La creación del museo
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En 1905 el Marqués de la Vega-Inclán compró unas casas arruinadas cercanas a la Sinagoga del Tránsito, con la intención de recuperar un ámbito característico del Toledo del siglo XVI y convertirlo en una recreación de lo que pudo haber sido la casa del Greco. Lo que en realidad adquirió Vega-Inclán fueron las llamadas casas de la duquesa de Arjona, muy cercanas al antiguo solar propiedad del marqués de Villena donde había vivido en realidad el Greco.
Tras la restauración de Eladio Laredo y Carranza, el edificio queda dividido en dos partes: una recreación de la casa del Greco, en torno al patio toledano, y la parte del Museo, de nueva construcción. Posteriormente, en 1925, se construye la capilla en la zona del Museo para colocar el artesonado y contextualizar el retablo de San Bernardino.
Así se creó la llamada “casa-museo del Greco”, una institución que buscaba por un lado crear un museo de ambiente, mostrando la “casa del Greco” y por otro un Museo de arte español con cuadros desde la época del Greco hasta Vicente López, que mostrase al Greco como uno de los grandes artistas dentro de la historia del arte española. Mientras vivió el Marqués el Museo fue de titularidad estatal, pero la casa continuó siendo propiedad suya hasta su muerte en 1942, cuando lega al estado este edificio así como todos los objetos contenidos en él. Para la gestión del legado del Marqués se crean las Fundaciones Vega-Inclán, que gestionarán Casa y Museo del Greco, Casa Cervantes de Valladolid y Museo del Romanticismo, todos creados por el Marqués de la Vega-Inclán.
Las Fundaciones buscan renovar las museografías heredadas de la época del Marqués, por lo que se realizan varios cambios de adscripción de obras entre las instituciones que gestionan, adquieren nuevas piezas, y cambian parte de las museografías, haciéndolas más atrayentes al creciente turismo de los años 50 y 60 del siglo XX.
En el caso de la casa-museo, aumentan las recreaciones de habitaciones con funciones concretas, apareciendo el taller, el estrado, el estradillo y el comedor en estos momentos; mientras que en la parte del Museo parecen reordenarse en parte las colecciones, exponiéndose los cuadros por escuelas.
El fundador: el marqués de la Vega-Inclán
Don Benigno de la Vega-Inclán y Flaquer, II marqués de la Vega-Inclán (1858-1942) fue, además de militar, pintor, viajero y uno de los mecenas españoles más importantes de la primera mitad del siglo XX, promotor indiscutible de diferentes proyectos culturales de finalidad eminentemente pública.
Desde el punto de vista museístico, su personalidad supuso un importante paso hacia el desarrollo del museo especializado. A él se deben la creación del Museo del Greco en Toledo (1910), de la Casa de Cervantes en Valladolid (1915) y la del Museo del Romanticismo en Madrid (1924), sin olvidar el papel que jugó en la creación del Museo Sorolla.
Desde el punto de vista cultural, será Comisario Regio de Turismo entre 1911 y 1928, impulsará el concepto, absolutamente moderno, de la red de paradores nacionales, así como la construcción de hoteles como el de Alfonso XIII en Sevilla. Formó parte también de la vida cultural de su época a través de su participación en empresas de recuperación y promoción del patrimonio, tales como la restauración de la Sinagoga de Tránsito en Toledo y la del Patio del Yeso en el Alcázar de Sevilla, participando además como vocal en el Patronato de la Alhambra.
Además de un destacado mecenas y marchante de arte de la España alfonsina, el Marqués fue uno de los grandes protagonistas de la recuperación y difusión de la pintura del Greco. Junto a pintores como Rusiñol, Martín Rico o Zuloaga e historiadores como Cossío, de cuya mano entrará en contacto con el ambiente intelectual y reivindicativo de la figura del pintor, apostará con fuerza tanto por su recuperación, como por la identificación de la figura del artista dentro de la historia del arte española.
A comienzos de siglo, don Benigno de la Vega-Inclán, adquirió un conjunto de casas en la judería medieval toledana, dejará en manos del arquitecto Eladio Laredo su restauración y convertirá el conjunto en una particular reconstrucción de la Casa del Greco. Desde el principio, dará escasa importancia a las justificadas dudas de que el pintor hubiera vivido realmente en dicha casa, apostando por la recreación histórica de la vivienda y configurándose como pionero de lo que conocemos como museo de ambiente. Finalizadas las obras de restauración del conjunto, se formalizó la donación al Estado en 1910, con excepción de la casa-vivienda de Vega-Inclán, conservada como propiedad privada hasta 1942. Al morir el Marqués, pasó también al Estado mediante cláusula testamentaria.
El 27 de abril de 1910 se constituyó un Patronato (hoy en día desaparecido) formado por personalidades de la cultura, el arte y la política de la época, inaugurándose el museo al público el 12 de junio de 1910. La iniciativa del Marqués posibilitó la recuperación de las obras del Greco, que se encontraban dispersas por la ciudad de Toledo, de cuya conservación también se preocupó, ya que fueron restauradas en los talleres del Museo del Prado antes de ser expuestas en el museo. Esta colección se completaría con la posterior ampliación de salas en 1925, para exponer pintura de las escuelas españolas del siglo XVII.
Un museo de ambiente
El marqués de la Vega-Inclán, influido por su amigo Cossío y el círculo de la ILE a la que éste pertenecía, buscó crear un «museo de ambiente». Para estos pensadores los museos debían ser espacios de aprendizaje, y alejarse de la frialdad de los grandes museos anteriores, en este sentido el marqués buscará por un lado recrear la Casa del Greco, para mostrar a través de las sensaciones el espíritu de la época y del Greco, y por otro un museo con obras del Greco y otros pintores, con una museografía en la que se entremezclaban las obras con muebles y textiles de la época, también buscando ese «ambiente» de finales del XVI y principios del XVII para contextualizar las obras.
Aunque algunas de las ideas sobre El Greco de Cossío y del marqués ya están algo desfasadas, como el entender su pintura como un reflejo del alma castellana, otras están aún vigentes. Por ejemplo el marqués ya intentaba mostrar al Greco como un personaje intelectual, a través de la Biblioteca del museo.
Para rehabilitar el inmueble se ayuda del arquitecto Eladio Laredo, quien también realizará la recreación de espacios y ambientes tanto de la casa como del Museo.
La casa del Greco
La recreación de la casa del Greco se realiza en la antigua casa toledana que el marqués compra en 1905. Esta casa de vecinos fue desalojada por peligro de derrumbe este mismo año, pero ya desde finales del siglo XIX se había convertido en una localización a visitar por aquellos que buscaban la esencia del Greco. Gracias a ello existen varias fotos de este patio de vecinos, así como una foto del pintor Ulpiano Checa que parece haber sido tomada en las escaleras de entrada al patio mismo, desde lo que actualmente son los jardines.
El marqués y Eladio Laredo respetan gran parte de este patio aunque colocan dos nuevas columnas con zapatas zoomorfas (nº3), dos brocales de pozo y el zócalo de azulejos. A los lados del patio inician las recreaciónes, con un pequeño oratorio (nº4), la cocina (nº5) y un salón con el Retrato del general Gabriel del Castillo y Machado y cuatro cuadros de batallas en Asti del XVII (nº6).
El patio,el oratorio y la cocina tienen gran éxito, siendo las fotografías y postales de estas salas numerosísimas. Gracias a ello podemos ver una cierta evolución, siempre dentro de la misma idea, en su museografía. Por ejemplo la cocina parece adquirir los libros de Arte cisoria, Arte de cocina y Arte de repostería algo posteriormente a la apertura pero antes de 1920. Y en el oratorio las obras expuestas varían según el marqués va adquiriendo nuevas piezas. En cambio del salon bajo sólo tenemos una imagen: la fotografía realizada para el libro de Domenech La casa del Greco.
A través de la cocina se salía por el porche a visitar el jardín alto, en aquel momento con parterres cuadrangulares, cerámicas y elementos arquitectónicos dispersos en un estilo postromántico del gusto del marqués. Parece que el recorrido por la casa en este momento era algo diferente a los recorridos que se harán posteriormente, y tras la subida por la escalera, también decorada, se torcía hacia mano derecha para entrar a un saloncito en lo que actualmente es la sala del estrado (nº 7).
Esta sala parece haber estado dividida en dos, y sólo los conocemos por las fotos de Domenech y los listados de 1942 del testamento del marqués en donde aparecen como «saleta 1º» y «saleta 2º».
De estas salas se entraba a las «saleta 3º» y «saleta 4º», en la actual sala de Formación del Greco (nº 8). Estas salas son ejemplos de que el Marqués, en esta planta alta de la casa, utiliza una museografía suntuosa y evocativa, buscando crear una imagen intelectual y rica de la vida del Greco, sin necesariamente recrear todas las salas de un hogar.
De estas saletas se saldría de nuevo a la galería superior del patio, para entrar a la antesala y el estudio del Greco, otra sala bastante fotografiada en estos momentos y con la cual se incide de forma directa en ese carácter intelectual, recreando un despacho muy diferente del posterior «taller del Greco» que se recreará en esta misma sala en época de las Fundaciones Vega-Inclán.
Para recordar esta idea inicial del Marqués en el recorrido actual se ha recreado esta «antesala al estudio», hoy día conocido como «El estudio».
La casa era propiedad privada del Marqués hasta su muerte en 1942, por lo que la visita siempre se haría con su permiso, y las personas que sabemos suelen visitar la casa del Greco suelen ser autoridades o congresistas. Parece que la visita a las cuevas también se realizaba con la visita a la casa en este momento, y no sabemos si los visitantes al Museo podrían llegar a ver las cuevas o no.
De la casa al museo
La creación de las fundaciones
Por Real Decreto de 25 de abril de 1928 se crea el Patronato Nacional de Turismo, heredero de la comisiaría regia, pero también el patronato de las Fundaciones Vega-Inclán. Este segundo patronato se crea independientemente del primero y queda bajo la tutela del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, recibiendo su financiación de los presupuestos generales del Estado, y tendrá al marqués como director vitalicio.
Bajo su amparo quedarían el Museo Nacional del Romanticismo -entonces Museo Romántico- en Madrid, la Casa Cervantes de Valladolid, la Casa de los Tiros en Granada, la Sinagoga del Tránsito en Toledo y, por supuesto, la Casa y el Museo del Greco.
Al año siguiente, en la ley de presupuestos, se suprimió la asignación presupuestaria a las fundaciones, que pasaron a depender del Patronato de Turismo pese a que se pretendía evitar que sucediera eso mismo. En 1931 se solventa esta situación, integrándolas en el Ministerio Instrucción Pública y dotándolo de una nueva asignación -Real Decreto 583/1931 del 6 de febrero por el que se terminan de incorporar todas las fundaciones y donaciones del marqués-.
Por Real Orden de 26 de febrero de 1943, ya fallecido el Marqués, el Estado acepta en herencia y a beneficio de inventario las fundaciones, ahora sin la Casa de los Tiros ni la sinagoga, que se habían escindido (separado).
La vida temprana del Museo.
Desde su creación hasta los años ochenta, la Casa Museo del Greco ocupó un lugar muy destacado en el entramado turístico toledano. Entre 1909 y 1912 el número de visitantes pasó de 10.000 a 40.000 y hacia 1925 ya eran 100.000.
Durante la Guerra Civil las colecciones siguieron en la sede de la institución por iniciativa del propio marqués, quien tenía miedo de su posible pérdida o dispersión en caso de desalojarse.
A la muerte del marqués asume la dirección de las fundaciones Mariano Rodríguez de Rivas, quien lo dirigirá durante la mayor parte de la postguerra. Durante su mandato, y tras la muerte en 1948 del hasta entonces conservador del museo, Antonio Molina, el museo se gestionará desde Madrid. Entre los trabajos más relevantes realizados en esta etapa se cuentan sendos proyectos, uno primero de reparación en 1947 y uno segundo de conservación en 1950, ambos firmados por José Manuel González Valcárcel y que seguramente respondieron a los daños sufridos por el inmueble durante la contienda.
La tercera directora será Maria Elena Gómez-Moreno Martínez, quien se pone a la cabeza de las fundaciones en 1959. Antes de ello, habría participado en las ‘Misiones de Arte’ impulsadas por Pablo Gutierrez Moreno, en cuyo marco publicó Breve historia de la escultura española en 1937 -con segunda edición en 1951-. Contribuyó además con dos volúmenes de la serie ‘Artes y Artistas’, concretamente los dedicados a Gregorio Fernández y Bartolomé Ordoñez, y ya en 1954 publicó un monográfico sobre Alonso Cano encargado por la Dirección General de Bellas Artes. La suma total de sus trabajos abarca muchos más que los citados, y sus méritos fueron reconocidos con una medalla de honor por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1973, insitución que la nombró académica honoraria en 1990.
En lo referido a su labor, fue autora de importantes exposiciones y publicaciones en el marco del Museo Romántico, como la dedicada a los dibujos de Leonardo Alenza en 1977, pero también desarrolló una labor de impulso, estudio y renovación del Museo del Greco. Publicó en 1968 el Catálogo de pinturas del Museo del Greco y en el 74 la guía titulada La casa y el Museo de El Greco, introduciendo en ambas publicaciones criterios científicos y contribuyendo a un mejor conocimiento de nuestras colecciones que han llevado a hacer de su consulta una necesidad incluso en la actualidad.
Pero su labor no fue sólo académica. Fue con Gómez-Moreno quien impulsó el proyecto expositivo que supuso la fusión entre la Casa y el Museo en un solo edificio y que se mantuvo vigente hasta los años noventa. La propuesta mantenía la reconstrucción de ambientes, incluyendo los espacios propios de una casa del siglo XVI -destacando entre ellos el estrado-, pero ahora con un renovado criterio científico y combinando originales con réplicas. En el proceso también reorganiza la colección de pintura, agrupándola por escuelas. Con este montaje, el museo alcanzará unas cifras de visitantes inmensas, de hasta 300.000 anuales a finales de los ochenta, poniéndolo entre los más visitados del país.
Conviene señalar que los museos de las fundaciones pasan a estar gestionados por el Patronato Nacional de Museos en 1968, lo que no impide que Gómez-Moreno siga al frente de nuestra Casa Museo y, de hecho, muchos de sus proyectos son posteriores a este cambio de gestión.
Un museo en transformación:
Al igual que otros tantos museos en esta década, se hacía patente la necesidad de una renovación acorde a los criterios imperantes en la museología del momento, además de los graves problemas estructurales que afectaban al edificio.
Aunque Gómez-Moreno presentó un proyecto de instalación nuevo en 1988, su vida fue muy corta dada la necesidad de acometer una rehabilitación del edificio, algo que se plasma en el proyecto presentado en 1989 por el arquitecto Ignacio Gárate y que se acomete por fases.
La primera, desarrollada a lo largo de 1990, se centró en adecuar los sistemas de control ambiental del museo, la mejora de los soportes museográficos, la iluminación y la incorporación de medidas de seguridad. Además, se alteraron las comunicaciones entre plantas para facilitar el recorrido del público. Esta primera fase concluye en 1993.
Tras unas obras de reparaciones de los sótanos, la segunda fase inicia en 1997, orientada a los jardines y la parte baja de la casa, que se ve interrumpida por la jubilación de Gárate y retomada por los arquitectos Carlos Baztán y Angel Luis Sosa en 1999, tras un parón. En éste momento se culminan los trabajos de seguridad, baños, electricidad y climatización que no habían sido abordados en la fase anterior, se consolidan los sótanos y se realizan actuaciones en los muros y tabiques, terminando en 2002.
Con el edificio terminado, faltaba un nuevo montaje que permitiese la reapertura definitiva del museo. En 2007 ve la luz un nuevo proyecto pretendía presentar la casa museo de una manera accesible a todo tipo de públicos a la vez que se modernizaba la institución en sí a nivel conceptual.
En ésta década se dieron, por tanto, dos líneas de trabajo. Por un lado, se procedió a la informatización del museo y a la catalogación sistemática de los fondos en su totalidad. Por otro, las nuevas necesidades expositivas requerían realizar nuevas intervenciones a nivel arquitectónico de cara a solventar algunas carencias del edificio, lo que se tradujo en el inicio de nuevas obras en 2006, esta vez a cargo de Fernando Pardo y Bernardo García Tapia. Entre tanto, se potenció el programa de actividades culturales y se realizaron interesantes adquisiciones de obra fruto de una política de adquisiciones definida, entre las que destacan el San Jerónimo penitente de Luis Tristán en 2003 y la copia de la Sagrada Familia del Greco hecha por Raimundo de Madrazo. Con ello se incidía en la influencia del Greco en la pintura posterior a su muerte.
La reforma, que duró tres años, vino acompañada de una serie de exposiciones temporales orientadas a mantener las colecciones accesibles al público. Los grecos se expusieron en la sede de las Real Fundación de Toledo, con un proceso de montaje y desmontaje que quedó plasmado en el documental Detrás del lienzo.
Posteriormente se movieron por varias sedes en España -Museo de Bellas Artes de Sevilla, Museo Pio V de Valencia, el paraninfo de la Universidad de Zaragoza- hasta que finalmente volvieron a Toledo, concretamente al Museo de Santa Cruz, donde reposaron hasta que volvieron a su origen.
Volverían a salir en dos ocasiones, en 2009 hacia México y en 2010 hacia Bruselas, con gran éxito de público. El resto de las colecciones se instalaron en el Hospital de Tavera, sede del Archivo Histórico de la Nobleza, donde formaron parte de la exposición que tuvo como título Tesoros ocultos. Fondos selectos del Museo del Greco y del Archivo de Nobleza.
El proyecto original presentado no se ejecutaría como tal, sufriendo importantes modificaciones. Con todo, el museo abrió al público de nuevo en marzo de 2011, incorporando ahora un pabellón de acceso orientado al Paseo del Tránsito y con la denominación actual de Museo del Greco, dejando atrás la casa.
