante, que sirven ahora para explicar los procesos biológicos ligados a la biodiversidad y su conservación.

El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) es en la actualidad un museo dinámico, referente a nivel internacional en la investigación en ciencias naturales y las consecuencias del impacto humano sobre la naturaleza y el planeta; que custodia un gran patrimonio histórico a la vez que conserva en infraestructuras científicas modernas unas colecciones únicas; y que está volcado en divulgar el conocimiento científico de forma universal a toda la sociedad, educando y fomentando vocaciones científicas en las nuevas generaciones.

El Museo aspira en el futuro a poder contar con el espacio, personal y presupuestos similares a los que tienen otros museos europeos de ciencias naturales, para poder ofrecer una gran instalación al servicio de la ciencia y la sociedad, de la que España se sienta orgullosa.

Directores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) de 1985 a la actualidad     

  • Emiliano Aguirre Enríquez (1985-1986)
  • Concepción Sáenz Laín (1986-1988)
  • Pere Alberch Vié (1988-1995)
  • Manuel Hoyos Gómez (1995-1996)
  • Roberto Fernández de Caleya (1996-1997)
  • Monserrat Gomendio Kindelán (1997-2002)
  • Alfonso Gabriel Navas Sánchez (2002-2009)
  • Esteban Manrique Reol (2009-2013)
  • Santiago Merino Rodríguez (2013-2021)
  • Rafael Zardoya San Sebastián (2021- )
Bellas Artes

Introducción

La Colección de Bellas Artes y Artes Decorativas del Museo Nacional de Ciencias Naturales está formada por bienes de diversas procedencias o utilidades, algunos de los cuales se remontan a la fundación de la institución como Real Gabinete de Historia Natural. Este abanico de objetos está integrado por obras de pintura, escultura, mobiliario antiguo o medallas conmemorativas, pero también por bienes con una utilidad específica, empleados por el personal del Museo en los siglos XIX y XX.

Esta colección heterogénea se ha ido conformando a través de 250 años de historia y representa un testimonio directo del trabajo desarrollado en la institución.

La colección

Las piezas más antiguas de la colección se remontan al siglo XVIII. Entre ellas destacan algunas pinturas de carácter histórico, como el Quadro de la Historia Natural, Civil y Geográfico del Reyno del Perú (L. Thiebaut; J. Lequanda, 1799), una obra que presenta una descripción de la geografía, etnografía, flora, fauna e historia económica del Virreinato de Perú en doscientas escenas, o La Osa Hormiguera de su Majestad, cuadro que Carlos III encargó a Rafael Mengs en 1776.

La colección cuenta también con mobiliario de esta época: la Librería del Conde de Floridablanca o la Mesa de Manila que perteneció a Pedro Franco Dávila. Dentro de las Artes Decorativas son especialmente singulares dos piedras bezoares montadas en plata, unos cálculos gastrointestinales de origen animal que eran empleados como antivenenos o amuletos.

Es destacable la presencia de obras que hacen referencia a figuras que han sido especialmente relevantes para la historia de la institución, como Pedro Franco Dávila (1711-1786), cuya colección personal constituye el principal antecedente del Real Gabinete, o Ignacio Bolívar Urrutia, entomólogo (insectos) y cofundador de la Sociedad Española de Historia Natural que ejerció como director del Museo entre 1901 y 1936.

El fruto de la investigación también aparece representado en la colección: se conservan medallas e insignias de Exposiciones y Congresos Internacionales de finales del siglo XIX y principios del XX que son testimonio de la intensa actividad científica y de divulgación en la que participaban los investigadores de la institución.

Entre ellas, son destacables una medalla de oro Concedida al Museo por su colección de minerales, presentada en la Exposición Nacional de Minería de 1883, y un conjunto de medallas del VI Congreso Internacional de Entomología celebrado en 1935. También se conserva material relacionado con la Administración del centro, como sellos, máquinas de escribir antiguas y una urna de madera para votaciones del siglo XIX.

De más reciente incorporación son obras contemporáneas que han formado parte de exposiciones temporales o donaciones, como el legado de medallas e insignias que pertenecieron a Juan Marcilla Arrazola (1886-1950). Se trata por tanto de una colección activa y excepcional entre las colecciones del MNCN que aporta una visión diferente al estudio de las Ciencias  Naturales a lo largo de los 250 años de historia de la institución.

Mamíferos

Está formada aproximadamente por unos 27.000 ejemplares, que se conservan como pieles (naturalizadas o de estudio), esqueletos (desarticulados y montados) e individuos  enteros sumergidos en etanol al 70%. Existen representantes de los 20 órdenes de la Clase Mammalia, de 110 familias, 401 géneros y 886 especies. 13.746 ejemplares capturados en España pertenecientes a 7 órdenes; 30 familias y 111 especies.

Los ejemplares de esta colección proceden en su mayoría (mas de un 60%) del territorio español, estando también representadas de forma notable las faunas procedentes de las antiguas áreas de influencia española: Latinoamérica, Norte de África, Filipinas y Guinea Ecuatorial.

La colección de ejemplares naturalizados de mamíferos constituye la más importante y numerosa del territorio español. Su excelente realización se debe en su gran mayoría a los hermanos Benedito (Luis los mamíferos y José María las aves), taxidermistas que trabajaron en el Museo a principios del Siglo XX. Ejemplos a destacar son los dioramas (representación tridimensional) y los grandes mamíferos africanos: El elefante (Loxodonta africana), la jirafa (Giraffa camelopardalis), el rinoceronte (Diceros bicornis)

Aves

La colección de ejemplares naturalizados de Aves constituye la más importante y numerosa del territorio español.

Su excelente realización se debe en su gran mayoría a los hermanos Benedito (Luis los mamíferos y José María las aves), taxidermistas que trabajaron en el Museo a principios del Siglo XX.

Ejemplos a destacar son los dioramas de aves como el de los abejarucos que ilustra esta sección.

Los ejemplares de esta colección proceden en su mayoría (más de un 40 %) del territorio español, estando también representadas de forma notable las faunas procedentes de las antiguas áreas de influencia española: Latinoamérica, Norte de África, Filipinas y Guinea Ecuatorial.

Actualmente consta de unos 30.000 ejemplares, que se conservan en forma de: 

  • pieles: naturalizadas y preparadas para estudio científico
  • esqueletos: en su gran mayoría desarticulados; huevos y nidos
  • especímenes enteros sumergidos en fluidos (alcohol etílico al 70%)

Se encuentra inventariada en un 87.4% y este inventario está totalmente informatizado.

Respecto a la composición taxonómica, en la colección están representados todos los órdenes de la Clase Aves, con 162 familias, 1.223 géneros y 2.660 especies.

Los ejemplares españoles son 12.400 pertenecientes a 75 familias y 380 especies, estando representadas todas las comunidades autónomas españolas.

Herpetología

La colección de herpetología conserva ejemplares pertenecientes a dos grandes grupos de vertebrados, que por tradición, se estudian bajo la disciplina de la Herpetología. Estos son, los anfibios y los reptiles (=saurópsidos no aves).

DIVERSIDAD GENERAL

Los anfibios constituyen un destacado grupo zoológico por presentar una serie de características únicas entre los vertebrados terrestres, como la presencia de metamorfosis, diversificados sistemas de reproducción, y respiración cutánea a través de su piel desnuda y glandular.

Actualmente engloban más de 8736 especies clasificadas en tres grandes grupos morfológicamente muy diferenciados: (1) Gymnophiona (conocidas como cecilias), que cuentan con 222 especies de distribución tropical, (2) Caudata (tritones y salamandras), con 823 especies holárticas y neotropicales, y (3) Anura (ranas y sapos), el grupo más diverso y ampliamente distribuido, con 7.691 especies.

Los reptiles o saurópsidos no avianos, son un grupo de amniotas que se encuentran comprendidos por 11.341 especies repartidas en los grupos Rhynchocephalia (tutataras) con una especie, Crocodylia con 26, Testudines con 360, y Squamata (escamosos) con 10.954 especies entre saurios, anfisbénidos y serpientes. Este último grupo cobra especial relevancia en el ámbito de la medicina debido a que una minoría de especies presentan capacidad de sintetizar veneno.

DIVERSIDAD ALBERGADA EN EL MNCN

La Colección de Herpetología del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) conserva más de 70.000 ejemplares (44.000 anfibios y 26.000 reptiles), entre los que se contabilizan 725 especies de anfibios y 917 especies de reptiles. Proceden, en su mayoría, de la Península Ibérica, norte y centro de África, América del Sur, y Filipinas (territorios donde hubo tradicionalmente presencia española), con contribuciones menores de otras partes del mundo. 

Los ejemplares se conservan mayoritariamente en fluido (etanol al 70%; excepto larvas de anfibios que se mantienen en formol al 10%). El resto de material conservado se agrupa en (1) la colección de esqueletos desarticulados y conservados en seco, formados por 2.900 ejemplares, (2) la colección de ejemplares transparentados y teñidos, que constan de 3.613 ejemplares mantenidos en glicerina, y (3) la colección de ejemplares naturalizados de gran valor histórico, formado por 182 ejemplares de reptiles.

EJEMPLARES TIPO DE LA COLECCIÓN DE HERPETOLOGÍA MNCN

En taxonomía, tipo o tipos, se refiere a un espécimen (o varios) que se utiliza para definir y representar una especie u otro taxón. Estos tipos son importantes porque proporcionan una referencia estándar para identificar y comparar especies, ayudando así a mantener la consistencia y claridad en la taxonomía. Sin ellos, no se podría nombrar e identificar adecuadamente la biodiversidad del planeta.


El material tipo de la colección de Herpetología del MNCN comprende 779 ejemplares de anfibios y reptiles, correspondientes a 125 taxones (87 taxones de anfibios y 38 de reptiles). Son de destacar los tipos de Edalorhina pereziHyloxalus bocageiPristimantis galdi, y Centrolene geckoideum por representar las especies tipo de sus respectivos géneros. Este material se encuentra geo-referenciado y se puede consultar en el siguiente enlace: https://arcg.is/DWT0z.

HISTORIA DE LA COLECCIÓN 

La colección tiene su origen en 1771, dentro del gabinete de Historia Natural fundado por el rey Carlos III tras adquirir la colección de Pedro Franco Dávila. Entre los primeros ejemplares conservados en la colección están algunos cocodrilos naturalizados y referenciados por el primer disecador del gabinete, Juan Bautista Bru, en 1784, y las tortugas marinas Caretta caretta (Linnaeus, 1758), Chelonia mydas (Linnaeus, 1758), y Eretmochelys imbricata (Linnaeus, 1758), enviadas desde Cuba por el naturalista Antonio Parra entre 1788 y 1793.

La colección se ha nutrido de importantes aportaciones procedentes de campañas científicas. Entre las expediciones de índole histórico, destaca la realizada por la Comisión Científica del Pacífico (1862–1865). En ella, el herpetólogo Jiménez de la Espada jugó un papel crucial en el crecimiento de la colección, y además, encuentra y describe un considerable número de especies nuevas neotropicales, cuyos ejemplares tipo forman parte de la colección del MNCN. En el ámbito ibérico, Eduardo Boscá realizó importantes contribuciones herpetológicas, y en 1914 dona a la colección del MNCN su material. Entre otras expediciones de índole histórico, como la Comisión Permanente para el estudio del Noroeste de África a principios de 1900,destaca Manuel Martínez de la Escalera, quien ingresa a la colección material tanto de Marruecos como de Guinea Ecuatorial.

CRECIMIENTO DE LA COLECCIÓN 

La colección se encuentra en continuo crecimiento gracias a los ingresos realizados por científicos tanto externos como del MNCN, por otros centros de investigación, decomisos, e intercambios de material con otros museos. 

Ictiología

La Colección de Ictiología del Museo Nacional de Ciencias Naturales es la más numerosa entre las colecciones de vertebrados de este centro y, con cerca de 500.000 ejemplares, la más grande de España. En total, alberga más de 3.000 especies de diferentes ecosistemas de agua dulce, salobre y marina. Incluye ejemplares de casi todos los grandes grupos faunísticos que se han considerado peces, a excepción de los mixinos (peces bruja) y los celacantos.

Es una colección de uso preferentemente científico, aunque goza con un reducido número de ejemplares de gran valor histórico, como es la colección de peces de Cuba del s. XVIII de Antonio Parra o los ejemplares de la expedición al Pacífico llevada a cabo por el Museo en el s. XIX.

Aunque su denominación es compleja, se podrían definir como animales vertebrados acuáticos dotados de aletas y branquias, con la piel, generalmente, cubierta de escamas. Sin embargo, los diferentes tipos de peces muestran tal variedad de divergencias en su desarrollo evolutivo y son tan diversos que ni siquiera constituyen grupo zoológico natural por sí mismo. Se podría decir que, en Zoología, el término pez es más una conveniencia lingüística que una realidad taxonómica definida.

Los peces constituyen el grupo más antiguo y diverso de todos los vertebrados, abarcando, aproximadamente, la mitad de todos los vertebrados conocidos. Actualmente, el número estimado de peces engloba unas 36.129 especies, agrupadas en 5.255 géneros y 623 familias. Lógicamente, estas cifras varían de forma constante a causa de la descripción de nuevas especies, revisiones taxonómicas o cambios en criterios sistemáticos.

La colección de Ictiología del MNCN tiene sus raíces en la propia fundación del Museo. Los ejemplares más antiguos conservados hoy proceden de los envíos realizados desde 1773 por Cristóbal Vilella.

finales del siglo XVIII, Antonio Parra, desde Cuba, aportó piezas de gran relevancia, recogidas en su célebre obra “Descripción de diferentes piezas de historia natural”, las más del ramo marítimo, representadas en setenta y cinco láminas (1787).

En el siglo XIX destacan el catálogo manuscrito de Mariano de la Paz Graells y la “Reseña y Guía del Museo de Historia Natural” de José Gogorza. Especial interés tuvieron en este siglo los ejemplares procedentes de la Comisión Científica al Pacífico (1862–1866) y del Museo de Ultramar de Filipinas (1884–1889).

Aunque la colección tiene un origen histórico, su desarrollo en los últimos 30 años la ha convertido en una colección plenamente actual. Hoy ocupa tres salas en la planta baja del Museo, equipadas con armarios compactos.

A partir de 1905, el conservador de la colección, Luis Lozano Rey, bajo la dirección de Ignacio Bolivar, incrementa sus fondos con más de 50 campañas de recolección a diferentes costas peninsulares, islas Canarias y norte de África. Sus estudios sobre la ictiofauna española hicieron que la colección reuniera todas las especies conocidas en aquel momento de la Península Ibérica y de las colonias españolas en África.

Otras incorporaciones a destacar fueron la Colección de Peces de Cuba de Fernando Poey y los ejemplares ibéricos marinos y continentales procedentes de la Estación de Zoología y Botánica Marinas Experimentales. La última gran colección de peces que ha entrado en el Museo ha sido la de la Unidad de Zoología Aplicada (UZA).

A partir de 1982, Ignacio Doadrio consigue incrementar considerablemente los fondos de peces de aguas continentales a lo largo de décadas de recogida de ejemplares e investigación de los mismos.

En la etapa más reciente de la historia de la Colección numerosos conservadores e investigadores han colaborado en su mantenimiento y desarrollo, tales como Antonio García-Valdecasas, Josefina Barreiro, José Enrique González, Jesús Dorda, Angel Garvía, Miguel Villena, Francisco Yagüe, Luis Castelo, Antonio Corcuera, Concha Azuaga y Gema Solís.

Y aunque muchas veces pasen desapercibidos, sería injusto no agradecer las generosas donaciones procedentes de distintos acuarios, así como a los numerosos contratados temporales, becarios y voluntarios que han dedicado su tiempo y esfuerzo en su paso por la colección.

Fondos de la Colección

La conservación en fluido es primordial en las colecciones de peces. La mayor parte de los ejemplares se conservan en alcohol etílico al 70%, previamente fijados en formol al 4% tamponado con carbonato magnésico a saturación. Los ejemplares de nuevo ingreso que llegan en formol se lavan y someten a diversos baños de etanol en concentración creciente hasta llegar al 70%.

Aunque en menor número, los fondos conservados en fluido también cuentan con multitud de esqueletos transparentados, teñidos y conservados en glicerina.

Finalmente, la colección cuenta con varios armarios de ejemplares naturalizados (en su mayoría, los más antiguos de la colección), mandíbulas y esqueletos desarticulados, además de 2 armarios especializados de preparaciones microscópicas, que contienen tanto minúsculas muestras óseas, como escamas montadas.

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Entomología

Es la colección de insectos más importante del país, tanto por su volumen como desde un punto de vista científico o histórico.

Además de este material está pendiente de incorporación alrededor de dos millones más de ejemplares de diferentes órdenes.

El material procede, sobre todo, de la Península Ibérica e Islas Canarias, siendo importante la representación de fauna europea y de las antiguas colonias españolas (Norte de África, Guinea Ecuatorial, Filipinas, América del Sur…), así como de Madagascar, Asia Menor y parte de la región Oriental.

La colección conserva abundante material de referencia y numerosos ejemplares tipo, habiéndose catalogado hasta el momento unos 5.300 taxones representados por 17.100 tipos. Cada año se reciben 35-50 visitas de investigadores, se realizan 80-100 préstamos para estudio con una media de 10.000 ejemplares/año, y se resuelven 70-80 consultas de muy diversa índole relacionadas con la Entomología y los insectos.

Básicamente está formada por material recolectado y estudiado por importantes científicos y naturalistas españoles de mediados del siglo XIX y principios del XX: Graells, Pérez Arcas, Martínez y Saez, Seebold, ambos Bolívar, Martínez de la Escalera, García Mercet, Bonet, Cabrera, Lauffer, Dusmet… y numerosos especialistas extranjeros de aquella época; los fondos se incrementaron con aportaciones de considerable interés realizadas por investigadores más recientes, y crecen en la actualidad a un ritmo del 2-10% anual por adquisiciones y campañas de recolección financiadas por Proyectos de Investigación.

Malacología

La Colección de Moluscos del MNCN
 

Existen moluscos tanto en el mar, como en tierra y agua dulce. El número de especies de moluscos está lejos de ser conocido, pudiendo existir más del doble de las 80.000 especies actualmente descritas.

La Colección de Moluscos del MNCN es eminentemente científica, aunque con muchos especímenes históricos. El número de ejemplares se acerca a los 2.000.000, repartidos en unos 130.000 lotes correspondientes a 17.400 especies.
La Colección conserva ejemplares de las 8 clases conocidas de moluscos: 25 especies de Solenogastros (240 descritas), 6 de Caudofoveados (150 descritas), 68 de Escafópodos (800 descritas), 166 de Poliplacóforos (1.000 descritas), 2 de Monoplacóforos (30 descritas), 72 de Cefalópodos (600 descritas), 2.226 de Bivalvos (8.000 descritas) y 14.828 de Gasterópodos (60.000 descritas).

Aunque existe material malacológico de todo el mundo, las faunas mejor representadas son las de la Península Ibérica, Filipinas, Cuba, Guinea Ecuatorial y Sudamérica. Las colecciones de moluscos terrestres de Filipinas, Cuba y Guinea Ecuatorial, así como la de moluscos marinos de la familia Conidae, podrían considerarse entre las mejores del mundo.

En la colección de moluscos terrestres y de agua dulce existen especies hoy ya extinguidas. Existe además una importante representación de la fauna de moluscos americana procedente de la «Comisión Científica del Pacífico«, expedición que tuvo lugar entre los años 1862 y 1866.

Es interesante también reseñar las colecciones históricas, resultado del trabajo de personas como Franco Dávila, cuya colección se remonta al inicio del Real Gabinete de Historia Natural y forma parte de su colección original, o de investigadores como Graells, Paz y Membiela, González Hidalgo, Azpeitia, Ortiz de Zárate y Cobos. Otro material malacológico ha sido depositado de forma continua por naturalistas y científicos desde que el Rey Carlos III inició el Museo.

Más del 85% de los lotes están conservados en seco, pero también existe una importante colección de ejemplares en etanol, muchos de ellos susceptibles de ser utilizados en estudios moleculares. También hay preparaciones de ejemplares para microscopio óptico y de barrido, así como una interesante colección de perlas. Actualmente está informatizado el 70% de todo este material.

Ver el listado de lotes por colecciones de la colección.

Existen 1.861 lotes con material tipo de moluscos correspondientes a más de 1.300 especies diferentes. Esta colección está totalmente informatizada y ordenada en armarios especiales. Ver listado de tipos ordenado por clases y familias.


El resto de la colección se conserva en armarios ordenada alfabéticamente por familias.

Recientemente se ha iniciado la formación de una colección didáctica de moluscos complementaria a la colección de investigación, y en la que los ejemplares, al carecer de datos asociados, son más apropiados para la exhibición o estudios no científicos. Esta colección didáctica, todavía en formación, está actualmente compuesta por aproximadamente 1.000 lotes.

El crecimiento de la colección es continuo, fundamentalmente gracias a proyectos de investigación del propio MNCN así como a nuevas donaciones y legados. Cabe destacar la reciente donación de la colección de Javier Conde, con más de 28.000 lotes.

El trabajo de informatización de los lotes se va haciendo también de forma regular y continuada, al igual que la actualización de la taxonomía y la corrección de posibles errores asociados a la información de los ejemplares. Por ello, las visitas de investigadores que ayuden en la actualización de la taxonomía de los grupos de su especialidad son siempre bienvenidas. Hay 3.000 lotes fotografiados, y nuevas fotografías se van haciendo a medida que son solicitadas.

Parte de los datos de la colección pueden encontrarse volcados en GBIF y GenBank. Todas las consultas que se quieran hacer sobre la colección son siempre contestadas por el personal de la misma.


Visita la aplicación con mapa interactivo, pinchando sobre los puntos podrás ver una ficha de cada bivalvo.

Artrópodos

Integran la Colección de Artrópodos no Insectos una amplia variedad de animales invertebrados del filum de los artrópodos incluidos en ocho grandes grupos, con categoría de clase, que van desde organismos marinos, como los picnogónidos (arañas de mar o pantópodos) y los merostomados o xifosuros (cangrejos cacerola, verdaderos “fósiles vivientes”), a otros típicamente terrestres, como los arácnidos, los quilópodos, diplópodos, sínfilos y paurópodos (denominados comúnmente miriápodos, ciempiés y milpiés), pasando por los crustáceos, con formas mayoritariamente marinas y dulceacuícolas y en menor grado, terrestres, como muchos isópodos. Los grupos más diversificados, morfológica y ecológicamente, y con mayor número de especies son los arácnidos y crustáceos.

Los arácnidos se componen de 17 órdenes. Los más conocidos son los araneidos (arañas), los escorpiones, los opiliones y los ácaros, estos últimos, que comprenden siete órdenes, con especies ectoparásitas que pueden transmitir graves enfermedades, como sucede con las garrapatas. Otros grupos importantes de arácnidos son los pseudoescorpiones, los solífugos (arañas camello), los uropigios (escorpiones látigo) y los amblipigios (arañas látigo). En cuanto a los crustáceos, manifiestan una gran variedad morfológica y habitan diferentes ecosistemas marinos, dulceacuícolas y terrestres. Hay formas sésiles (cirrípedos, como los balanos, anatifas y percebes), otras con caparazón bivalvo (ostrácodos) o sin él (anfípodos), especies planctónicas (copépodos) y también parásitas (rizocéfalos), terrestres (muchos isópodos) y formas de gran tamaño y recio caparazón calcáreo, como los estomatópodos (galeras) y decápodos (cangrejos, langostas, bogavantes, etc.).

Los grupos mejor representados son los crustáceos, los arácnidos, los quilópodos y los diplópodos. Se contabilizan en los fondos al menos 2.760 especies, la mayoría crustáceos y arácnidos. En cuanto a material tipo, hay 330 especies compuestas por 1405 ejemplares. El 69% de los ejemplares son terrestres o dulceacuícolas y un 30% marino. De estos últimos, unos 37.000 proceden de las costas españolas, casi 1.300 del Océano Pacífico (Filipinas, Chile y Panamá, principalmente) y 500 del Mar Caribe (Venezuela y Cuba). Hay unos 70 ejemplares del Océano Glacial Antártico, sobre todo picnogónidos, anfípodos y decápodos. La colección cuenta con 4.800 ejemplares de fauna cavernícola entre los que predominan los arácnidos, quilópodos, diplópodos y crustáceos (anfípodos, isópodos y batineláceos, principalmente), con 146 tipos (27 holotipos), procedentes de cuevas de toda España, sobre todo de la cornisa cantábrica, Navarra, Levante y Burgos, entre otras provincias. Hay más de 3.000 preparaciones microscópicas y unos 600 especímenes, sobre todo la colección histórica de decápodos, se conservan en seco.

 

Un poco de historia

De la época del Real Gabinete se conserva un cierto número de crustáceos, sobre todo decápodos y algunos estomatópodos, que podrían rebasar el medio millar, incluidos los ejemplares procedentes de Antonio Parra; entre estos últimos hay también un límulo o cangrejo cacerola (Parra, 1787). La mayoría estuvieron expuestos en la antigua Sala del Mar.

Dávila describió en el catálogo de su gabinete más de 70 ejemplares incluidos en la parte de «Crustáceos», que dividía en dos grupos: los de «cuerpo alargado» (entre ellos, langostas y algún estomatópodo, que sumaban más de medio centenar) y los de «cuerpo ancho» (diferentes braquiuros, más de una veintena).

La descripción que hacía de ellos era muy sucinta o inexistente (Dávila, 1767), por lo que ninguno ha podido ser identificado en los actuales ejemplares de la colección. Ya en el siglo xix, tras la creación en 1837 de la cátedra de Zoología de Invertebrados, de la que se ocupó Lucas de Tornos, hubo un impulso en el estudio de estos grupos animales y un paulatino enriquecimiento de las colecciones correspondientes. Un catálogo científico elaborado en 1847, el primero en su género realizado en el Museo, daba un número cercano a los 70 crustáceos.

Tres años después se adquirió una colección de arácnidos y crustáceos del notable entomólogo francés Edouard Guèrin-Meneville, de la cual se conservan en la actualidad casi una treintena de ejemplares, decápodos y estomatópodos. De la Comisión Científica del Pacífico (1862-1866) llegaron al Museo arácnidos y sobre todo decápodos, de los que se conservan casi 700 ejemplares, en su mayoría crustáceos decápodos (de una treintena de familias) y algunos estomatópodos.

En 1875 hubo una reestructuración en la enseñanza que se impartía en el Museo y la Cátedra de Invertebrados se dividió en dos. Ignacio Bolívar, que ya por entonces trabajaba en el centro, asumió la Cátedra de Animales Articulados (los actuales artrópodos) y Lucas de Tornos la de Malacología y Animales Inferiores. Bolívar y su equipo ordenaron y estudiaron las colecciones de crustáceos, arácnidos e insectos y realizaron diversos catálogos específicos de cada grupo.

En los años finales del siglo xix se produjeron diferentes adquisiciones de artrópodos no insectos: más de un centenar de crustáceos mexicanos comprados al doctor Forrer (1884), los miriápodos y arácnidos de Guinea de la expedición del doctor Osorio (que ingresaron en 1885), los miriápodos, crustáceos y arácnidos colectados por Domingo Sánchez en la Comisión de Flora y Fauna de Filipinas y los artrópodos de la expedición de Quiroga a Río de Oro (recibidos ambos en 1886).

Bolívar estableció contactos con varios grupos de investigadores de otros países, gracias a lo cual pudo reunir colecciones de diversos grupos de crustáceos (cladóceros, copépodos, isópodos y anfípodos) de gran interés (Villena, 2010).
En el primer tercio del siglo xx, bajo la dirección de Ignacio Bolívar, se continuó trabajando de modo fructífero en las colecciones de invertebrados, al igual que en otras muchas del Museo, con la participación de naturalistas de primera fila, como el francés Eugéne Simon, experto aracnólogo.

Destacaron también Emilio Fernández Galiano, quien en 1910 publicó Datos para el conocimiento de la distribución geográfica de los arácnidos de España, José F. Nonídez, que se ocupó del estudio de los pseudoescorpiones españoles, y Cándido Bolívar, hijo de Ignacio, que investigó los pseudoescorpiones de cavernas de la región vasca. Cándido era conservador de la Sección de Entomología desde 1920. En 1904 entró en el Museo la colección de miriápodos y arácnidos de Carlos Mazarredo, del cual se conservan en la colección más de 1.600 ejemplares. De estos, dos terceras partes son araneidos, procedentes de Filipinas,  España y otros lugares de Europa. Entre 1905 y 1915 Manuel Martínez de la Escalera, quien ya había realizado viajes por Oriente Próximo a finales del xix, emprendió diversas expediciones por Marruecos (además de España) en las que colectó abundante material entomológico y también de otros grupos de artrópodos. Destacaron sus exploraciones en la llamada Comisión del Noroeste de África, entre 1905 y 1907. De él se tratará más adelante (Sánchez Almazán, 2011).

Tras la Guerra Civil, pese al estancamiento del Museo en todos los órdenes, a partir de 1950 ingresaron en la colección especímenes de distintos grupos. Destaca de esa época
el material de ácaros recogido por W. Steiner, de cuya actividad se conservan más de 600muestras, la mayoría preparaciones microscópicas, y también el de ácaros y araneidos procedente de Frank Mihelcic, que sobrepasa las 570 muestras. A partir de 1958 sobresalieron las aportaciones de Dolores Selga, de la cual se custodian en la colección más de 4.500 muestras, principalmente de ácaros y diplópodos, casi las dos terceras partes preparaciones microscópicas. El material de arácnidos y crustáceos terrestres pasó a depender del Instituto de Entomología, creado en 1941 y que funcionó de manera independiente durante más de 40 años. La recuperación del Museo a partir de los años 90, ya tratada en otros capítulos del libro, alcanzó también a los artrópodos no insectos, que entonces estaban unidos a los moluscos y al resto de invertebrados.

La colección pasó a tener entidad propia, separada de estos últimos grupos, en 2013. Desde los años 90 han ingresado más de 26.000 ejemplares provenientes de las campañas Fauna Ibérica, anfípodos, decápodos e isópodos en su mayor parte. Este material incluye 33 holotipos y más de 90 paratipos. De la campaña de la isla de Coiba, en Panamá (1997), hay más de 1.200 ejemplares, el 80 % decápodos, entre ellos siete holotipos de arácnidos acariformes y anfípodos. Destaca asimismo el proyecto Fauna Invertebrada del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente (isla de La Palma), cuyo material, principalmente de araneidos, ácaros, pseudoescorpiones y diplópodos, se halla aún en proceso de estudio.

Conservación


La conservación de esta colección ha seguido en lo esencial las mismas pautas que la Colección de Invertebrados, con la que estuvo unida hasta 2013. Sus fondos están almacenados en armarios  compactos de volante, se ha ido haciendo un uso cada vez más amplio de los recipientes de plástico, el material en fluido se conserva en etanol 70º y se utilizan tintas indelebles y etiquetas de papel de la Casa de la Moneda.

En los últimos años se ha ido acondicionando la colección histórica de decápodos en decenas de cajas acristaladas hechas a medida de los ejemplares, las cuales han sustituido a las antiguas cajas de cartón que se utilizaron para ellos durante décadas. Dichas cajas, además de permitir la visibilidad de los ejemplares, hace posible, gracias al uso de alfileres entomológicos distribuidos estratégicamente alrededor de la pieza, mantener esta fija y manejar así el conjunto con mayor seguridad. Muchos de estos especímenes son de gran tamaño y alcanzan casi el metro de longitud.
En la actualidad hay más de 121.000 ejemplares en etanol de 70º, un número superior a los 12.000 son preparaciones microscópicas y unos 600 ejemplares se hallan conservados en seco. De estos últimos, casi dos terceras partes son decápodos, en su mayor parte piezas históricas. De los ejemplares conservados en alcohol, una cierta cantidad de ellos, que sobrepasa los 300, tienen añadida glicerina para mantener su flexibilidad y favorecer su manipulación: corresponden sobre todo a anfípodos e isópodos.

La mayor parte de las preparaciones microscópicas son de ácaros (2832) y de crustáceos batineláceos (2731) y, en menor proporción, de isópodos. Los ejemplares tipo se encuentran agrupados en armarios separados del resto de la colección y ordenados taxonómicamente. También las preparaciones microscópicas se almacenan en armarios propios, de puerta corredera.

Crecimiento de la colección


Al igual que otras muchas colecciones del MNCN, la Colección de Artrópodos no Insectos ha experimentado un fuerte crecimiento en los últimos veinte años. Casi el 45 % de los ejemplares han entrado a partir de 2001. En este período se ha producido la entrada de más de 730 tipos, 95 de ellos holotipos de más de un centenar de especies. Desde 2008 hasta finales de 2017 se contabilizaron más de 33.000 ejemplares ingresados. Este crecimiento está estrechamente ligado a la amplia red de contactos establecida con numerosos centros de investigación, principalmente españoles, entre los que destacan la Universidad de Vigo, de Barcelona, de Alcalá de Henares, de Sevilla, de Almería y la Politécnica de Valencia.

La colección y la investigación


Los principales usuarios de la colección son los miembros de la comunidad científica que consultan sus fondos, piden material en préstamo para sus investigaciones e ingresan ejemplares, muchos de ellos ejemplares tipo que han servido para describir especies nuevas para la ciencia. Cerca de una veintena de centros de investigación españoles y otros tantos en el extranjero (sobre todo europeos y americanos) utilizan de modo habitual la colección, lo que se traduce en decenas de publicaciones.

Los grupos animales más estudiados son los araneidos, ácaros, anfípodos, pseudoescorpiones, opiliones y decápodos. En cuanto a préstamos y consultas, destacan la Universidad Complutense y la Autónoma de Madrid y las de Alcalá de Henares, Barcelona, Alicante, Vigo, Santiago de Compostela, País Vasco, Almería y Sevilla. En lo que se refiere a instituciones extranjeras, cabe mencionar las universidades de Copenhague, Gante, Ámsterdam, Berlín, Wroclaw, el Instituto Senckenberg y el Museo de Bergen.

La Colección de Decápodos


Es el orden mejor representado entre los crustáceos, pues constituye el 36,6 % de los fondos de este grupo. Los métodos de conservación han variado con el tiempo según su función. De esta manera, el 75,6% de la colección actual está conservada en etanol al 70%, lo cual es indicativo de su función científica, en general taxonómica. Quizá la vistosidad de este grupo animal y el hecho de formar parte de la dieta de los seres humanos desde hace milenios haya hecho que fueran coleccionados desde hace siglos, como muestra la magnífica colección del siglo xviii de Antonio Parra, con 444 ejemplares (6,2% de los decápodos), la mejor y mayor colección conservada en seco. En cuanto a las preparaciones microscópicas, en la actualidad constituyen un 6,2 % del global y corresponden en gran parte a piezas bucales cuya morfología es diagnóstica en la mayor parte de los órdenes. Este número se verá incrementado al incorporar las más de 10.000 preparaciones recientemente localizadas pertetecientes a finales del siglo xix y, también en parte, a algunas colecciones actuales de distintos autores. Por lo que se refiere a los grupos representados (figura 12.7), se han identificado 107 familias, de ellas casi el 80 % corresponde a animales marinos; su procedencia geográfica mayoritaria es el océano Atlántico, con un 33,2% del total de los decápodos. Lógicamente, los muestreos realizados en las costas españolas son mucho más abundantes, sobre todo gracias al desarrollo de proyectos de investigación nacionales, tanto del Museo (entre los que sobresale el proyecto Fauna Ibérica, en sus sucesivas campañas y expediciones) como de fuera de él. Destacan en este último caso las que proceden del mar Mediterráneo (30,2%). No obstante, existe un elevado porcentaje de decápodos procedentes del océano Pacífico y del Índico, los cuales contabilizan un total del 10,2 %. Corresponden estos últimos a faunas más exóticas procedentes de campañas históricas, como son la ocupación española de las islas Filipinas o los procedentes del viaje de la Comisión Científica del Pacífico.

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La Colección de Invertebrados Fósiles es un servicio único y muy especializado del CSIC, el mayor de España, cuya función es apoyar investigaciones sobre la evolución de la vida en la Tierra, sobre Estratigrafía y otras aplicaciones a la geología y paleontología ambiental, y facilitar la transferencia de este conocimiento al público en general.

La colección incluye fósiles de esponjas, corales, briozoos, braquiópodos, moluscos, anélidos, artrópodos, equinodermos, foraminíferos y hemicordados. En la colección se conservan restos más o menos completos de ejemplares (individualizados e incluidos en matriz), rastros de actividad (icnofósiles), y moldes e impresiones formados por procesos naturales.

La colección de Invertebrados fósiles ocupa el primer puesto a nivel nacional, por su tamaño, con cerca de 1.000.000 de ejemplares que incluyen Foraminifera, Porifera, Cnidaria, Bryozoa, Hyolitha†, Brachiopoda, Mollusca, Annelida, Arthropoda, Echinodermata, Hemichordata, Conodonta†, Icnofósiles. Esta colección tiene categoría internacional, incluyendo especies de 65 países y edades geológicas comprendidas entre el Proterozoico y el Pleistoceno.

Aunque la colección es especialmente importante en localidades españolas, incluye también muestras o réplicas de Solnhofen y Oehningen (Alemania), Lyme Regis (Reino Unido), Soulz-les Bains y Autun (Francia), Perm (Rusia), Burgess Pass y Terranova (Canadá), y Black Hills (Estados Unidos), procedentes de donaciones, colectas, compras o intercambios realizados desde la segunda mitad del siglo XVIII. Alrededor del 90% de la colección está inventariada e informatizada, aunque no toda la información asociada se encuentra reflejada en la base de datos.

Algunos ejemplares proceden de científicos que estuvieron en la vanguardia del desarrollo de la geología y la paleontología como ciencias en España: Juan Vilanova y Piera, Augusto González de Linares, Casiano de Prado, Eduardo Hernández Pacheco, Bermudo Meléndez Meléndez, José Royo Gómez y Federico Gómez-Llueca, y están descritos, citados y figurados en artículos científicos, que han sido publicados desde el siglo XIX hasta la actualidad. Por ello, es también una importante colección de referencia para la investigación taxonómica y sistemática de grupos extintos.

El MNCN es miembro del Consejo Internacional de Museos (ICOM). De acuerdo con su código de ética, los museos poseen colecciones en beneficio de la sociedad y su desarrollo. Así, la colección de Invertebrados fósiles es administrada y conservada para asegurar su preservación para las generaciones presentes y futuras, así como para maximizar su acceso con fines científicos, intelectuales y culturales, y hoy en día se considera un servicio sin ánimo de lucro del museo.

Las colecciones de Paleontología fueron incluidas en SYNTHESYS (https://www.synthesys.info), una infraestructura integrada de colecciones de historia natural, promovida por CETAF (Consorcio Europeo de Instalaciones Taxonómicas) y financiada por la Unión Europea que concede ayudas para el acceso científico a investigadores de los siguientes países: Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Croacia, Dinamarca (incluida Groenlandia), Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Francia (incluyendo Guadalupe, Guayana, Martinica, La Reunión), Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Chéquia, Rumania y Suecia. Más los países asociados de la UE: Albania, Armenia, Bosnia y Herzegovina, Islas Feroe, Georgia, Islandia, Israel, Macedonia del Norte, Moldavia, Montenegro, Noruega, Serbia, Suiza, Túnez, Turquía y Ucrania. El acceso a la colección con fines de investigación se permite, previa petición, a investigadores acreditados de todo el mundo que lo soliciten.

El personal está en contacto con los departamentos de investigación y exposiciones con el fin de comunicar los resultados de estas investigaciones al público en general. Con este objetivo, los ejemplares de la colección pueden ser prestados, para exposiciones y otros eventos culturales y científicos, a instituciones que cumplan con las normas adecuadas para su cuidado y seguridad. La colección participa también en diversos programas de formación.

El personal puede también dar asesoramiento y apoyo en diferentes campos: conservación y gestión de las colecciones, fuentes bibliográficas, identificación de fósiles, legislación, etc. Las imágenes de los ejemplares pueden utilizarse para publicaciones, CD-ROMs, noticias periodísticas y documentales, previa solicitud y expresa autorización.

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La Colección de Paleobotánica es un servicio único y muy especializado del CSIC, cuya función es apoyar investigaciones sobre la evolución de la vida en la Tierra, estratigrafía, cambio global y otras aplicaciones a la geología y paleontología ambiental, así como facilitar la transferencia de este conocimiento al público general. Comprende representantes de los principales grupos botánicos tanto fósiles como vivientes. En la colección se conservan restos de plantas (aislados o incluidos en matriz), xilópalos (troncos fósiles), así como compresiones, impresiones y moldes formados por procesos naturales. En casos excepcionales conservan una fina capa carbonosa. La colección incluye también preparaciones microscópicas de ejemplares, y montajes para microscopio electrónico de barrido.

La colección de Paleobotánica incluye más de 22.000 ejemplares que abarcan todas las edades geológicas, principalmente de yacimientos de Cataluña, Castilla-León, Asturias, Castilla-La Mancha, Aragón y Andalucía, prospectados en el siglo XX. 

Alrededor del 80-85% de la colección se encuentra inventariada e informatizada, aunque los datos reflejados en la base de datos no siempre están completos.

Son de resaltar dentro de la colección, tanto por su número como por su calidad, los ejemplares de troncos fósiles procedentes de compras del Real Gabinete, envíos de América durante el periodo colonial y de colectas del primer tercio del siglo XX, así como la completísima colección de Diatomeas de Caballero Bellido (algas/fitoplacton). Asimismo, es destacable la completa colección de yacimientos cretácicos, existiendo material representativo de casi todos los actualmente registrados en España.

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COLECCIÓN DE PREHISTORIA

La colección de Prehistoria del Museo Nacional de Ciencias Naturales está constituida por aproximadamente 23.000 ejemplares inventariados, con un total de 16.617 números de registro.

La colección está formada por objetos líticos, cerámicos y óseos modificados por la actividad humana. A pesar de contar con un abanico cronológico, que va desde el Paleolítico Inferior hasta la época romana, y de estar representadas casi todas las Comunidades Autónomas, la mayor parte de los fondos de la colección pertenecen al Paleolítico Superior de la Cordillera Cantábrica.

Procedencia de la colección

Las referencias más antiguas sobre arte prehistórico datan ya de los primeros tiempos del Real Gabinete, con la descripción de las pinturas rupestres de Fuencaliente (Sierra Morena) hecha por López de Cárdenas. En 1862 Casiano de Prado investigó, junto con los geólogos franceses Verneuil y Lartet, diversos instrumentos líticos hallados en el Cerro de San Isidro (Madrid), lugar en el que Ezquerra del Bayo había identificado en 1840 los primeros fósiles de mamíferos miocenos españoles.

Juan Vilanova y Piera realizó, a partir de 1860, numerosas investigaciones en el campo de la Prehistoria. Entre otras aportaciones, dio a conocer yacimientos en Imón (Guadalajara), en Cerro Muriano (Córdoba) y, sobre todo, en la zona levantina, de donde era oriundo, como en los casos de Cueva del Parpalló (cerca de Gandía) y Cova Negra (Játiva).

En 1912, se creó la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, con sede en el Museo, institución que promovió el estudio de la Prehistoria en nuestro país y que contó con la participación de nombres destacados, tanto españoles (Eduardo Hernández-Pacheco, el conde de la Vega del Sella), como extranjeros (Obermaier, Wernert o Breuil). El resultado de las prospecciones realizadas en diversos puntos de la Península fue el descubrimiento de numerosos yacimientos prehistóricos, principalmente en la zona cantábrica, cuyos materiales enriquecieron las colecciones del Museo.

Notables fueron también los trabajos de Enrique de Aguilera y Gamboa, marqués de Cerralbo, que investigó los importantes yacimientos paleolíticos de Torralba y Ambrona (Soria,). El primero de estos yacimientos, situado a más de 1100 m de altitud, se interpretó como un campamento de cazadores de elefantes. Proporcionó numerosos restos, tanto de fauna fósil como de instrumentos líticos, que fueron donados por el marqués de Cerralbo al Museo.

Por su parte, Eduardo Hernández-Pacheco contribuyó también de manera notable a los estudios de Prehistoria, trabajando con el conde de la Vega del Sella en la zona cantábrica y realizando investigaciones en otros puntos de la Península, entre ellos la Laguna de la Janda (Cádiz) o las cuevas de La Araña (Valencia).

Estas investigaciones se completaron con las excavaciones de las terrazas del valle del Manzanares en Madrid, donde se obtuvieron numerosos útiles de sílex. En estas prospecciones tuvo una actuación destacada el conde de la Vega del Sella, que excavó en la zona de Orcasitas (al sur de Madrid capital) entre 1925 y 1930.

Ejemplares destacados

La colección se formó entre principios de siglo y los años sesenta (cuando ingresó la colección de instrumentos de sílex reunida por Leo Imperatori); actualmente, se registran muy pocas entradas de material nuevo, como alguna donación. Destacan los internacionalmente apreciados ejemplares de industria ósea del Paleolítico superior de las cuevas de Asturias (Cueto de la Mina, La Paloma, Balmori, etc.) y el material lítico procedente de las terrazas del río Manzanares (Madrid).

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Las colecciones de Geología del MNCN proceden de cinco fuentes principales:

El Gabinete formado por Franco Dávila. A pesar de que en origen esta colección estuvo compuesta por un número muy elevado de ejemplares, se estima que en la actualidad se conservan alrededor de 8.000 ejemplares geológicos, entre fósiles, rocas y minerales.

Los envíos procedentes de América, como son la colección Humboldt, las obtenidas durante las expediciones llevadas a cabo por los hermanos Heuland, a Chile y Perú, o la Comisión Científica del Pacífico por buena parte del continente, así como materiales de gran belleza remitidos por virreyes, gobernadores, ingenieros de minas, etc.

Los recolectores históricos, algunos comisionados por el propio Museo, que enriquecieron las colecciones con ejemplares procedentes de España y buena parte de Europa. La adquisición de colecciones enteras: la de J. Forster en 1.791 o la de J.M. de Parga en 1.850, etc. Donaciones e intercambios procedentes tanto de particulares como de múltiples instituciones nacionales y extranjeras.

La colección de minerales consta de más de 15.000 ejemplares procedentes, en su mayor parte, de España (el 50 %) y del resto de Europa (25 %), principalmente de Alemania, Italia y Francia, con un número notable de piezas de Austria, Suecia, Gran Bretaña y Checoslovaquia, entre otros. En importancia numérica sigue Iberoamérica, que supone casi un 5 % de la colección, la mayor parte de cuyos minerales proceden de Chile, Perú, Uruguay y Brasil. Hay también ejemplares de Estados Unidos, la antigua URSS, Suecia, Filipinas, etc. En la colección de minerales se reúnen numerosos ejemplares de alta calidad mineralógica y de gran belleza, por lo que fue calificada por los mineralogistas europeos durante el siglo XIX, como una de las mejores colecciones de Europa.

En los últimos años, se han descrito tres nuevas especies mineralógicas procedentes de yacimientos españoles que se encuentran depositadas en el Museo.

La colección de rocas está compuesta por más de 1.000 ejemplares, comprende especímenes procedentes de las principales zonas volcánicas de España: rocas volcánicas de Canarias (fonolitas, foiditas y pumitas de Tenerife), Ciudad Real (basaltos del Campo de Calatrava) y Gerona. También destacan muestras de lavas obtenidas de diversas erupciones ocurridas en Lanzarote hacia 1730 y de Tenerife en1909. Hay, asimismo, obsidianas de Italia (Vesubio, islas Lípari) y México, basaltos del Vesubio, donados por Carlos Gimbernat, con inscripciones conmemorativas de la época impresas sobre la misma roca.

Entre las rocas plutónicas, cabe citar una serie de granitos de diversas localidades de Galicia recolectados por Hernández-Pacheco, dioritas orbiculares pulidas de Córcega, de gran belleza y valor ornamental. Entre las rocas sedimentarias destaca una colección de calizas españolas (más de 230) recogidas en sus viajes por Sos Baynat, Hernández-Pacheco, Gómez de Llarena, Cardoso, etc. y, entre las rocas metamórficas, la colección de pizarras peninsulares, con más de 80 ejemplares.

La colección de meteoritos reúne cerca de 237 ejemplares, el 18 % de los cuales procede de España. Casi un 20 % son del resto de Europa (sobre todo de Francia, Italia y la antigua URSS). De Iberoamérica hay casi un 13 % procedentes principalmente de Chile, México y Argentina. El mayor número de muestras, sin embargo, corresponde a Estados Unidos, con 73 ejemplares. Hay también restos procedentes de África, Asia y Australia.

La colección de Lapidarios comprende más de 800 piezas, principalmente mármoles (casi un 40%) y ágatas (37 %). También se conservan gemas y una serie de casi 40 rocas y minerales cortados y pulidos. Por último, destacan más de 50 figuras realizadas en diversos minerales.

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La Colección de Tejidos y ADN es el mayor biobanco nacional de biodiversidad molecular de metazoos. Se estima que conserva más de 250.000 muestras de tejidos, ácidos nucleicos u otras biomoléculas, pertenecientes a más de 8.000 especies diferentes de eucariotas con mayor proporción de fauna, tanto de vertebrados como invertebrados. Estos fondos incluyen desde las especies más comunes hasta las catalogadas en peligro de extinción.

Este repositorio garantiza tanto la conservación física de las muestras como la de su información asociada, incluida la depositada en bases de datos genómicos (p.e GenBank), las publicaciones en las se han utilizado y los permisos ABS que hayan sido necesarios para su uso; garantizando su trazabilidad por medio de identificadores únicos.

El mayor porcentaje de las muestras preservadas (vouchers) provienen de proyectos de investigación internos y externos al museo, desde los años 80 del siglo XX. Incluye ADN tipo de nuevas especies descritas y relaciones parásito-hospedador de enfermedades humanas.

También custodia muestras procedentes de las autoridades responsables de medio ambiente de las diferentes Comunidades Autónomas y de la administración central del estado, incluidos depósitos judiciales relacionados con contrabando o con delitos contra la protección de la biodiversidad; así como de entidades privadas como zoológicos y organizaciones no gubernamentales de protección de la naturaleza.

Del conjunto de muestras, 170.000 están catalogadas y digitalizadas bajo un estándar de biodiversidad denominado Darwin Core y su información es accesible a través del portal de Global Biodiversity Information Facility (GBIF). Se puede acceder a través de los siguientes links.

Buscar: Data resource: Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid. Colección de Tejidos y ADN | Registro de presencia | Portal de Datos de GBIF.ES

Buscar: Collection: Iberian Peninsula and Balearic Island Bathynellacea (Crustacea, Syncarida) database | Registro de presencia | Portal de Datos de GBIF.ES

La producción científica que se ha generado utilizando muestras conservadas por este biobanco se puede ver en Google Academico en ‪MNCN Tissue and DNA Collection – ‪Google Académico

Las muestras de tejidos y ADN de la colección pueden ser solicitadas para su análisis o re-análisis e investigación en diversas disciplinas científicas, por medio de siguiente correo electrónico mncn_coladn@mncn.csic.es.

Además, la colección ofrece un servicio externo de identificación molecular de especies, poblaciones, individuos (paternidades) y sexado, accesible para proyectos de I+D+i, y a instituciones públicas o privadas encargadas de la conservación del medio ambiente y protección de la biodiversidad previa petición al Laboratorio de Identificación Molecular https://www.csic.es/es/investigacion/catalogo-de-servicios-cientifico-tecnico/unidades-de-servicio/laboratorio-de-identificacion-molecular

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Banco de Germoplasma y Tejidos de Especies Silvestres Amenazadas (BanGES)
 

El BanGES se estableció en 2003 a través de un convenio de colaboración entre el CSIC y el Ministerio de Medio Ambiente para desarrollar trabajos de investigación y conservación de especies críticamente amenazadas de la península Ibérica. 

Además, incluye entre sus actividades la conservación de especies de gacelas norafricanas, el oso panda gigante y felinos sudamericanos. En la actualidad, el BanGES está integrado en la infraestructura del MNCN y funciona como un servicio de investigación dedicado a la obtención y criopreservación de germoplasma animal y de tejidos somáticos de especies en peligro de extinción, prestando especial atención al lince ibérico y visón europeo, y apoyando esfuerzos de conservación de poblaciones naturales y de programas de cría en cautividad. Se cuenta, en particular, con biomateriales de más de 250 individuos de lince ibérico provenientes de poblaciones naturales o cautivas.

Los trabajos de apoyo a la investigación han culminado en el nacimiento, por primera vez en el mundo, de una cria de gacela Mohor mediante técnicas de inseminación artificial empleando semen congelado y, también de dos crías de oso panda en el zoo de Madrid mediante inseminación artificial.

El BanGES tiene como misión la obtención, el procesamiento y la conservación de material biológico de especies animales en peligro de extinción con el fin de preservar el máximo de diversidad genética. Son objetivos prioritarios la criopreservación de germoplasma (espermatozoides, óvulos y embriones) y tejidos y células somáticas, de modo que estos biomateriales sean viables, y puedan emplearse para caracterización reproductiva y genética de especies silvestres en peligro y, mediante técnicas de reproducción asistida, para promover flujo génico entre poblaciones fragmentadas.

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La Fonoteca Zoológica recopila, clasifica y almacena los registros sonoros de los principales animales acústicos, aves, anfibios, insectos y mamíferos, en las denominadas colecciones bioacústicas. Así se conserva y actualiza la información, garantizando el acceso a la misma y ofreciendo una nueva herramienta de investigación de gran utilidad en los diferentes campos de la biología.

Funciona como depósito de grabaciones de especies animales y el objetivo de sus dos colecciones (registros propios y registros publicados) es que las grabaciones estén disponibles a través de un sistema de indexado, y que su permanencia en el tiempo esté garantizada. Las colecciones están archivadas en formato digital con copia de seguridad, que permite una copia rápida de registros y, por consiguiente, una ágil adaptación al desarrollo de nuevos formatos de almacenamiento de datos.

Metodología
 

Todas las grabaciones en soporte vinilo, bobina, casete o DAT son sometidas a un proceso de digitalización y posterior edición y análisis espectrográfico para separar los distintos registros correspondientes a cada individuo de cada especie animal registrada en la grabación. La información referente a cada registro se introduce en una base de datos para permitir búsquedas por criterios taxonómicos y geográficos. Todos los registros procesados son numerados y almacenados en soporte disco compacto. La fonoteca se compone de dos colecciones, una de registros propios y otra de registros publicados.

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LA COLECCIÓN DE PALEONTOLOGÍA DE VERTEBRADOS

Material que compone la Colección

La mayor parte de los ejemplares de la Colección de Paleontología de Vertebrados del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) pertenecen a fósiles de mamíferos del Cenozoico español. En menores cantidades, la colección contiene fósiles de anfibios, reptiles, peces y aves. Todos ellos configuran una importante colección de referencia temporal y geográfica para el registro de los vertebrados continentales del Cenozoico español.

Además, el Museo realiza réplicas de los ejemplares fósiles más representativos, tanto para exhibición como para intercambio con otros centros de investigación. Dentro de este grupo, se encuentran más de 1.200 matrices.

Por otro lado, un tercer grupo de ejemplares lo constituyen las réplicas o reproducciones cuyos originales no pertenecen al MNCN y que tienen muy diverso origen. En ese caso se encuentran magníficos ejemplares como el esqueleto de Diplodocus carnegiei, réplica del original que se encuentra en Pittsburg y que fue donado por Andrew Carnegie al rey Alfonso XIII a principios de 1900.

La Colección en cifras

La Colección de Paleontología de Vertebrados se estima que posee unas 380.000 piezas de vertebrados fósiles, con cerca de 80.000 registros inventariados en la base de datos, que equivalen a unos 175.000 ejemplares.

Hasta el momento se ha inventariado material procedente de más de 800 yacimientos españoles y de unos 300 extranjeros.

Las piezas más representadas desde un punto de vista anatómico son los dientes, seguidos de los elementos indeterminados en la misma proporción que los maxilares, costillas, huesos del tarso y falanges, vértebras y metápodos, huesos del carpo y mandíbulas.

Las áreas que aportan una mayor cantidad de elementos a la colección son las cuencas terciarias españolas de Calatayud-Teruel, la Cuenca del Duero y la Cuenca de Madrid-Depresión Intermedia.

Por otro lado, el número de especies diferentes que hay en la colección es de aproximadamente 520. Los macromamíferos más abundantes pertenecen a las familias Equidae, Bovidae, Rhinocetidae y Cervidae.

Los micromamíferos constituyen un importante conjunto de gran valor en taxonomía y bioestratigrafía, ya que se poseen colecciones muy completas de yacimientos pertenecientes a edades muy diversas. Se estima en unos 57.000 ejemplares el total de restos de micromamíferos inventariados.

Procedencia de la Colección

Aunque están documentados algunos ejemplares procedentes de las expediciones españolas a Sudamérica durante el siglo XIX, la mayor parte de los fósiles de vertebrados forma parte de recolecciones realizadas en yacimientos españoles, diferenciadas en dos etapas.

La primera etapa se desarrolló durante el primer tercio de este siglo, destacando la labor de Eduardo Hernández-Pacheco. Durante esta etapa la Colección de Paleontología de Vertebrados se enriqueció tras las excavaciones de yacimientos que han llegado a ser clásicos (como por ejemplo Cerro del Otero (Palencia), Concud (Teruel), etc.).

Una segunda etapa se inició con las actividades de la Sección de Paleontología de Vertebrados y Humana del Instituto Lucas Mallada, bajo la dirección de Emiliano Aguirre. En este período, el incremento de la colección es extraordinario, tanto por la labor del doctor Aguirre como por la del grupo de especialistas formados por él.

Ejemplares relevantes de la Colección

Aunque se encuentran menos representados que los mamíferos, el resto de los grupos de vertebrados de la colección muestran también un interés elevado. Así, entre los peces se encuentra el holotipo (fósil tipo) de Rutilus pachecoi, procedente del Turoliense continental de Los Aljezares (Teruel); entre los anfibios destacan ejemplares extraordinariamente bien conservados de las conocidas ranas del Mioceno superior de Libros (Teruel) y el holotipo de una rana del Triásico de Santa María de Meyá (Lérida), Eodiscoglossus santonjae; entre los reptiles, restos de dinosaurios de Morella (Castellón), holotipos de diversos ofidios del Mioceno terminal de Algora (Guadalajara), etc. Por último, entre las aves hay que señalar una anátida de Libros y el holotipo de una nueva especie procedente del Plioceno de Layna (Soria).

Entre los fósiles más destacables expuestos al público hay que señalar los grandes esqueletos: un ictiosaurio hembra de Holzmaden con una cría en su interior; Gomphotherium angustidens del Mioceno medio de Yuncos (Toledo), que se muestra en la misma posición en la que se encontró y el importante esqueleto completo de Megatherium americanum del Pleistoceno de Luján (Argentina).

En cuanto a las réplicas, además de un esqueleto de Diplodocus carnegiei, hay que destacar el esqueleto de Carnotaurus del Cretácico inferior de Argentina y los seis magníficos esqueletos recientemente expuestos al público: Allosaurus, Camptosaurus, Torvosaurus, Stegosaurus y dos especies de Camarasaurus.

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