El Museo Nacional de Escultura: un museo para el siglo XXI

Este Museo es una institución centenaria que preserva y difunde la colección más original, representativa y amplia de escultura española. Se distingue por un rico conjunto patrimonial —las esculturas de arte religioso de los siglos XIII a XVIII—, al que se suma desde 2011 la colección de copias procedente del extinguido Museo Nacional de Reproducciones Artísticas.

El Museo es un lugar abierto, accesible a toda la sociedad, que desea brindar al usuario una experiencia estimulante, acogedora y distinta. Al mismo tiempo, está comprometido con preservar su memoria y hacer visible una intensa personalidad que radica en su colección, en la armonía entre contenido artístico y continente arquitectónico, en su singular historia y en el enfoque moderno y dinámico de sus programas.

Su tarea fundamental es acercar a toda la sociedad las artes y la cultura, estimulando la apertura y la cooperación para que toda clase de públicos (tanto en el ámbito real como en el digital), encuentren aquí un ámbito preferente de disfrute, de aprendizaje y de reflexión donde interpretar el pasado y atender a las inquietudes del presente.

Asimismo, el Museo se concibe como un lugar de divulgación del conocimiento, abierto a nuevas lecturas críticas, interdisciplinares y contemporáneas, combinando, con la máxima exigencia, rigor científico e imaginación creativa.

Finalmente, aspira a ocupar un lugar preferente en el panorama museístico nacional e internacional. Para ello, extiende su presencia tanto en nuestro país como en el extranjero, y estimula la cooperación y el intercambio con otros museos y centros de investigación en el campo de la escultura, las artes y la museología.

1842. Fundación del Museo

Como otros muchos, este Museo fue el resultado de la desamortización impulsada por el ministro Mendizábal, que en 1836 nacionalizó los tesoros artísticos de los conventos en el marco de la reforma liberal del Estado. Dichos bienes fueron secularizados (fuera de la iglesia), entregados a la tutela estatal y destinados al disfrute y la educación públicos, creándose así los denominados Museos Provinciales de Bellas Artes.

El de Valladolid, uno de los más antiguos de nuestro país, fue instalado en 1842 en el Colegio de Santa Cruz, albergando ya entonces una colección de mil pinturas y doscientas esculturas aproximadamente.

Durante el siglo XIX, el Museo mantuvo una precaria trayectoria. Su supervivencia fue posible gracias a la dedicación y el estudio de algunos de sus responsables, como Pedro González, Martí y Monsó o Juan Agapito y Revilla. En 1879, se desgajó una parte de sus fondos y dio origen al Museo Provincial de Antigüedades, ahora llamado Museo de Valladolid.

1933. Fecha decisiva

Desde comienzos del siglo XX, el Museo se convirtió en un foco de atracción para intelectuales, eruditos y amantes del arte, en un momento de indagación en las fuentes históricas, populares y literarias de «lo español». La colección del Museo, única en su género, llamó la atención del grupo de estudiosos del Centro de Estudios Históricos, fundadores de una historia del arte crítica y científica, como Elías Tormo, Gómez Moreno, Sánchez Cantón y, sobre todo, Ricardo de Orueta.

A instancias de éste último, por entonces Director General de Bellas Artes, la II República resolvió elevarlo a la categoría de Nacional en 1933. Esa decisión se acompañó de un reforzamiento intencionado de su especialidad, que se hizo explícita en su nuevo nombre: Museo Nacional de Escultura. Con ello, se quería realzar la ambición territorial y representativa de la colección, dar al Museo una orientación científica y secular y enaltecer la riqueza del patrimonio español.

Como parte del mismo proyecto, el Museo fue trasladado al Colegio de San Gregorio. La colección se enriqueció con obras del Museo del Prado y se presentó en una instalación museográfica modélica, acorde con las tendencias internacionales más avanzadas, diseñada por los arquitectos Emilio Moya y Constantino Candeira, contando asimismo con la intervención de Sánchez Cantón.

1940. Del estatismo a la ampliación

En la posguerra, el Museo vivió las carencias derivadas del atraso cultural y del aislamiento internacional que caracterizaron a la Dictadura. Durante un breve lapso de tiempo pasó a llamarse Museo Nacional de Escultura Religiosa.

Desde los años sesenta se fueron introduciendo mejoras, tanto en la calidad de sus servicios y publicaciones como en sus espacios y la presentación de las colecciones. En 1968, la colección de pintura pasó a exponerse en la desafectada iglesia de la Pasión.

La excepcionalidad del Colegio y la personalidad de sus esculturas atrajeron a grandes creadores como Orson Welles, quien rodó el multitudinario baile de máscaras de la película Mister Arkadin, o José Val del Omar, autor del innovador documental Fuego en Castilla.

Los años del asentamiento democrático, en la década de los ochenta, dieron un impulso renovador a los museos en España, con la creación de un Ministerio de Cultura, la Ley de Patrimonio Histórico Español y el Reglamento de Museos de Titularidad Estatal.

En este contexto, el Estado afrontó una reforma integral del Museo, centrada en la adquisición de inmuebles, una creciente dotación de recursos y equipamientos técnicos, la difusión educativa y la mejora de las infraestructuras.

El cambio se inició en 1982 con la reversión al Ministerio de Cultura del Palacio de Villena y la puesta en marcha en 1990 del Plan Director que contemplaba la rehabilitación de dicho espacio por el arquitecto F. Rodríguez Partearroyo (concluida en 1998). Ello permitió dotar al Museo de una sede bien equipada donde exponer la colección mientras se afrontaba la rehabilitación del Colegio de San Gregorio, que fue encomendada al equipo de arquitectos Nieto y Sobejano. El proyecto recibió el Premio Nacional de Conservación y Restauración de Bienes Culturales en 2007.

El presente del Museo

Tras la rehabilitación y modernización de sus equipamientos, finalizada en 2009, el edificio del Colegio de San Gregorio es una de las dos sedes de la exposición permanente del Museo. Concretamente de su colección histórica, formada por obras de los grandes maestros españoles de la escultura en madera policromada, pertenecientes a los siglos XV a XVIII y destinada a cumplir una función devocional o litúrgica.

La otra sede es la Casa del Sol en su anexo de la iglesia de San Benito el Viejo, cuya reforma fue iniciada por el Ministerio de Cultura en 2011 para exponer los fondos de copias de los siglos XIX y XX procedentes del extinguido Museo Nacional de Reproducciones Artísticas de Madrid. Esta ampliación duplicó el volumen del Museo (de 3.000 a 6.000 obras de arte) y redefinió su propio concepto.

Consciente de la necesidad de adaptarse a las demandas sociales, el Museo ha destinado una tercera sede, el Palacio de Villena, a exposiciones temporales, actividades educativas y programas públicos. En él se ubican la biblioteca, el archivo, los talleres de fotografía y restauración, el Belén napolitano del siglo XVIII y el salón de actos.

En 2018 le era concedido por unanimidad el Premio Castilla y León de las Artes 2018, por ser una institución nacional de carácter ejemplar, que desde su creación ha contribuido de forma decisiva a la conservación, custodia y difusión del patrimonio escultórico de la escuela castellana, y que trasciende a nuestra tierra por albergar piezas de incalculable valor artístico de otros territorios. Además, el jurado destacó su carácter dinámico, vivo, que se manifiesta en su completa y magnífica programación.

Configurado como una verdadera calle-museo, que ocupa toda la vía peatonal de Cadenas de San Gregorio, el Museo Nacional de Escultura se integra en el conjunto histórico de la ciudad y se divide en tres sedes:

  • El Colegio de San Gregorio, joya de la arquitectura peninsular del siglo XV.
  • El Palacio de Villena, residencia nobiliaria del siglo XVI.
  • La Casa del Sol y la iglesia de San Benito el Viejo, también del siglo XVI.

La colección histórica del Museo se expone en el Colegio de San GregorioEnlace externo, se abre en ventana nueva, fundado a finales del siglo XV por fray Alonso de Burgos, personaje muy vinculado a los Reyes Católicos, como centro de estudios teológicos de la orden dominica.

El edificio, magnífico exponente de la arquitectura tardogótica hispana y emplazamiento de extraordinaria importancia histórica, se ubica en el corazón monumental de la ciudad. Reabrió sus puertas en 2009 tras una rehabilitación integral merecedora del Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales.

Destaca por encima de todo el preciosismo de la ornamentación de su portadaEnlace externo, se abre en ventana nueva, que se presenta como un tapiz independiente en el que junto a una repetida emblemática del poder conviven, en torno al Árbol de la vida y del saber, figuras contemporáneas, santos y pontífices, alegorías, seres grotescos y hombres salvajes.

El siglo XIX marca el final de la institución, con la ocupación de las tropas napoleónicas y la exclaustración de Mendizábal en 1835. Hasta que en 1933 se convierte en sede del Museo, el edificio siguió utilizándose bajo los usos más dispares, sin llegar a perder, en lo esencial, su estructura formal.

La exposición permanente traza un amplio recorrido temporal, entre el siglo XIII y el XVIII, que se inicia en la Capilla y prosigue a lo largo de veinte salas, complementándose con la Sala de Pasos Procesionales como ámbito temático específico que ilustra una manifestación muy concreta de la colección.

En esta sede destaca también la presencia de un jardín anticuario.

Situado enfrente del Colegio de San Gregorio, el Palacio de VillenaEnlace externo, se abre en ventana nueva es una mansión nobiliaria que conserva un magnífico patio renacentista de dos pisos de arquerías en tres de sus lados. La escalera es de grandes proporciones y conserva tanto el artesonado primitivo como la cantería enteramente labrada, destacando el espléndido arco de entrada.

Es la sede destinada a exposiciones temporales, salón de actos, biblioteca, depósitos de la colección y talleres de restauración y fotografía. Exhibe, además, un Belén napolitanoEnlace externo, se abre en ventana nueva del siglo XVIII compuesto por más de seiscientas piezas, en una innovadora disposición creada por el escenógrafo Ignasi Cristiá.

Casa del Sol.

La misma calle alberga la Casa del SolEnlace externo, se abre en ventana nueva, un palacio renacentista construido por Sancho Díaz de Leguizamo y que destaca a comienzos del XVII por la personalidad influyente de su nuevo propietario, el Conde de Gondomar.

Embajador de Felipe III en Inglaterra, erudito y bibliófilo, fue poseedor de una de las bibliotecas más notables de la época.

La residencia integró desde el siglo XVI la iglesia de San Benito el Viejo como capilla familiar. Se sabe que la cripta fue un lugar emblemático por su decoración, encargada por Gondomar a los pintores Pedro Díez Minaya y su hijo Diego Valentín Díaz.

En el siglo XIX el conjunto abandonó su carácter de residencia privada y pasó a desempeñar otras funciones hasta que fue adquirido por el Estado en 1999 para integrarlo en el proyecto de ampliación del Museo.

Desde 2011, la antigua iglesia presenta la colección del extinguido Museo Nacional de Reproducciones Artísticas, realizadas en los siglos XIX y XX por los mejores talleres de su tiempo. Su gran nave, pintada de blanco como exigían los puristas del Renacimiento italiano, evoca el aspecto de un templo clásico.

Reproducciones artísticas

La colección de vaciados reúne obras míticas de grandes civilizaciones. Procede del extinguido Museo Nacional de Reproducciones Artísticas e ingresó en el museo en 2011. Contiene réplicas centenarias de los imperios orientales, la Antigüedad clásica, la estatuaria europea medieval, renacentista y barroca, así como artes suntuarias y conjuntos arquitectónicos de distintos períodos. Alcanza más de tres mil piezas, principalmente yesos, pero también bronces, terracotas, galvanoplastias o acuarelas.

Una escenificación sobria, diáfana y moderna acoge al visitante, que encontrará copias de grandes mitos y obras maestras de la Antigüedad clásica, como el Torso de Belvedere, el Laocoonte o la máscara de Agamenón.

Periódicamente presenta exposiciones temporales de artistas modernos en diálogo con las obras clásicas.

Jardín Anticuario.

Una sala más del Museo con sus obras de arte a cielo abierto. Por su ubicación en el corazón de la ciudad histórica, el Colegio de San Gregorio es uno de los pocos testigos de la vieja morfología urbana que sobrevivió al derribo de palacios, conventos y murallas que conformaban uno de los cascos antiguos españoles más importantes.

Al modo de los jardines arqueológicos, éste conserva antiguos vestigios de ese Valladolid destruido, procedentes de distintos tiempos y lugares: arquerías y fachadas renacentistas, escudos de casas nobles o fragmentos escultóricos de tiempos pasados que han encontrado acogida en el Museo.

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